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SEMANA DE CUENTOS HOY: LA PINTURA

                         Obra real del pintor Milan Volovsek

Una tarde fui a ver la muestra de un pintor ya fallecido y que en un catálogo donde se lo promocionaba me había llamado la atención por su forma de describir ciertos paisajes y también el daño que él mismo le provocó a muchas de sus obras utilizando su pincel como una daga que se clavaba en el corazón de su propio arte. Fue tal mi curiosidad por lo que veía que intenté consultarle a un experto sobre este particular personaje. Es más, me extrañaba de sobremanera que esas obras masacradas fueran también exhibidas en dicha exposición. Es así que pocos días después me reuní con Alfonso Torres Drago quién había adquirido toda la obra del artista y me invitó a que lo visitara en su casa del barrio de Balvanera. Al llegar, fui atendido por su ama de llaves que me hizo pasar y me condujo por una galería cerrada que desembocaba en el despacho del señor Torres Drago. Mientras lo hacíamos me sorprendió gratamente ver en sus paredes y colgados, cuadros de muchos excelsos pintores de gran renombre ya sea contemporáneos o de las épocas de oro. También había retratos de algunos de ellos como Dalí, Quinquela Martín, Picasso, Soldi, entre otros grandes. El experto me aguardaba en la puerta de su despacho, me dedicó una amplia sonrisa y extendió su mano derecha la cual estreché fuertemente.

— Buenos días señor Correa—saludó él.
— Buenos días señor Torres Drago, gracias por recibirme.
— Es un placer, pero dígame Fabián por favor.
— Como usted diga.
— Pase.

Ingresamos al despacho que estaba decorado al igual que la galería con pinturas y retratos de varios pintores. Eché un breve vistazo y Alfonso invitó a que me sentara frente a su escritorio. Detrás del mismo había un gran ventanal que daba a un maravilloso parque.

— Hermosa vista.
— Sí que lo es, ¿verdad?—respondió él con cierto orgullo—, yo personalmente me encargo de su cuidado.
— Lo felicito.
— Gracias, pero vayamos a lo nuestro. ¿Qué quiere saber del Maestro Flores Trejo?
— Sé que usted adquirió todas sus pinturas.
— No están a la venta.
— No era mi deseo adquirirlas.
— ¿Entonces?
— Me ha llamado la atención las pinturas dañadas por el artista.
— A decir verdad, cuando compré la colección dudé un momento en llevarme también las pinturas dañadas, pero al fin de cuentas también fueron parte de su arte ¿No lo cree?
— Mi idea no es realizar una crítica sobre su obra si no particularmente sobre el daño que hizo en algunas de ellas ¿Usted sabe algo de eso?
— Por supuesto, en oportunidades, y según dichos de su nieta a quién le compré los cuadros Flores Trejo sufría de una especie de delirio temporal que lo convertía en alguien agresivo, y a veces, sus obras sufrían el ataque que el artista les propinaba sin razón alguna
— Hay una en particular que me ha llamado la atención.
— Usted dirá.
— La casa del campo.
— Una obra estupenda, en realidad, podría haberlo sido. ¿Pero qué le llamó la atención de ella?
— No me lo va a creer.
— Inténtelo hombre.
— Fui varias veces al salón de exposiciones y cada vez que la observo es como si se estuviese recomponiendo.
— No puede ser, quizás haya ido en diferentes horarios y la luz provocó que...
— No creo que sea la luz, y en todo caso, ¿Como usted podría saberlo? ¿Lo notó como yo?

Fabián se quedó unos segundos en silencio, como si estuviese en un trance, evidentemente él había visto algo. Entonces decidí presionarlo un poco más.

— ¿Usted notó esos cambios verdad?
— Le voy a pedir por favor que se retire.
— Pero Fabián ¿Lo he ofendido en algo?
— Váyase por favor.

No tuve más remedio que retirarme, la amabilidad de aquel hombre de pronto se transformó en una actitud agresiva hacia mí. Visité la exposición durante varios días seguidos y a ciertas horas diferentes tratando de seguir el patrón que Fabián me había indicado pero no hubo razón alguna que indicara que la recuperación de la pintura que se producía día a día como por arte de magia fuese un efecto, al contrario, todo era muy real y al cabo de unas pocas semanas estaba totalmente restaurada. Yo no creo en fantasmas ni mucho menos, pero en este caso parecía como si el pintor o su espectro hubiese trabajado en la reconstrucción de su obra. Intenté contactar a Fabián pero no hubo caso, por la exposición no aparecía y en su casa el ama de llaves siempre me decía lo mismo, "No sé cuando vuelve el señor, está de viaje".
Pero el último día que se expuso la colección de pinturas y luego de indagar a varios de sus asistentes por el paradero de Fabián, uno de ellos admitió que sabía dónde se encontraba y me lo dijo:

— El señor Fabián se fue unos días a descansar a su casa de campo en Bragado.
— ¿Sabe usted cuando regresa?

El asistente negó con la cabeza. Decidí entonces retirarme del lugar pero hubo algo que me causó escalofríos. Al pasar por donde estaba la pintura que se había reconstruido sola y por la cual le pregunté a Fabián, ahora lo tenía a él en la misma parado en la puerta de la casa del campo. Su cara mostraba signos de terror y sus manos parecían estar pidiendo ¿ayuda?

Este cuento fue leído en mi blog 234 veces desde su publicación el día 6 de noviembre de 2017 hasta el 9 de febrero de 2018.

SEMANA DE CUENTOS HOY: ALMA ATRAPADA



El joven millonario se encontraba en su lecho de muerte acompañado por su esposa.

-Marisa-le dijo-.Sabes cuál es mi último deseo
-Lo sé amor-respondió ella-.Y será cumplido.

Al fallecer, el cuerpo de Julián Montoya Fuentes fue trasladado según las indicaciones del médico embalsamador a su casa donde el especialista realizó la cirugía para retirar los órganos del occiso. Luego continuó con el proceso indicado y pocas semanas después el cuerpo del millonario fue regresado a su esposa.

Marisa era una mujer hermosa y pronto pudo rehacer su vida junto a Roque Lagar, un pintor de escaso talento que conoció en una muestra y poco después comenzaron a convivir juntos aunque ella nunca abandonó a su marido y siguió viviendo con su nueva pareja en la mansión que habían adquirido con Julián al poco tiempo de haberse casado.

Ella había llevado el cuerpo embalsamado a un cuarto de la planta alta de la mansión y lo colocó junto a la ventana que daba al inmenso y hermoso parque imaginándose lo feliz que él estaba observándolo cada mañana.

