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ZONA DE POETAS


Les comparto una parte de la charla que tuve ayer en el ciclo Zona de Poetas coordinado por el periodista y escritor Gustavo D´Orazio.



En dicha charla agradecí especialmente a la gran comunidad de GOOGLE+ y sobre todo a mis colegas escritores...

ES (POEMA)





Es un viento frío
un amanecer sin vos
que no deja mensajes
en mi corazón.

Es vivir así
luchando con pasión
en un mundo nuevo
sin tu amor.

Es gritarle al cielo
que todo acabó
aunque dentro mío
solo hay dolor.

Es decirte hoy
con enorme emoción
que no quiero morir
sin ilusión.

Es amarte siempre
y testigo Dios
de lo mucho que perdí
desde aquél adiós...


SERÁS LO QUE QUIERAS SER (CUENTO)

   


   Luis salió de su casa bien temprano, caminó las tres cuadras que lo separaban de la parada del colectivo y mientras lo hacía recordaba aquella noche cuando aun siendo un niño su padre le dijo:

   -Cuando llegue el momento te darás cuenta de que serás lo que quieras ser...

   Subió al ómnibus, le dijo al chofer hasta donde iba  y acercó su tarjeta SUBE a la máquina. Le costó acomodarse ya que  a esa hora mucha gente viajaba rumbo al trabajo, a estudiar o a hacer trámites, vaya a saber uno. Al fin pudo colocarse cerca de la puerta del medio y observó como casi todos los demás y salvo un puñado de personas que iban durmiendo solo observaban como autómatas sus teléfonos celulares. Nadie se detuvo a mirarlo. Nadie se percató de su presencia.-Serás lo que quieras ser-

   Sacó de su cartera un rouge y se pinto los labios, luego un peine y se arregló el cabello, nadie se detuvo a observarlo, todos se ocupaban de no perderse nada de lo que sucedía en sus teléfonos celulares, -serás lo que quieras ser-
   
   Luis llegó a su destino y se bajó, caminó por una avenida que a esa hora se encontraba desierta e ingresó a un viejo bar que se ubicaba en una esquina. Eligió una mesa pegada a la ventana y se sentó, momentos después se acercó el mozo.

   -Traigame una caña-le pidió.

   Sin mediar palabra el mozo se alejó y poco después volvió con el pequeño vaso lleno de la bebida blanca. Luis sacó de su bolsillo un billete de cien pesos y le pagó.

   -Quedate con el vuelto.
   -Gracias señorita.
  
   Luis se lo quedó mirando, no sabía si lo de señorita era por que realmente se parecía a una o por que el tipo lo estaba ignorando como todos los demás. -Serás lo que quieras ser-

   Salió del bar, le costaba caminar con esos zapatos de tacos altos y casi se va de pique al suelo dos veces pero pudo mantener la vertical y siguió su camino, ya había amanecido y el sol brillaba bien fuerte, comenzó a sudar y de su cartera sacó un pañuelo secándose la frente que era una mezcla de agua y maquillaje derretido. -Serás lo que quieras ser-

   LLegó a su destino y golpeó la puerta de la vieja casa que se presentaba ante él. Poco después un sujeto alto y muy delgado atendió.
  
   -Vos sos la nueva-le dijo seguro de que era él/ella.
   -Sí contestó Luis vengo por el laburo de copera.
   -Pasá, caminás hasta el fondo y pasas la cortina de plástico. Si querés sentate en la silla que hay ahí y esperás, el vasco no llegó todavía. Luis hizo lo que le pidieron mientras volvió a recordar a su padre. -Serás lo que quieras ser-

   Mientras esperaba sentado en una vieja silla de plástico color blanca echó un vistazo a su alrededor. Todo en ese lugar parecía estar por caerse. Las paredes con humedad, un par de cuadros con la foto de Maradona en uno y de Tita Merello en el otro que ya estaban descoloridos y a punto de venirse al suelo también.

   De pronto entró el vasco y sin siquiera mirarlo, abrió la llave del gas y prendió uno de los mecheros de la cocina, tomó una deplorable pava abollada y la llenó de agua para ponerla a calentar.

