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LA CASA DE LA CALLE MALDONADO N°13





La casa era sencilla pero muy coqueta, el matrimonio compuesto por Osvaldo y Casandra la adquirió con mucho esfuerzo luego de sacar un crédito hipotecario que tendrían que terminar de pagar en veinte años.
A Osvaldo lo único que le preocupaba de la casa era que tenía el número 13, él era muy supersticioso e intentó en varias reuniones con funcionarios municipales que le permitieran cambiarlo sin éxito. El matrimonio tenía un buen pasar económico, los dos trabajaban en empresas medianas y ganaban un generoso sueldo que les permitía no solo afrontar el costo que demandaba el crédito si no que también adquirir todo lo necesario para el confort de su nuevo hogar. Habían pasado dos meses de la mudanza y las cosas para Osvaldo y Casandra comenzaron a ir de mal en peor. Primero fue ella quién perdió su empleo y luego al poco tiempo él también se quedó sin trabajo. Los problemas aparecieron de la noche a la mañana y la pareja comenzó a tener graves inconvenientes para pagar las cuotas del crédito hasta que un día decidieron entregar la casa pero extrañamente el banco les ofreció una salida y ellos, felices, aceptaron y se quedaron a vivir en la casa de la calle Maldonado N° 13. Sin embargo, y a pesar de esto los dos solo consiguieron trabajos en los que les pagaban casi un 70% menos de lo que antes percibían. Ella como recepcionista y el como chofer en la misma agencia de remises. Sumado a esto, comenzaron las peleas en la pareja ya que el dinero no alcanzaba y las deudas se iban acumulando día tras día, y sobre todo la del crédito hipotecario, pero nuevamente el Banco increíblemente les dio  una nueva chance y les bajó la cuota para que puedan pagarla.
Cierto día Casandra volvía de hacer las compras y se topó con Doña Encarnación, una anciana de mal aspecto que todos los vecinos tildaban de bruja. 
-¿Eres Casandra verdad?
-Si señora, ¿cómo sabe mi nombre? me mudé hace unos pocos meses al barrio. 
-Yo lo sé todo.
-Bueno si me disculpa tengo que ir a preparar la cena para mi marido.
-Osvaldo.
Casandra ya un poco molesta por que esa mujer sabía demasiado intentó ser amable y se despidió.
-Debo irme señora.
-Mi nombre es Encarnación.
-Fue un placer conocerla.
-Un día necesitarás de mí.
-No lo creo, adiós.
Casandra caminó con paso apurado hacia la casa de la calle Maldonado N°13 y al llegar casi le da un síncope cuando en la puerta volvió a toparse con Encarnación.
-Pero usted-le dijo asombrada-, no puede haber llegado antes que yo.
-Pues aquí estoy y te diré algo.
-Por favor señora, hagase a un lado y déjeme tranquila.
-Muy pronto quedarás embaraza.
-¿Pero qué dice? si yo...
-Me vas a decir que no podés tener familia.
-¿Y usted como lo sabe?
-Ya te lo dije, yo lo sé todo.
-¡Déjeme en paz por favor!
Encarnación largó una risotada y se fue. Casandra se quedó observándola con cierto temor e ingresó a la vivienda.
Su marido todavía no había regresado así que decidió tomar una ducha para después preparar la cena. Se dirigió al baño y al ingresar casi le da un infarto, sentada en el inodoro se encontraba Encarnación.
-¿Cómo entró acá?
-Tranquilizate nena, tendrás que acostumbrarte a verme seguido.
-¡Váyase por favor! ¡Váyase!
La bruja ni se movió, entonces Casandra intentó tomarla de un brazo, pero una poderosa fuerza invisible la arrojó dentro de la bañadera, haciéndole golpear su cabeza contra uno de sus bordes y se desmayó. Su marido llegó un rato después y comenzó a llamarla, vio la luz encendida del baño y fue hacia allí encontrándose con su esposa que tenía un corte en la cabeza y se encontraba dentro de la bañadera.
 -¡Casandra!-gritó-, y corrió a socorrerla. 
Ella volvió en sí y aún un poco mareada le señaló hacia el inodoro balbuceando.
-La bruja, la bruja.
-¿De qué mierda hablás?, estás delirando, te llevaré al hospital.
La subió al auto y poco después ingresaron a la guardia del Carrillo en Ciudadela. Una enfermera le hizo las primeras curaciones y luego el médico a cargo la revisó.
-Haremos unos análisis para saber la razón del desmayo-le explicó.
-Pero yo no me desmayé, una señora ingresó a mi casa y...
-Shh, querida, haremos caso al médico-intercedió Osvaldo.