Todas los días y religiosamente ella se dirigía hacia allí y luego de besar sus fríos labios se quedaba un par de horas acompañándolo para luego retomar su vida con su actual pareja que nunca supo que el cuerpo de Julián convivía junto a ellos.

Varias veces Roque le preguntó cuál era el secreto que había en aquel cuarto que ella mantenía cerrado y al cual le prohibió terminantemente acercarse pero lo único que logró fue despertar aún más la curiosidad del pintor.

Cada mañana cuando se dirigía a su estudio que se encontraba en el centro de la ciudad y antes de subirse a su automóvil, el pintor observaba hacia el primer piso donde se encontraba el misterioso cuarto pero y a pesar de que la ventana se encontraba abierta de par en par, ésta había sido convenientemente cubierta con una cortina por Marisa y esto le impedía notar la presencia del cuerpo embalsamado del difunto aunque igualmente lograba distinguir una sombra.

Y fue tanta su curiosidad que una noche mientras Marisa dormía decidió ir a investigar de qué se trataba todo aquello. Buscó insistentemente la llave pero no pudo hallarla, entonces tomó la decisión de forzar la puerta.

Al día siguiente Marisa despertó y le extrañó que Roque no estuviese a su lado. Ella siempre se levantaba antes que él para ir al cuarto del difunto y luego preparar el desayuno para después ir a buscarlo a la habitación.

Recorrió la mansión llamándolo pero él no respondió. Salió hacia el parque y tampoco obtuvo resultados entonces trató de ubicarlo en su estudio pero tampoco allí estaba.

Preocupada, aunque no tanto, ya que sabía que a su pareja de vez en cuando le gustaba hacerse unas escapadas para irse de copas con sus amigos, decidió retomar su día. Lo único que la inquietaba un poco era que siempre Roque le avisaba cuando decidía irse pero se encogió de hombros y fue al cuarto de la planta alta.

Al llegar a él notó que la puerta había sido forzada y que se encontraba entre abierta. Ingresó rápidamente y observó a Roque tirado en el suelo boca arriba. Horrorizada, se acercó a él y luego de tomarle el pulso verificó que había fallecido. Aún conmovida por la situación echó un vistazo hacia la ventana y se dio cuenta de que Julián había desaparecido.

-¿Pero qué ha ocurrido aquí?-se preguntó llorando.

Pudo recuperarse un poco del impacto y llamó a una ambulancia. Poco después se escucharon las sirenas. Los paramédicos ingresaron al cuarto y revisaron a Roque confirmando su deceso.

-Señora-preguntó uno de ellos- ¿Su marido sufría del corazón?
-No que yo sepa-contestó ella.
-¿Quiere que llamemos a alguien mientras hacemos el papeleo para trasladar sus restos?
-No, gracias, yo me ocuparé personalmente de llamar a la funeraria.

El paramédico le extendió el certificado de defunción y se retiró de la mansión junto a su compañero.

Como Roque no tenía familia y ella solo a su madre que vivía muy lejos no hubo ceremonia y el cuerpo del pintor fue enterrado en el parque de la mansión junto a familiares de los ex dueños del lugar en un sector destinado para ello.

Marisa intentó en vano hallar el cuerpo embalsamado de su marido que había desaparecido misteriosamente aquella noche y un día cansada ya de la situación que vivía decidió vender la mansión.

La familia de Julián con la que él estaba enfrentado desde hacía muchos años ni se enteró de lo sucedido ya que al no realizarse funeral nunca supieron de su idea del embalsamamiento ni que se encontraba en la mansión por lo tanto Marisa no tuvo dificultades y cumplió al pié de la letra con la última voluntad de su marido.

Aunque ahora todo para ella había cambiado y ni siquiera sabía que fue lo que realmente había sucedido aquella noche en la que falleció Roque y la misteriosa desaparición de Julián.

Antes de entregar la llave recorrió por última vez la mansión, luego paseó un rato por el gran parque y se detuvo ante un añejo árbol donde en los veranos se recostaba junto a Julián a disfrutar de ese maravilloso lugar.

Sintió en ese momento que debía por última vez y a modo de despedida volver a rememorar esa época y se echó de espaldas cruzando sus manos por detrás de su cabeza.

Echó una mirada hacia la ventana del cuarto de la planta alta que se encontraba abierta de par en par y cubierta por la cortina que ella misma había colgado. Detrás de ella, le pareció ver una sombra y recordó de inmediato que un rato antes ella la había cerrado quedándose perpleja por lo que sucedía.

Entonces emprendió una veloz carrera hacia la mansión y subió las escaleras esperando reencontrarse con quién tanto amaba, pero al ingresar y para su sorpresa, en el lugar que antes ocupaba su marido ahora se hallaba el cuerpo embalsamado de Roque.

El alma de Julián por fin había logrado liberarse...

SEMANA DE CUENTOS HOY: MAGA



Pedro era un hombre de unos 50 años, de buena contextura física y mirada franca. En sus años mozos había gozado de una buena reputación con las mujeres ya que era una persona muy atractiva. Sus amigos lo apodaban "Pedro Bello" por aquel entrañable personaje de los autos locos cosa que a él no le agradaba demasiado. Y aún hoy a su edad, seguía siendo bien parecido. Todas las tardes, a la misma hora, y luego de salir de la fábrica de envases donde trabajaba como operario Pedro tomaba el ómnibus de regreso a su casa. Su esposa Irma lo esperaba con la cena preparada ya que él llegaba muy tarde y luego de comer se daba una ducha y se iba a dormir. Una de esas tardes en que viajaba en el ómnibus observó a una bella joven que no le sacaba los ojos de encima y le sonreía. Ella era alta, morocha, tenía ojos color café y un cuerpo escultural, la chica impactó a Pedro de inmediato. Y al descender cerca de su casa, ella hizo lo propio y le habló:

-¿Me invitás un café?
-Es que debo llegar a mi casa-respondió él con timidez
-Solo una taza de café y luego te vas, ¿Sí? -sugirió ella con una sonrisa demoledora.