   -Asi que sos Leonor-le dijo el vasco-, me hablaron bien de vos.
   -Soy la mejor-respondió Luis con gran seguridad en sí mismo.
   -¿Mirá que los clientes son exigentes eh?
   -Yo también lo soy y muy profesional.
   -Si te portás bien, te pago bien, si te portás mal...
   -Me pagás mal-se anticipó Luis sonriendo.
   -No, te mato directamente.
   
   Luis se quedó callado, y el vasco se dio cuenta de que había logrado su cometido. Que ese traba lo tomara en serio.

   -Está bien empezás hoy, al flaco que te atendió le decimos leche y te va a decir  que hacer y es el que te va a garpar, a mí me vas a ver en el boliche nada más.  
   -Ok
   -Ahora salí de mi vista traba.
   
   Luis se levantó de la silla, miró al vasco con asco y salió. El leche lo esperaba en la calle. -Serás lo que quieras ser-

   -Vamos-le dijo secamente.

   Caminaron tres cuadras hasta un boliche que estaba en Brasil y Piedras. En la puerta un patovica los recibió y les franqueó el paso sin mediar palabra alguna. El lugar era oscuro y olía a orín, humedad y tabaco viejo.-Serás lo que quieras ser.

   Luis/Leonor fue conducida por el leche al salón, cuatro o cinco travestis bailaban solos en la pista y unos cinco o seis clientes alzaban sus vasos y les proferían insultos. -Serás lo que quieras ser.

   -Andá a la barra y si uno de los clientes te saca a bailar lo hacés-le ordenó el leche-, si te pide lo que ya sabés, lo hacés, pero antes le sacás 200 mangos y un trago. -Serás lo que quieras ser.

   Luis/Leonor se acostumbró a la penumbra del lugar, le pidió una caña al de la barra y esperó a su primer cliente. -Serás lo que quieras ser.

   Un tipo se le sentó al lado, olía a cualquier cosa menos a limpio, Luis/Leonor evitó una arcada que le vino y lo abrazó. -Serás lo que quieras ser.

   De pronto ingresó el vasco con otro tipo, se sentaron en una mesa que se encontraba en el fondo del boliche y mientras les servían unos tragos el dueño de ese nefasto lugar recibió tres bolsitas con cocaina. Se pusó su mano derecha en el bolsillo y sacó un fajo de billetes y se los entregó al dealer.

  Luis/Leonor que observaba la escena desde la barra, se acercó lentamente, sacó de su cartera un arma y gritó:

   -¡Policía federal, quedan todos detenidos!

   -Serás lo que quieras ser-. Siempre Luis quiso ser un buen policía y vaya si lo era...
  
   





    

DÍA DEL PADRE (CUENTO)

   



   El gran portón del penal se abrió lentamente, el guardia observó a Dionisio y lo saludó con un gesto de su mano, el hizo lo propio y salió hacia la calle. Ya estaba libre.
   El caserón del barrio de Flores propiedad de su madre se encontraba abandonado desde que ella falleció tres años antes de que él cumpliera su condena. Tomó las llaves que el abogado le entregó y abrió la puerta que chirrió como si fuera un efecto de una película de terror.
   Dionisio ingresó y los pocos pasos se encontró con una enorme rata que salió de la nada y pasó por delante suyo. Y si bien él estaba acostumbrado ya que no venía de un hotel 5 estrellas precisamente no pudo evitar lanzar un insulto al aire.

   -¡La puta que te parió bicho de mierda!-gritó con bronca.

   Se dirigió a tientas hacia la sala y cuando estuvo allí acomodó su vista a la oscuridad y de inmediato recordó a su madre tocando el piano que ahora se encontraba en un estado lamentable, éste se había arruinado por el polvo y la suciedad. Otro tanto ocurría con el gran sillón de dos cuerpos donde a Dionisio se le vino al instante el haber pasado allí su última noche abrazado a Clarisa, su amada novia. 
   
   Su madre había viajado por trabajo a Uruguay y él aprovechó para estar ese par de días en los que ella se ausentaría con la persona que más amaba en su vida. Recordó al instante lo intenso que fue hacer el amor con ella como si aquella fuera la última noche que estarían juntos. 