Ella guardó silencio. Un par de horas después el médico regresó con los estudios rascándose su cabeza y les habló.
-Señora, está embarazada. Es muy extraño por que usted no tendría que estarlo.
El marido se quedó con la boca abierta, Casandra en su adolescencia había sido vaciada por un tumor en el útero.
-Pero doctor-dijo él-, es imposible por que mi mujer...
-Lo sé señor, su mujer ya no tiene útero, ordené realizar nuevos estudios, quizás haya un error.
Todos los estudios confirmaron lo que parecía imposible, Casandra estaba embarazada de casi ocho semanas. 
-Le sugiero-dijo el médico-, que solicite un turno con un buen obstetra.
-Pero doctor-respondió ella- ¿Como se puede explicar esto?
El facultativo no supo que responder, solo le sugirió nuevamente que buscara a un especialista.
Cuando salía del hospital se encontró a Encarnación que dialogaba animadamente con el cura párroco de la iglesia que se encontraba enfrente del nosocomio. Al verla, Casandra se acercó y la increpó.
-¡Usted se metió en mi casa y me agredió!-le gritó.
Encarnación se dio vuelta, mientras el cura y el marido de Casandra observaban la escena asombrados.
-¿Estás embarazada o no?-respondió la bruja con ironía.
-¡Vieja de mierda!-la insultó Casandra-, ¡salga de nuestras vidas!
-No puedo querida-le respondió.
-¿No puede?
-Ve a confesarte con el Padre Luis, él podrá alivianar tu ira.
-¡No necesito un sacerdote!-volvió a gritarle Casandra-, aléjese de mi o...
-Pobrecita-dijo Encarnación mirando al cura y al marido-, la noto un tanto desequilibrada, quizás deban acudir a un profesional de la psiquiatría.
Casandra intentó agredirla pero el marido se interpuso.
-Vamos querida, estás aún abrumada por todo, te llevaré a casa.
-¡No puedo estar embarazada!-gritó en un llanto-¡Esto es una maldición!
Transcurridos unos meses y luego de muchos estudios que le realizaron varios especialistas con interconsultas permanentes entre ellos no lograron llegar a ninguna conclusión del proqué esa mujer llevaba un hijo en su vientre. El feto se encontraba en perfectas condiciones. El matrimonio sufrió una crisis ya que él aceptó con felicidad la próxima llegada de un hijo pero ella lo atribuía a una maldición lanzada por esa bruja de Encarnación.
Una tarde, y al cumplirse los ocho meses de gestación el marido de Casandra sufrió un infarto y falleció. Ella cayó en una profunda depresión que no logró afectar a su embarazo. Poco días después, el banco le envió una nueva carta anunciándoles que ya no tenían deudas sobre su casa. Encarnación por su parte no la molestaba, aguardaba en la puerta día y noche sin que ella lo notara. Unos primos de Casandra que vivían en el sur del país se quedaron para acompañarla ya que eran su única familia pero les avisaron repentinamente que uno de sus hijos había sufrido un grave accidente y regresaron a su pueblo inmediatamente. Ella se quedó sola y cada vez se deprimía más. Su médico, que la visitaba frecuentemente le aconsejó que se internara aunque le aclaró que el hijo que llevaba en su vientre seguía en perfecto estado. Casandra se negó. También el Padre Luis intentó acercarse pero también se negó a recibirlo. Finalmente llegó el día del parto pero por una extraña razón ese día se desató una gran tormenta que inundó todos los alrededores de la casa y no pudieron llegar a rescatarla. Encarnación entonces ingresó y fue a la habitación, llevaba toallas limpias y un gran recipiente con agua. Casandra al verla intentó decirle algo pero eran tantos sus dolores que se entregó. La vieja hizo bien su trabajo de partera, trajo al mundo a un hermoso bebé y se lo llevó sin que Casandra, exausta, se diera cuenta. Un par de semanas después esta desapareció pero nadie reclamó por ella , fue como si se la hubiese tragado la tierra. Con Encarnación sucedió lo mismo.

La casa pasó a manos del banco, una deuda de los difuntos no pagada apareció en sus registros. Luego de los trámites correspondientes, una inmobiliaria colgó el cartel de venta. 
El municipio finalmente aceptó el reclamo que el difunto Osvaldo había realizado por el cambio de número de la vivienda ya que realizaron un relevamiento en toda la localidad de Ciudadela.  

Ahora la casa de la calle Maldonado tenía el número 666...







  
     
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