Pedro quedó descolocado y finalmente aceptó la propuesta. Esa mujer era tan bella que nadie en su sano juicio podría decirle que no-pensó para sí. Fueron a un barcito y charlaron por espacio de una hora, luego se dirigieron a un hotel cercano y terminaron haciendo el amor como nunca antes Pedro había experimentado. Y fue tal el cansancio que tenía que terminó por quedarse dormido hasta el día siguiente. Al despertar, se dio cuenta de que ella había desaparecido. Pedro se vistió rápidamente miró su reloj y se dirigió al baño para asearse un poco pero su sorpresa fu mayúscula cuando se miró al espejo. ¡Había rejuvenecido unos veinte años! El impacto por lo que vio hizo que se fuera para atrás y casi se vaya de pique al suelo aunque gracias a que pudo tomarse del toallero esto no ocurrió. Aún conmocionado, volvió a la cama y vio sobre ella una nota en una servilleta escrita con rouge.

-No te asustes-decía la nota-.Todo lo que te ocurre tiene una razón y pronto lo sabrás

La misiva de la chica que había pasado la noche con Pedro llevaba un nombre: Maga. Al salir a la calle, ella estaba esperándolo y como había pasado en el ómnibus le sonrió de una manera que él quedó nuevamente descolocado.

-Mi nombre es Maga-dijo-, y pertenezco a un grupo llamado los Young.
-Pero, ¿Por qué me veo así?-preguntó Pedro aún incrédulo.
-Es largo de explicar pero lo que puedo adelantarte es que si quieres pertenecer a nuestra tribu deberás cumplir ciertos requisitos.
-¿Y quién te ha dicho que yo quiero pertenecer a tu grupo?
-¿Es que no deseas ser joven y bello para siempre?

Pedro se quedó pensando en lo que esa bella joven le decía pero de inmediato recordó a su esposa, a la que amaba con locura y se sintió culpable por haberla engañado. Nunca le fue infiel a pesar de que muchas veces tuvo la oportunidad al alcance de sus manos. pero esta vez le había fallado y comenzó a sentirse mal.

-Quiero volver a ser el que era-le dijo a Maga.
-Eso es imposible Pedro, una vez que haces el amor con uno de los nuestros te conviertes en una especie de vampiro y no hay vuelta atrás.
-¿Y por que me has elegido a mí?
-Como te he dicho, es una historia muy larga y...
-¡Dímelo Ya!-gritó Pedro enojado.
-Está bien. Hace unos diez años un grupo de científicos halló una forma de lograr que un ser humano sea joven para siempre. Inyectaron un virus al que llamaron Amoris Jovenus en la glándula salivar de algunos voluntarios que se prestaron al experimento. Y los resultados fueron asombrosos. A partir de allí cada vez que uno de ellos tenía un contacto amoroso o besaba en la boca a alguien esa persona volvía a ser joven.
-Pero lo que dices es una locura
-No lo es, sin embargo y como te he dicho hay ciertos requisitos, por llamarlo de alguna forma que deben cumplirse para conservar dicha juventud adquirida.
-¿Y cuáles son?
-El efecto dura exactamente 7 días por lo tanto la única forma de conservarlo es buscar una persona y transmitirle el virus para regenerarse y mantenerse joven.
-¿Me quieres decir que éste efecto me durará 7 días?
-Así es.
-Entonces esperaré a que se me pase y...
-Si no buscas mantenerte joven al pasar el tiempo estipulado éste ocasionará un efecto contrario y te convertirás en una persona treinta años mayor de la edad que tenías.
-¿Pero que me has hecho?
-Perdoname, yo...

Pedro salió corriendo furioso y desapareció de la vista de Maga quién en voz alta dijo:
-Nos volveremos a ver.

Pedro pidió licencia en su trabajo y llamó a su esposa a quién le dijo que se iría unos días a una sucursal del interior por trabajo y en la empresa adujo que debía viajar para visitar a un hermano moribundo. Alquiló una habitación en un pueblo de la provincia, bien alejado de su lugar de residencia y vivió esos días sin mayores sobresaltos. Pero el séptimo día se acercaba y aún no había decidido que hacer. Convertirse en un anciano o mantenerse joven para siempre. Faltando poco para que se cumpla la fecha límite reapareció nuevamente Maga. Al verla, Pedro enfureció:

-Tú otra vez-le dijo con desdén
-¿Cómo has estado Pedro?
-Lejos de mi mujer y a punto de ser un anciano. Cómo quieres que me sienta.
-¿No has disfrutado de tu juventud?
-Mi juventud la he vivido plenamente en otra época, ahora deseo ser el hombre feliz que era pero tú me lo arrebataste para poder mantener esa ficticia vida que tienes.

Maga se quedó observándolo en silencio por un momento. Luego se acercó lentamente y él la apartó de un empujón.

-No volveré a caer en tus garras. ¡Vete!
-Es que me siento culpable por lo que te sucede y si no te beso o hago el amor contigo tú ya sabes.
-Solo quieres estar conmigo por conveniencia, me parece todo muy extraño.
-Esta vez te equivocas, si lo hubiese deseado ya estaría con otro hombre o con otra mujer.
-Dime la verdad ¿A que has venido Maga?
-Me he enamorado de ti perdidamente.

Ella volvió a acercarse y esta vez el no la apartó, se besaron apasionadamente y luego ingresaron al hotel donde Pedro le hizo el amor con pasión pero también con furia por lo que estaba viviendo. Quería lastimarla pero también gozaba como nunca antes en su vida. Cuando terminaron los dos se recostaron boca arriba exhaustos.

-¿Qué le diré a mi esposa?-expresó él con tristeza-Ni siquiera puedo acercarme a ella
-Ya no hay nada que decirle Pedro, ven conmigo y únete a nuestra tribu, seremos felices para siempre.

Pasaron algunos años y Pedro nunca regresó a su casa, ni siquiera intentó un contacto con su esposa. Vivió un intenso romance con Maga pero un día se separó de ella y siguió su vida buscando cada siete días a una mujer para lograr llevarla a la cama, o al menos besarla apasionadamente para mantener su eterna juventud y traspasar el virus. Pero un día se cansó de todo aquello y regresó a su hogar. Su casa había sido vendida y no había rastros de su esposa. Preguntó a varios vecinos y nadie supo decirle sobre su paradero. Una vecina le comentó que ahora en la que había sido su casa desde hacía un tiempo vivía una hermosa mujer llamada Maga con su joven novia.

Era Irma, la mujer de Pedro...


Este cuento fue leído 417 veces en mi blog desde su publicación el 8 de julio de 2017 hasta el 9 de febrero de 2018, convirtiéndose en mí cuento top 1 del año pasado.