   Y fue la última noche que estuvieron juntos...

   Dionisio era hijo único de madre soltera, no conocía a su padre y salvo por algunas averigüaciones que él hizo sin que ella supiera ya que nunca quiso contarle nada de su progenitor, poco pudo saber de él y  desistió del intento en poco tiempo ya que no poseía ni siquiera una foto que pudiera ayudarlo a ubicarlo y entender el porqué los había abandonado.
   Pero aquella noche, la última antes de ir preso, algo sucedió que cambió su vida para siempre.
   Habían acabado de hacer el amor con Clarisa de una forma descenfrenada por tercera vez en menos de una hora y los dos estaban exhaustos quedándose dormidos en el sillón abrazados.
   De pronto, alguien golpeó la puerta del caserón de Flores y al ver que no respondían lo hizo con más fuerza hasta que Dionisio depertó y zamarreó a Clarisa.

   -Despertate nena, debe ser mi vieja que se olvidó la llave, ¡Dale, vestite!

  Clarisa se puso la bombacha, los jeans, la remera color flúo y su par de zapatillas blancas y en tiempo récord acomodó los almohadones del sillón golpeándolos hasta que tuvieran un aspecto presentable y se quedó parada al lado de él esperando a que su suegra ingresara a la sala.
   Dionisió mientras tanto salió disparado hacia la puerta de entrada y respondió al llamado de la puerta:

   -¿Má sos vos?
  
   Del otro lado no respondieron, entonces el joven decidió abrir la puerta.

   -Buenas noches-le dijo un hombre con pelo entrecano y de unos 60 años.
   -¿Qué busca?
   -A vos Dionisio, soy tu papá, ¿puedo pasar?

   Al principio Dionisio se quedó en silencio hasta que se repuso un poco de la sorpresa y respondió:

   -Pase.

   Clarisa escuchó la voz de un hombre y supo que no era su suegra la que había llegado entonces se acercó a la puerta de entrada.

   -¿Ella es tu novia?-le preguntó el presunto padre.
   -Si-respondió Dionisio dubitativo.
   -Eres muy bonita-la aduló.
   -Gracias-respondió ella-, usted es...
   -El padre de Dionisio, mi nombre es Osvaldo Ramos.

   Dionisio permanecía tieso y en silencio, evidentemente estaba conmocionado.

   -Pase-le dijo Clarisa-. ¡Dionisio!-le gritó ahora a su novio que seguía como en trance.
   -Si si-tartamudeó Dionisio-, pase por favor.

   Al ingresar el hombre le echó un rápido vistazo a la casa.

   -Está casi igual como la última vez en que...
   -Decidió abandonarnos a mi madre y a mí-se anticipó Dionisio con un dejo de rencor.
  
   Su supuesto padre no respondió.

   -¿Y a qué vino?-le preguntó ahora Dionisio en un tono más despectivo.
   -Alguien me dijo que estuviste buscándome y...
   -Eso fue hace mucho tiempo.

   De pronto Osvaldo sacó de entre sus ropas un arma y les apuntó.

   -¿Pero que está haciendo?-preguntó con asombro Clarisa.
   -Usted no es mi padre-intervino Dionisio ahora mirándolo al tipo con terror.
   -Sí que lo soy. Acabo de salir de prisión y vine a ver a la puta de tu madre para pedirle unos pesos.
   -Usted es un...
   -¿Delincuente?, pues si lo soy. Estuve más de veinte años en la cárcel por culpa de esa perra.
   -¿Qué le hizo ella? 
   -Vos sos la respuesta.
   -¿Usted la violó y embarazó?
   -Y no sabés lo que disfruté al hacerlo. Y ahora tengo ganas de hacer lo mismo con tu novia, dale nena desnudate.
   
   Desesperado, Dionisio intentó arrebatarle el arma a Osvaldo pero no lo logró y éste le apunto directo a la cabeza.

   -Ahora vas a morir bastardo-le dijo a su hijo-, y cuando se disponía a consumar su amenaza Clarisa se interpuso y el disparo dio en su corazón matándola en el acto.