SEMANA DE CUENTOS HOY: El contador de historias

 



   

El contador de historias llevaba realizados dos mil novecientos noventa y siete relatos y cuentos, y solo le quedaban tres para cumplir su mandato y entregárselo a su reemplazante. El nuevo elegido no podía exigir su cargo hasta que el contador de historias concluyera con el número tres mil y eso debía ser respetado a rajatabla.

El contador de historias tomó su libreta de apuntes, realizó algunas correciones de última hora y se dispuso a escribir la número dos mil novecientas noventa y ocho que dio a conocer al mundo dos días después. El contador de historias comenzó a vivir en carne propia que su vida se estaba consumiendo lentamente debido a que una vez que se cumpliera su mandato desaparecería y nadie se enteraría que había existido. La humanidad no debía saber sobre él, así estaba escrito y por lo tanto cada palabra que escribía era una daga que se clavaba en su corazón y lo desgarraba. El contador de historias no conocía a su reemplazo, por lo tanto, y al entregar su mandato recién se vería cara a cara con aquel que no solo le sacaría su profesión de un plumazo si no que también acabaría con su vida. Un par de semanas pasaron y por fín llegó el día de presentar la historia tres mil que marcaba el fin para el contador de historias y el inicio para el nuevo dueño de semejante responsabilidad. El encuentro fue pactado para las doce de la noche en una biblioteca ignota de un pequeño pueblo del conurbano, el contador de historias lucía su desgastado traje azul, una camisa de color blanco y un moño verde. Completaba el atuendo una rosa roja en el bolsillo superior de su saco. El contador de historias observó un gran reloj de pared a que las manecillas dieran la hora señalada. Cuando esto se produjo el joven ingreso al recinto llevando bajo su brazo derecho un gran libro, y en sus manos un par de lápices negros y dos resaltadores con tinta amarilla para realizar correcciones. Se dirigió a la sala principal y se detuvo frente a un enorme escritorio que se encontraba ubicado en el centro del lugar.
El contador de historias dio inicio formalmente a su mandato, lo que hasta ahí no sabía era que él mismo se había reciclado. Una sonrisa se dibujó entonces en su rostro y comenzó a escribir el relato número uno al que llamó:

"Reciclándose"



Este cuento fue leído en mi blog 359 veces desde su publicación el 23 de agosto de 2017 hasta el 9 de febrero de 2018.

SEMANA DE CUENTOS HOY: El almacén y las rosas rojas


 


Todos los días, mientras se dirigía al trabajo en su auto, Claudio veía parado en una esquina donde se encontraba un viejo almacén que se había cerrado varias décadas atrás a un hombre vestido con un traje gris y que en sus manos llevaba un gran ramo de rosas rojas que depositaba en el piso de la maltrecha persiana de entrada del local. Siempre a la misma hora, a las nueve de la mañana cumplía el ritual. Esta situación le extrañó de sobremanera a Claudio que cuando pasaba con su auto lo observaba detenidamente tratando de comprender por qué este hombre hacía eso. Cierto día, a Claudio lo pudo su curiosidad y estacionó el auto cerca de donde se paraba el hombre y esperó a ver qué ocurría después de que éste dejaba el ramo de rosas rojas. Transcurrieron un par de horas y el tipo seguía allí parado, mirando fijo hacia la nada. Finalmente Claudio se cansó de la situación y se alejó del lugar. Pasaron unos días, y en el mismo sitio donde el hombre del traje gris dejaba el ramo de rosas rojas vio a una hermosa mujer que lucía un trajecito un tanto antiguo, estaba bien maquillada y arreglada y parecía estar esperando impaciente a que alguien fuera por ella. La mujer observaba para uno y otro lado y taconeaba nerviosamente mientras su cara denostaba cierto enfado. Claudio detuvo su auto, lo estacionó y se bajó para ir al encuentro de la mujer que al verlo lo reprendió
— ¡Baltazar!—le gritó—, le dije que me esperara en el auto.
Claudio la observaba incrédulo y sorprendido hasta que salió de su conmoción y le respondió.
— Señora, yo no soy quién usted cree, mi nombre es Claudio y...
— ¡No bromee Baltazar por favor! ¿Y su traje de chofer?, parece un andrajoso vestido así.
— Señora—dijo él—, le repito yo no soy...
— ¡Basta Baltazar!—lo retó ella—, sé lo que hace por mí y se lo agradezco, pero no me falte el respeto, vuelva al auto y espéreme allí.
Claudio se alejó lentamente y volvió a sabir a su auto, la mujer dejó de mirarlo y comenzó a taconear de nuevo, quizás—pensó—, todo aquello era una farsa y estaban utilizándolo como una víctima de alguna cámara oculta. Aceleró y se alejó de allí. Por un largo tiempo no volvió a pasar por la zona, sin embargo, Claudio seguía intrigado por todo lo que le había tocado vivir. No le comentó nada a nadie, ni siquiera a su esposa para evitarse una tomada de pelo por parte de ella, o, y lo que sería peor, que lo creyera loco. Pasaron unos meses y Claudio decidió pasarse por aquella esquina nuevamente. Para su sorpresa, ahora el hombre del traje gris y la mujer estaban juntos. Charlaban animadamente y decidió acercarse a ellos que parecían no haber notado su presencia. Claudio observó a su alrededor y se dio cuenta que todo el entorno que los rodeaba había cambiado. Los autos eran antiguos, el almacén estaba abierto y con gente vestida de una época pasada que ingresaba y salía del negocio luego de realizar sus compras. En ese momento sintió como si hubiese sido transportado al pasado y se asustó. Esto le produjo que casi se vaya de pique al suelo ya que comenzó a marearse aunque logró mantenerse en pie para observar lo que ocurría. De pronto, la mujer se acercó a él y le habló:
— Era hora que llegara Baltazar, ¿Qué le pasó?—le preguntó un tanto enfadada.
Claudio la observaba incrédulo.
— ¿Qué sucede? ¿Le comieron la lengua los ratones?, prepare el auto, debemos irnos en media hora—le ordenó.
Claudio guardó silencio.
— ¿Baltazar usted se siente bien?
Claudio sin mediar palabra se dio media vuelta y se fue rápidamente alejándose del lugar. Pasaron otros dos meses y Claudio se animó nuevamente a pasar por allí, esta vez todo parecía estar en orden aunque un detalle llamó su atención. En la puerta del viejo almacén que lucía como al principio, casi destruido por el abandono y el tiempo, con sus persianas oxidadas estaba el ramo de rosas rojas pero no el hombre de traje gris que había visto desde el principio ni aquella extraña mujer. Claudio se acercó lentamente y con un poco de temor por todo lo que había experimentado en los últimos tiempos levantó el ramo y de inmediato apareció ella otra vez y todo el lugar regresó a una época pasada. El almacen ahora estaba intacto, el hombre del traje gris se le paró detrás con cara de pocos amigos y lo increpó.
-¿Pero que hace con las flores que le regalé a mi amada?
-Déjelo tranquilo Dalmiro-intercedió ella-, yo se las di a Baltazar.
Dalmiro, más tranquilo, le ofreció su brazo y ella lo tomó con gusto, los dos comenzaron a caminar hacia la otra esquina, pasaron por delante de una señora que barría las hojas caídas de los árboles y de dos chicos con pantalones cortos y peinados con gomina que jugaban con una pelota de trapo.
-Esto no puede estar sucediendo-se dijo Claudio-, aquí tiene que haber alguna trampa de un gracioso.
Comenzó entonces a recorrer el barrio y se percató de que lo que estaba viviendo era tan real que no había ninguna duda de que estaba ocurriendo. Dos chicas vestidas con trajecitos parecidos a los de la mujer del almacén pasaron tomadas del brazo ante él y le sonrieron pícaramente, una de ella giró su cabeza y le guiñó un ojo. Claudio se alejó abrumado y se retiró raudamente.
A la mañana siguiente, decidió regresar al extraño barrio pero esta vez no fue con su auto. Se bajó del colectivo en una avenida cercana y fue caminando hasta el almacén. Vio nuevamente el ramo de rosas rojas depositado en la puerta que estaba con sus oxidadas persianas bajas, lo tomó y todo recobró nuevamente su esplendor de antaño pero esta vez no estaba la mujer, ni el hombre del traje gris, ni la señora barriendo las hojas, ni los niños con la pelota de trapo, ni las dos señoritas que le sonrieron al pasar delante suyo. Recorrió el lugar, golpeó algunas puertas, pero nadie salió. A lo lejos, vio que venía caminando un hombre parsimoniosamente y fue a su encuentro con desesperación, casi con la certeza de que ese tipo le explicaría todo lo que sucedía en ese extraño barrio.
-Señor, buenas tardes-saludó.
El hombre solo le hizo un gesto con la cabeza parecido a un saludo.
-¿Me puede usted ayudar?
-¿Que es lo que quiere?
-Por lo que veo usted es del barrio.
-No, no lo soy, solo estoy de paso por aquí.
-¿En qué año estamos?
-¿Usted perdió la memoria?
-No, no, es largo de explicar. ¿Me puede responder?
-1944
-No puede ser.
-¿Se siente usted bien?-preguntó el hombre ahora un poco más complaciente.
-Es que no soy de esta época.
-¿Quiere usted que llame a alguien para que lo asista?
-No, gracias.
El tipo se encogió de hombros y siguió su camino, dobló en la esquina y desapareció. Claudio ya desesperado regresó a la puerta del almacén que estaba cerrado pero con sus persianas en perfecto estado pintadas de un gris plomizo. Depositó el ramo de rosas rojas en el piso esperando volver a su vida actual pero se dio cuenta que todo seguía igual. De pronto, alguien le tocó el hombro y Claudio se dio vuelta asustado. Era el hombre del traje gris.
-¿No trajo hoy a mi novia Baltazar? ¿Ella no va a venir?-le preguntó con desazón.
Claudio guardó silencio sin entender lo que sucedía
-¡Baltazar!-exclamó ahora el hombre del traje gris-, le hice una pregunta.
-Yo no soy Baltazar-respondió Claudio secamente-, me llamo Claudio.
-¿Claudio?, mi novia me dijo que usted era su chofer y se llamaba Baltazar.
-Esto es una locura
Claudio comenzó a caminar hacia la avenida por donde había ingresado al barrio pero se dio cuenta de que ahora en ese lugar se encontraba un gran arroyo.
-¿Me estaré volviendo loco?-se preguntó en voz alta.
-Yo le diré la verdad-le respondió de pronto una voz a sus espaldas.
Al darse vuelta vio al hombre que unos momentos antes se había cruzado con él.
-Hable entonces, lo escucho.
-En la mañana del 3 de Octubre de 1944 y en esta misma calle, venía circulando un auto que conducía Baltazar Gutierrez, lo acompañaba su patrona, la hija del empresario más poderoso del país. Adriana Rodriguez Puán. En la esquina donde está el almacen se produjo un tremendo choque de frente con un camión que yo conducía y fallecimos los tres en el acto. A partir de ese día, y todas las mañanas, su amante Dalmiro dejaba un ramo de rosas rojas, sus preferidas, en la puerta del negocio donde se produjo el siniestro.
-Pero, ¿Porqué yo solo percibo esto? ¿Qué me está ocurriendo?
-¿Usted no recuerda nada?
-No sé de qué me habla.
-En su vida anterior usted fue Baltazar, el chofer que chocó conmigo aquella nefasta mañana.
-Yo me llamo Claudio.
-Baltazar se reencarnó en usted cuando nació, pero nunca pudo perdonarse que muriera su patrona en aquel accidente y por eso cuando pasó por primera vez por aquí tuvo la imperiosa necesidad de parar al ver como Dalmiro dejaba las flores.
-Sigo sin entender nada.
-Por alguna extraña razón, Baltazar está intentando de algún modo limpiar su alma, por eso viene hasta aquí, toma las flores, recuerda a su patrona y a su amante y luego se va para regresar tiempo después.
-¡Yo no soy Baltazar!
-Lo siento amigo, deberá aprender a convivir con ello hasta que pueda perdonarse.
Dicho esto, el hombre se alejó y todo volvió al tiempo actual, Claudio regresó a su casa e investigó lo que había sucedido aquella mañana del 3 de octubre de 1944. Buscó información en internet y al ser el padre de aquella mujer un empresario poderoso de aquella época pronto halló lo que buscaba.
Un diario de la época registró con lujo de detalles todo lo ocurrido esa mañana:
"Cuando el vehículo que llevaba a la señora Adriana Rodriguez Puán tomó por la calle Bermudez se encontró de pronto con un camión que circulaba hacia la Avenida Juan B. Justo chocando los dos vehículos de frente. El Chofer de la millonaria cometió el error de circular en contramano por dicha arteria lo que provocó la tragedia. No hubo sobrevivientes” Un testigo que vio lo sucedido le contó esto a la policía cuando fue interrogado. Luego se descubrió que esta persona llamada Dalmiro Ordoñez Castro era amante de la hija del empresario más poderoso del país y que pactaron encontrarse todos los días en la esquina de Bermúdez y Juan A. García, lejos de su barrio y el de su futuro esposo el abogado Carlos Andrés Peralta Tapia. Desde el accidente, y todos los días a la hora que se produjo, el hombre que siempre viste de traje gris como en aquella jornada del siniestro deposita un ramo de rosas rojas en la puerta del local, estas eran las favoritas de la señorita Rodríguez Puan"