   Desencajado, Dionisio se abalanzó sobre su padre, lo tiró al piso, y esta vez pudo sacarle el arma a la que arrojó lejos. Luego se acercó a su novia y constató su deceso. Osvaldo con sangre en la comisura de sus labios lo observaba sonriendo y Dionisio volvió a abalanzarse sobre él golpeándolo tan salvajemente que terminó por matarlo. 

   Llorando tomó el teléfono y dio aviso a la policía que poco tiempo después rodeó la casa. Dionisio se entregó sin oponer resistencia.

   Intentó encender la luz de la sala pero la electricidad estaba cortada, buscó un papel, lo enrolló y lo encendió. Fue hasta donde se encontraba el tablero con  el disyuntor y la térmica y subió la tecla. Para su suerte la compañía eléctrica no había cortado la energía.

   Se dirigió ahora a la cocina, el polvo y la suciedad lo dominaban todo, abrió una de las alacenas y alargo su brazo para alcanzar algo que su madre había escondido muchos años atrás:

   -Si corrés peligro buscá en el fondo de la alacena-recordó Dionisio-, dejé encintada una 22 que me regaló tu tío para defendernos por si pasa algo.  
    
   Dionisio sonrió tristemente.

   -Defendernos por si pasa algo-se dijo en voz alta-. Y vaya que pasó-sentenció-, me pasó la vida por encima...

   Unos meses después un vecino llamó a la policía, del viejo caserón abandonado provenía un olor insoportable.

   Olía como a muerte...
    
    
   


   
   

PISANDO HOJAS (REFLEXIÓN)





Yo piso las hojas de los árboles cuando caen a las veredas por el simple hecho de que crujen. Y aunque parezca esto una tontera me devuelven a un pasado donde las cosas simples de la vida se convertían en algo único. Y cuando me doy cuenta de que si lo deseo puedo repetirlo tantas veces como se me antoje siento que estoy dándome un derecho a disfrutar una y otra vez y a buscar lo poco o mucho de lo que quedó de un ayer imborrable.

Yo piso las hojas de los árboles cuando caen a las veredas para abstraerme un instante del mundo avanzado en el que vivimos y siento, aunque ese acto sea algo efímero y una pavada, un regocijo indescriptible por saberme vivo y con ganas de seguir disfrutando de esos pequeños regalos que dios
me obsequia a diario.

Yo sigo pisando las hojas y veo que una vecina me observa riéndose de lo que estoy haciendo, ¿pero saben qué?, estoy seguro que ella hará lo mismo una vez que se asegure de que  ya di la vuelta en la esquina...



MAGA (CUENTO)

   

   Pedro era un hombre de unos 50 años, de buena contextura física y mirada franca. En sus años mozos había gozado de una buena reputación con las mujeres ya que era una persona muy atractiva. Sus amigos lo apodaban "Pedro Bello" por aquel entrañable personaje de los autos locos cosa que a él no le agradaba demasiado. Y aún hoy a su edad, seguía siendo bien parecido. 

   Todas las tardes, a la misma hora, y luego de salir de la fábrica de envases donde trabajaba como operario Pedro tomaba el ómnibus de regreso a su casa. Su esposa Irma lo esperaba con la cena preparada ya que él llegaba muy tarde y luego de comer se daba una ducha y se iba a dormir. 

   Una de esas tardes en que viajaba en el ómnibus observó a una bella joven que no le sacaba los ojos de encima y le sonreía. Ella era alta, morocha, tenía ojos color café y un cuerpo escultural, la chica impactó a Pedro de inmediato. Y al descender cerca de su casa, ella hizo lo propio y le habló:

   -¿Me invitás un café?
   -Es que debo llegar a mi casa-respondió él con timidez
   -Solo una taza de café y luego te vas, ¿Sí? -sugirió ella con una sonrisa demoledora.

   Pedro quedó descolocado y finalmente aceptó la propuesta. Esa mujer era tan bella que nadie en su sano juicio podría decirle que no-pensó para sí.