Claudio lloró en silencio durante varios minutos, luego se despidió de su esposa besándola en los labios y regresó a la esquina donde estaba el almacén. El ramo se encontraba en el piso, lo tomó y todo regresó al pasado. De pronto, Adriana se hizo presente y le habló:
-Buenos días Baltazar.
-Perdón señora-se anticipó Claudio-, fue mi culpa por meterme en esa calle en contramano.
-Por fin has regresado-dijo ella-, ahora puedo decirte que no fue tu culpa, que todo lo que sucedió fue una fatalidad, y que si te metiste en contramano lo hiciste porque yo te lo ordené para llegar en hora. No eres culpable de nada, ahora vuelve con tu mujer Claudio y vive una vida plena. Dicho esto, ella lo besó en la frente, le pidió que le entregara el ramo de rosas rojas y fue al encuentro de Dalmiro que la esperaba a unos pocos metros. Lo tomó del brazo y los dos se perdieron en una espesa niebla que apareció de la nada. Claudio regresó a su casa, tiempo después se animó y volvió a pasar varias veces por aquella esquina pero nunca más vio el ramo de rosas rojas depositado en el piso, enfrente del ahora nuevamente destruido almacén de la calle Bermúdez y Juan A. García...

Este cuento fue leído en mi blog 357 veces desde su publicación el 27 de septiembre de 2017 hasta el 9 de febrero de 2018.



SEMANA DE CUENTOS HOY: "EL HOMBRE DEL TRAJE NEGRO Y LAS PALOMAS"




Todos los días un hombre con traje negro se sentaba en un banco del parque Los Andes, ubicado frente al cementerio de la Chacarita para darle de comer migas de pan a las palomas. Al poco tiempo, las aves comenzaron a multiplicarse por miles y poco después tuvo que intervenir el gobierno de la ciudad para intentar ahuyentarlas ya que era imposible que los vecinos pudieran disfrutar del lugar debido a que se topaban con las aves que aparte de entorpecer la vida cotidiana soltaban sus excrementos y a veces encima de la cabeza de la gente. Las autoridades trataron de persuadir al hombre del traje negro para que deje de darles de comer a las palomas pero este, lejos de hacerlo, incrementó la cantidad de alimento para las aves y estas finalmente se hicieron dueñas del lugar no dejando que nadie pueda disfrutar del hermoso parque. Enterados de lo que ocurría, los medios de prensa se dirigieron al parque para; intentar hablar con el hombre que se negó a realizar declaraciones y solo continuaba dando de comer a las palomas. Y un día apareció la fuerza pública con la orden de un juez y el hombre del traje negro fue detenido. Al verlo partir en un patrullero, las palomas atacaron en bandada el móvil que a las pocas cuadras chocó contra una columna de alumbrado público. El hombre del traje negro salió ileso del siniestro y regresó caminando al parque pero los policías fallecieron en el acto. Al regresar, volvió a sentarse en el banco para alimentar a las palomas. Esta vez el juez envió al lugar un camión hidrante, una fuerza de choque y rodeó la zona para que los vecinos no pudieran acercarse al lugar.

— ¿No será mucho?—preguntó una vecina— ¿Cómo puede ser que un hombre haga movilizar a tantas fuerzas?

El camión hidrante comenzó a lanzar sus potentes chorros de agua que espantaron a las palomas y la fuerza de choque ingresó al parque deteniendo nuevamente al hombre del traje negro. Lo subieron ahora a un camión del servicio penitenciario para ser trasladado a tribunales, pero a las pocas cuadras, nuevamente las palomas atacaron al vehículo que terminó chocando contra un árbol. Cinco guardias terminaron heridos de gravedad pero increíblemente el hombre del traje negro volvió a salir ileso y regresó caminando al parque para seguir alimentando a las palomas. La situación ya era insostenible, entonces el gobierno decidió ahora terminar abruptamente con la situación y le solicitó al ejecutivo nacional que interviniera, estos enviaron dos aviones caza que luego de que la zona fuera despejada en un radio de 5km a la redonda bombardearon al Parque los Andes destruyéndolo casi por completo. Poco después, se hizo presente el Ministro de seguridad para constatar los daños colaterales y si se había solucionado el problema con el hombre del traje negro y las miles de palomas, pero cuando ingresó, y para su sorpresa, el tipo seguía allí sentado sin haber sufrido daño alguno y rodeado de miles de palomas que al ver al funcionario comenzaron a rodearlo teniendo este que ser protegido y desalojado del lugar por temor a un ataque. Unas horas después de reunirse con el Presidente de la República, el ministro brindó una extensa conferencia de prensa explicando al pueblo sobre todo lo actuado.

— Hoy a las 7 am procedimos a realizar el ataque sobre el peligroso delincuente de la plaza y sus plagas, las palomas.
— ¿El problema está resuelto?—preguntó un cronista.
— Lamentablemente no.
— ¿Y qué harán al respecto?
— Hemos solicitado la ayuda de la ONU para poder solucionar el grave problema. Nosotros lamentablemente no podemos hacerlo.

Mientras esto ocurría el hombre del traje negro se levantó de su asiento y comenzó a caminar entre las ruinas del parque en dirección al cementerio de la Chacarita, poco después ingresó en él y nadie volvió a verlo. Las palomas también desaparecieron al instante que el hombre del traje negro dejó de alimentarlas y una de las tantas leyendas urbanas que comenzaron a circular tiempo después cuenta que en realidad el extraño personaje era un enviado de la muerte y las aves almas humanas que se estaban entregando a su suerte para una antesala del juicio final...

El parque Los Andes fue reconstruido, pero a partir de los episodios acaecidos en el lugar se montó una guardia las veinticuatro horas del día para vigilarlo por si acaso...