   Fueron a un barcito y charlaron por espacio de una hora, luego se dirigieron a un hotel cercano y terminaron haciendo el amor como nunca antes Pedro había experimentado. Y fue tal el cansancio que tenía que terminó por quedarse dormido hasta el día siguiente.

   Al despertar, se dio cuenta de que ella había desaparecido. Pedro se vistió rápidamente miró su reloj y se dirigió al baño para asearse un poco pero su sorpresa fu mayúscula cuando se miró al espejo. ¡Había rejuvenecido unos veinte años!

   El impacto por lo que vio hizo que se fuera para atrás y casi se vaya de pique al suelo aunque gracias a que pudo tomarse del toallero esto no ocurrió.

   Aún conmocionado, volvió a la cama y vio sobre ella una nota en una servilleta escrita con rouge.

   -No te asustes-decía la nota-.Todo lo que te ocurre tiene una razón y pronto lo sabrás

   La misiva de la chica que había pasado la noche con Pedro llevaba un nombre: Maga.

   Al salir a la calle, ella estaba esperándolo y como había pasado en el ómnibus le sonrió de una manera que él quedó nuevamente descolocado.

   -Mi nombre es Maga-dijo-, y pertenezco a un grupo llamado los Young. 
   -Pero, ¿Porqué me veo así?-preguntó Pedro aún incrédulo.
   -Es largo de explicar pero lo que puedo adelantarte es que si quieres pertenecer a nuestra tribu deberás cumplir ciertos requisitos.
   -¿Y quién te ha dicho que yo quiero pertenecer a tu grupo?
   -¿Es que no deseas ser joven y bello para siempre?

   Pedro se quedó pensando en lo que esa bella joven le decía pero de inmediato recordó a su esposa, a la que amaba con locura y se sintió culpable por haberla engañado. Nunca le fue infiel a pesar de que muchas veces tuvo la oportunidad al alcance de sus manos. pero esta vez le había fallado y comenzó a sentirse mal.

   -Quiero volver a ser el que era-le dijo a Maga.
   -Eso es imposible Pedro, una vez que haces el amor con uno de los nuestros te conviertes en una especie de vampiro y no hay vuelta atrás
   -¿Y por que me has elegido a mí?
   -Como te he dicho, es una historia muy larga y...
   -¡Dímelo Ya!-gritó Pedro enojado.
   -Está bien. Hace unos diez años un grupo de científicos halló una forma de lograr que un ser humano sea joven para siempre. Inyectaron un virus al que llamaron Amoris Jovenus en la glándula salivar de algunos voluntarios que se prestaron al experimento. Y los resultados fueron asombrosos. A partir de allí cada vez que uno de ellos tenía un contacto amoroso o besaba en la boca a alguien esa persona volvía a ser joven.
   -Pero lo que dices es una locura
   -No lo es, sin embargo y como te he dicho hay ciertos requisitos, por llamarlo de alguna forma que deben cumplirse para conservar dicha juventud adquirida.
   -¿Y cuáles son?
   -El efecto dura exactamente 7 días por lo tanto la única forma de conservarlo es buscar una persona y transmitirle el virus para regenerarse y mantenerse joven.
   -¿Me quieres decir que éste efecto me durará 7 días?
   -Así es
   -Entonces esperaré a que se me pase y...
   -Si no buscas mantenerte joven al pasar el tiempo estipulado éste ocasionará un efecto contrario y te convertirás en una persona treinta años mayor de la edad que tenías.
   -¿Pero que me has hecho? 
   -Perdoname, yo...

Pedro salió corriendo furioso y desapareció de la vista de Maga quién en voz alta dijo:
    
   -Nos volveremos a ver.
   
   Pedro pidió licencia en su trabajo y llamó a su esposa a quién le dijo que se iría unos días a una sucursal del interior por trabajo y en la empresa adujo que debía viajar para visitar a un hermano moribundo. 

   Alquiló una habitación en un pueblo de la provincia, bien alejado de su lugar de residencia y vivió esos días sin mayores sobresaltos. Pero el séptimo día se acercaba y aún no había decidido que hacer. Convertirse en un anciano o mantenerse joven para siempre.

   Faltando poco para que se cumpla la fecha límite reapareció nuevamente Maga. Al verla, Pedro enfureció:

   -Tú otra vez-le dijo con desdén
   -¿Cómo has estado Pedro?
   -Lejos de mi mujer y a punto de ser un anciano. Cómo quieres que me sienta.
   -¿No has disfrutado de tu juventud?
   -Mi juventud la he vivido plenamente en otra época, ahora deseo ser el hombre feliz que era pero tú me lo arrebataste para poder mantener esa ficticia vida que tienes.

   Maga se quedó observándolo en silencio por un momento. Luego se acercó lentamente y él la apartó de un empujón.

   -No volveré a caer en tus garras. ¡Vete!
   -Es que me siento culpable por lo que te sucede y si no te beso o hago el amor contigo tú ya sabes. 
   -Solo quieres estar conmigo por conveniencia, me parece todo muy extraño. 
   -Esta vez te equivocas, si lo hubiese deseado ya estaría con otro hombre o con otra mujer.
   -Dime la verdad ¿A que has venido Maga?
   -Me he enamorado de ti perdidamente.

   Ella volvió a acercarse y esta vez el no la apartó, se besaron apasionadamente y luego ingresaron al hotel donde Pedro le hizo el amor con pasión pero también con furia por lo que estaba viviendo. Quería lastimarla pero también gozaba como nunca antes en su vida. Cuando terminaron los dos se recostaron boca arriba exaustos.

   -¿Que le diré a mi esposa?-expresó él con tristeza-Ni siquiera puedo acercarme a ella
   -Ya no hay nada que decirle Pedro, ven conmigo y únete a nuestra tribu, seremos felices para siempre.

   Pasaron algunos años y Pedro nunca regresó a su casa, ni siquiera intentó un contacto con su esposa. Vivió un intenso romance con Maga pero un día se separó de ella y siguió su vida buscando cada siete días a una mujer para lograr llevarla a la cama, o al menos besarla apasionadamente para mantener su eterna juventud y traspasar el virus.

   Pero un día se cansó de todo aquello y regresó a su hogar. Su casa había sido vendida y no había rastros de su esposa. Preguntó a varios vecinos y nadie supo decirle sobre su paradero.

   Una vecina le comentó que ahora en la que había sido su casa desde hacía un tiempo vivía una hermosa mujer llamada Maga con su joven novia.

   Era Irma, la mujer de Pedro... 


  


    

OTRO PLANO (CUENTO)

   

   

   El hospital estaba lleno de gente. En la guardia los médicos intentaban salvar la vida de un paciente.

   -Utilicen el disfibrilador-ordenó el médico.
   -Abranle el pecho y masajeen su corazón-dijo otro facultativo.
   -¡No hay pulso!-gritó la enfermera.
   
   Pasaron varios minutos y nada pudo hacerse.

-La muerte se produjo a las 23:15-comentó el jefe de guardia-, iré a comunicarle a la esposa, luego firmaré la partida de defunción.
   
   Sonó el teléfono en la casa de Villa Lugano, eran las 23:15 de un sabado de otoño.

   -¿Hola?-contestó el dueño de casa.
   -Soy Valeria.
   -Ah vos,-respondió Alejandro-. ¿Que querés?
   -Verte.
   -Ahora no puedo, estoy estudiando.
   -Dale Alejandro, necesito que me escuches.
   -Chau Valeria.

   El médico salió al pasillo y de inmediato Valeria se acercó a él

   -Lo siento mucho señora-dijo el médico-, su marido no resistió y...

   Ella estalló en llanto...

   En la universidad Valeria esperó a que Alejandro llegara y lo enfrentó.

   -¿Otra vez vos? 
   -Es la única forma que encontré para que hablemos.
   -Ya está todo dicho, te vas a casar con Leandro.
   -No si vos me pedís que no lo haga.
   -No lo voy a hacer, el es mi amigo de toda la vida.

   Alejandro fue llevado por dos camilleros que lo despositaron en la ambulancia de la cochería.

   La iglesia estaba atestada de gente, Valeria y Leandro se veían felices por cumplir el sueño que tenían desde la secundaria, unos metros más atrás Alejandro observaba la escena impávido.