SEMANA DE CUENTOS: HOY "TODO CAMBIA"


El sol de la mañana abrigaba a Rita más que ninguna otra vez que ella recordara. Mientras saboreaba su taza de café que la mucama le había traído se entretenía leyendo el diario. De pronto le llamó la atención un artículo en especial que hablaba de la presentación del pintor Valentín Sotomayor en la sala de exposiciones más importante de la ciudad. Se levantó de la silla y caminó por el parque pensando en cómo sería el encuentro con aquel hombre al que no veía desde hacía más de tres décadas y por el que aún sentía algo. Se espantó por un instante pensando que quizás él ya ni siquiera la recordara aunque se tranquilizó un poco cuando rememoró la última vez que se vieron. Ella se encontraba parada en la escalera de embarque en el aeropuerto mientras él la observaba irse con lágrimas en los ojos. A partir de aquél momento Rita nunca olvidó la expresión de esa cara llorando ni tampoco lo que le costó irse de su lado para emprender una nueva vida en Europa. Su padre, un diplomático de gran prestigio la esperaba en Alemania y ella no tuvo otra opción que ir a su lado abandonando al amor de su vida. El tiempo y la distancia se encargó de separarlos y ella nunca olvidó a Valentín pero tampoco quiso saber nada de él hasta que ese diario la regresó al pasado que creía haber superado.

— No sé qué hacer—se dijo— ¿Voy a verlo? ¿Y cuando me vea que le diré? ¿Estará casado? ¿Tendrá hijos? se preguntaba una y otra vez.

Finalmente acudió al evento. Se vistió con el vestido que más le agradaba y que sabía que la hacía una mujer muy atractiva a pesar del paso del tiempo. Su peluquero personal, su manicura, y su maquilladora habían realizado un excelente trabajo y Rita se sentía feliz de como lucía. Al ingresar, fue recibida por el director del centro de exposiciones que la conocía y mucho ya que eran amigos de toda la vida y tenían también en común la pasión por el arte.

— Rita, querida—la saludó el director—, gracias por venir, te ves hermosa.
— Lo soy—respondió ella fingiendo una soberbia ficticia.
— Te presentaré al artista.
— Vamos entonces.

Valentín se encontraba explicando la técnica que había utilizado en una de sus pinturas a una pareja que no paraba de adularlo. El director y Rita esperaron pacientemente a que terminara. El pintor terminó con su disertación y pidió las disculpas del caso a los dos. 


— Lo siento mucho, esto es así.
— No tiene porqué maestro—respondió el director—, quiero presentarle a...
— Rita Genovese Alcaraz—se anticipó él— ¡Cuántos años!

Ella lo miró sorprendida de que la recordara.

— Hola Valentín—lo saludó tímidamente.
— No sabía que se conocían—dijo ahora el director con un gesto de sorpresa.
— Así es—respondió Valentín sonriendo.
— Pués bien, entonces los dejo solos para que hablen.
— Gracias Mariano—dijo Rita—, antes de irme iré a saludarte.

Rita lo besó en las dos mejillas y el director se alejó de ellos.

— Te ves increíble—la aduló él con sinceridad.
— Gracias, vos también.
— ¿Esto es casualidad o?
— Vi un artículo en el diario sobre tu exposición y decidí venir a verte. Tus obras son fantásticas.
— Gracias Rita, pero pensé que no venías solo por mis obras—bromeó él con una impactante sonrisa.

Ella después de muchos años se sonrojó como una adolescente a punto de delatarse ante el chico que le gustaba. Valentín al darse cuenta lanzó una risotada que enojó a Rita.

— ¿Te burlas de mí?
— Es que te has puesto colorada como un tomate.
— Aquí hace mucho calor y...
— Entiendo—dijo él para no importunarla.

La tarde pasó raudamente y charlaron mucho de sus vidas. Rita le contó que nunca se había casado, que no tenía hijos y que heredó una gran fortuna de sus padres. Valentín a su vez le relató que después de que se alejaron decidió un día irse a Paris a probar suerte y que nunca más regresó hasta ahora que le propusieron exponer sus pinturas en Buenos Aires. También estaba soltero y no tenía hijos. Parecía que el reencuentro sería posible y ella se animó a invitarlo a su casa. Quizás—se dijo a sí misma—, este sea el momento de estar finalmente juntos y ser felices.

— Me encantaría ir Rita pero debo confesarte algo.

Un hombre se les acercó, pasó por detrás de ella, y besó a Valentín en los labios.

Su nombre era Julio, la actual pareja de su amado.

¡SEMANA DE CUENTOS!

A partir de esta noche publicaré por siete días cuentos que había retirado del blog para mi nuevo libro "Tiempos de Cuento" que se publicará en el año 2020.

Todos los relatos fueron escritos en este blog.

Gracias por leer mis historias...

 El gallego rebelde

EL QUINCHO (CUENTO)

   
   
Mi nombre es Claudio Canale y hoy estoy aquí delante suyo señor y le narraré una historia, una historia dolorosa que lleva ya muchos años. 
   Yo era un empresario exitoso señor, mi padre nació en Italia y se vino para Argentina después de la guerra. 
   Él era diseñador de indumentaria y aquí abrió un tallercito en San Martín, y comenzó a crear ropa informal. En esa época todos usaban trajes, camisas, bueno usted sabe, otra época. Primero arrancó fabricando chombas y le fue muy bien señor y cuando cumpli los trece años me llevó a trabajar con él. 
   Aprendí todos sus secretos y un día cuando él enfermó me hice cargo de todo por que él ya no podía hacerse cargo de nada. Yo tenía a mi madre y a dos hermanas más pequeñas y a ellas nunca las dejó acercarse al taller, eran mujeres (decía) y el trabajo era de hombres, ellas estaban para otra cosa (decía). 
   Un tiempo después de esto mi padre falleció y quedé a cargo de todo, y lo hice tan bien señor que pronto me convertí en un empresario. Amasé una buena fortuna diseñando para varias marcas reconocidas, esas que ahora abundan por todos lados. 
   A los treinta años me casé con una modelo, una hermosa mujer que conocí en un desfile, tuvimos dos hijos; Lautaro y Cármen, dos solcitos, bah hasta que crecieron. 
Con tanto trabajo señor casi no estuve con ellos y eso se paga señor, vaya si se paga. Mi mujer dejó de trabajar cuando nació Lauti y nunca más volvió a ejercer su profesión, se dedicó de entero a la familia y yo estaba chocho señor, en eso salí a mi padre, no me gustaba que mi esposa anduviera por la empresa. Pasó el tiempo rápidamente, muy rápidamente. Yo trabajaba desde las siete de la mañana a las doce de la noche y los fines de semana también por que había que estar en los eventos, las presentaciones de nuevos modelos y todo eso, solo veía a mi familia de vez en cuando y en las vacaciones me la pasaba más pensando en la empresa que en ellos, así me fue. 
   Un día Lauti me pidió ir a trabajar conmigo, tenía ya 20 años y ahí empezó la debacle, pronto se convirtió en mi enemigo dentro de la empresa. Tenía ideas nuevas que yo no aceptaba señor, él decía que teníamos que expandernos hacia los mercados del exterior. ¡Si así estábamos bien! Discutíamos por todo y casi siempre se salía con la suya. Lauti era una luz en los negocios, se había graduado en administración de empresas y yo apenas terminé la secundaria, era lógico que algún día lograra (como pasó)hacerme a un lado. ¡Y vaya que lo consiguió señor!. Aprovechó al máximo una situación por demás traumática que sucedió una tarde que aún puedo recordar. No sé porqué razón pero luego de almorzar en el quincho de nuestra hermosa casa discutimos feo, muy feo con Lauti y su madre lo apoyó. ¡Me faltaron el respeto señor! y yo reaccioné de la peor manera, fui hasta un cuarto que utilizábamos para guardar de todo y encontré una botella de aguarrás, regresé al quincho y después de derramar por todos lados el liquido lo prendí fuego. 
Por suerte nadie salió herido pero del quincho no quedó nada. Mi mujer y mi hijo me hicieron internar en un Psiquiátrico señor. Los médicos dijeron que sufrí un fuerte stress y me dejaron allí por meses. Mi mujer y mi hija nunca vinieron. No podían verme así(dijeron) Solo Lauti me visitaba señor en contadas ocasiones y me hacía firmar papeles mientras yo estaba dopado. Un tiempo después ya dejó de hacerlo y me quedé solo señor, vivía por que el aire era gratis señor. 
   Un día tuve un lapsus de cordura y dejé de tomar las pastillas, me las dejaba debajo de la lengua y después las escupía cuando no me veían los enfermeros. Ahí me di cuenta de todo señor y me escapé una noche. 
   Durante los dos años siguientes viví como un linyera. Cartoneé para comer, y hasta busqué trastos viejos para armarme un lugar al lado de la autopista del oeste. A veces la policía me corría, yo buscaba otro lugar pero pronto volvía. 
   De vez en cuando caminaba hasta mi casa, mi hermosa casa y me la pasaba un buen rato observando el movimiento sin que me vieran, bah, mi mujer y mis hijos nunca me hubiesen reconocido en ese estado. Aparte para ellos ya no existía. 
   Y una noche me decidí a volver señor, me metí por el fondo de un vecino que no estaba. En mi casa había una fiesta, una gran fiesta señor, parecía un acontecimiento muy importante, y vaya si lo era. Se había casado mi hija con el contador  de mi empresa. 
El tipo le llevaba como 15 años, yo nunca hubiese permitido esa relación señor, pero el muy turro seguro que se hizo amigo de Lauti y así se acercó a mi niña. 
   Toda la familia se encontraba reunida. Mi esposa, mis hijos, mi madre, mis hermanas. ¡Todos menos yo señor!. Entonces, y sin que me vieran fui al cuartito, vi un botellón de aguarrás y nadie se dio cuenta de nada, mejor así, no sufrieron tanto, o sí, eso ya no importa. 
   Ahora estoy ante usted señoría contándole esto, quedo en sus manos. Lástima que del quincho no quedó nada...


         

SOLO (MICRORRELATO)





Salí del departamento desencajado, no quise tomar el ascensor y bajé los tres pisos por las escaleras, era de madrugada, crucé la puerta de vidrio de la entrada del edificio y salí a la calle, respiré profundo el frío aire del invierno y comencé a caminar sin rumbo fijo. Necesitaba alejarme de vos, la discusión había sido intensa, terrible, hiriente. Nunca me comporté de esa manera, pero esta vez me llevaste al extremo, a lo peor de mi interior y lograste sacarme de mis casillas con tus aires de suficiencia, tus reflexiones exactas y esa inteligencia para encontrar las palabras justas para describirme de pe a pa. Odiaba eso de vos por que me hacía verme desnudo. Y te insulté. ¡Nunca te había insultado! ¡Yo no soy así! Ingresé a un bar de mala muerte, me pedí un trago en la barra, y después otro y otro. Salí del lugar borracho, la cabeza me daba vueltas, y hasta lloré, lloré por vos, lloré por mí, lloré por todo.
Esperé varias horas a que se me pasara, no sé cuantas fueron pero cuando me di cuenta ya comenzaba a amanecer y regresé, crucé la puerta del edificio, subí las escaleras e ingresé en el departamento.
Fuí a la habitación y me acosté. Mis ojos se acomodaron a la oscuridad y te ví allí observándome con lágrimas en los ojos, no dije nada, no deseaba decirte nada, no deseaba pedirte perdón por haberte tratado de esa forma. ¡No te lo merecías!. Me dormí profundamente y desperté, ahora el que lloraba era yo, pero no estabas para verme, te habías ido para siempre, era lógico, lo nuestro había terminado abruptamente sin más palabras, solo con mi rencor hacia vos que tuviste el tupé de decidir que ya no me acompañarías en la vida, lo dejaste todo sin una palabra de despedida, ahora me siento más solo que nunca y cada vez que te sueño me pasa lo mismo, sigo sufriendo el mismo calvario, por que te extraño todos los días y no me alcanza con llevarte flores al cementerio.

Solo, me dejaste solo...

CHARLA ENTRE ESCRITORES FERIA DEL LIBRO DE 3F

Viernes 15 de septiembre de 2018.
FERIA DEL LIBRO DE 3F. SEDE CULTURAL CIUDADELA
Charla entre escritores.
Parte 2. Hablando sobre experiencias en Ferias y la importancia de difundir nuestras obras para llegar al lector.



CHARLA DE ESCRITORES(SEDE CULTURAL CIUDADELA)

EL DÍA 14 DE SEPTIEMBRE A LAS 18 HS SE REALIZARÁ EN EL MARCO DE LA FERIA DEL LIBRO DE TRES DE FEBRERO UN ENCUENTRO DE CUATRO ESCRITORES INDEPENDIENTES EN EL CUAL HABLAREMOS SOBRE NUESTRAS OBRAS Y TAMBIÉN RESPONDEREMOS A LAS PREGUNTAS DEL PÚBLICO

LOS INVITO A VER EL VIDEO PROMOCIONAL.