   -Firme aquí-dijo el empleado de la funeraria a Valeria.

   Ella estampó su rúbrica y comenzó a llorar nuevamente.

   El Padre Daniel bendijo los anillos y poco después los declaró marido y mujer. Se fueron en un auto alquilado especialmente para la ocasión. Se sacaron unas fotos en un parque cercano y luego se dirigieron a la fiesta.

   La casa velatoria estaba repleta de gente, el recién fallecido gozaba de un gran respeto y cariño por todos. Había sido un buen tipo. 

   Los novios ingresaron al salón para disfrutar de su fiesta de casamiento, fueron recibidos con un fuerte aplauso por los asistentes incluido Alejandro que fue uno de los primeros que se les acercó y los abrazó.

   -Felicidades, los quiero mucho-expresó emocionado.
   -Nosotros también a vos-respondió el novio.

   Al día siguiente del velatorio, los restos de Alejandro fueron llevados al cementerio del sol distante a 20km de dónde residía.
Su esposa Valeria, su pequeño hijo Niceto, y su madre Lara iban en el primer auto. Detrás el cortejo acompañaba con sus autos particulares. Al llegar, el padre Daniel esperó el ataúd en la pequeña capilla para darle el último adiós a una persona a la que había querido mucho.

   Valeria y Alejandro bailaban el vals mientras el fotógrafo retrataba la escena para la posteridad. De pronto el flash de la cámara los encegueció a los dos y poco después ella se encontró al lado de un féretro rodeada de mucha gente conocida. Comenzó a marearse y poco después cayó desmayada.

   Al volver en sí, su marido y varios invitados a la boda estaban proporcionándole agua que ella bebía de a pequeños sorbos.

   -¿Estas bien mi amor?-le preguntó su marido.

   Ella lo observaba extrañada y sin responderle. Hasta que en un momento preguntó por Alejandro.

   -¿Quién es?-le dijo su marido.
   -Nuestro mejor amigo-respondió ella.
   -Evidentemente aun te dura el mareo y no puedes volver totalmente a la realidad. ¡Por favor llamen a un médico!

   Alguien llamó al SAME, un rato después dos paramédicos estaban atendiendo a Valeria. Uno de ellos le pareció conocido.

   -Pero usted es el que me dijo en el hospital que mi marido había muerto.
   -Señora-respondió el medico-. Su marido está aquí a su lado.
   -¿Dónde está Alejandro?-preguntó ella.

   El padre Daniel aun muy conmovido terminó con la ceremonia, agachó la cabeza y posó su mano derecha en el féretro. Poco después seis hombres entre familiares y amigos tomaron una manija del ataúd y comenzaron a caminar hacía la tumba.Uno de ellos era Leandro.

   Detrás y en primera fila Valeria, su hijo y su suegra con un ramo de flores seguían al féretro en un silencio que solo se cortaba con el llanto.

   Los paramédicos le aconsejaron a su flamante marido Leandro llevar a Valeria al hospital para realizarle algunos estudios, si bien y en lineas generales su estado era óptimo seguía delirando y llamando a una persona que nadie conocía: Alejandro.

   Los sepultureros esperaron que el ataúd llegara hasta el fondo del pozo con la máquina encargada de esa tarea y comenzaron a echar tierra. Los asistentes arrojaban flores, comenzó a lloviznar.

   Valeria ingresó al hospital y fue llevada a la guardia, un par de horas después salió y se sentó en el hall a esperar que Leandro venga a buscarla. Su flamante esposo había ido a retirar unos estudios que el doctor había pedido con urgencia.

   De pronto se abrió una puerta y de ella salió el médico que la había atendido en el salón de fiestas.

   El doctor salió al pasillo y de inmediato Valeria se acercó a él

   -Lo siento mucho señora-dijo el médico-, su marido no resistió y...

   Unas horas después Valeria fue internada en un Neuropsiquiátrico debido a que no podía disociar las realidades que vivía.

   Seguía preguntando por Alejandro aun vestida de novia...



 Su mente se encontraba en otro plano...