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LA PINTURA (CUENTO)

 




   Una tarde  fui a ver la  muestra de un pintor ya fallecido y que en un catálogo donde se lo promocionaba me había llamado la atención por su forma de describir ciertos paisajes y también el daño que él mismo le produjo a muchas de sus obras utilizando su pincel como una daga que se clava en el corazón de su propio arte. Fue tal mi curiosidad por lo que veia que intenté consultarle a un experto sobre este particular personaje. Es más, me extrañaba de sobremanera que esas obras masacradas fueran también exhibidas en dicha exposición.

   Es así que pocos días después me reuní con Alfonso Torres Drago quién había adquirido toda la obra del artista y me invitó a que lo visitara en su casa del barrio de Balvanera.

  Al llegar, fui atendido por su ama de llaves que me hizo pasar y me condujo por una galería cerrada que desembocaba en el despacho del señor Torres Drago. Mientras lo hacíamos me sorprendió gratamente ver en sus paredes y colgados, cuadros de muchos excelsos pintores de gran renombre ya sea contemporáneos o de las épocas de oro. También había retratos de algunos de ellos como  Dalí, Quinquela, Picasso, Soldi, entre otros grandes.

  El experto me aguardaba en la puerta de su despacho, me dedicó una amplia sonrisa y extendió su mano derecha la cual estreché fuertemente.

   - Buenos días señor Corrado-saludó él.
   - Buenos días señor Torres Drago, gracias por recibirme.
   - Es un placer, pero digame Alfonso por favor.
   - Como usted diga.
   - Pase.

   Ingresamos al despacho que estaba decorado al igual que la galería con pinturas y retratos de varios pintores. Eché un breve vistazo y Alfonso invitó a que me sentara frente a su escritorio. Detrás del mismo había un gran ventanal que daba a un maravilloso parque.

   - Hermosa vista.
   - Sí que lo es, ¿verdad?-respondió el con cierto orgullo-, yo personalmente me encargo de su cuidado.
   - Lo felicito.
   - Gracias, pero vayamos a lo nuestro. ¿Qué quiere saber del Maestro Flores Trejo?
   - Sé que usted adquirió todas sus pinturas.
   - No están a la venta.
   - No era mi deseo adquirirlas.
   - ¿Entonces?
   - Me ha llamado la atención las pinturas dañadas por el artista.
   - A decir verdad, cuando compré la colección dudé un momento en llevarme también las pinturas dañadas, pero al fin de cuentas también fueron parte de su arte ¿No lo cree?
   - Mi idea no es realizar una crítica sobre su obra si no particularmente sobre el daño que hizo en algunas de ellas,¿usted sabe algo de eso?
   - Por supuesto, en oportunidades, y según dichos de su nieta a quién le compré los cuadros Flores Trejo sufría de una especie de delirio temporal que lo convertía en alguien agresivo, y a veces, sus obras sufrían el ataque que el artista les propinaba sin razón alguna.
   - Hay una en particular que me ha llamado la atención.
   - Usted dirá.
   - La casa del campo.
   - Una obra estupenda, en realidad, podría haberlo sido. ¿Pero qué le llamó la atención de ella?
   - No me lo va a creer.
   - Inténtelo hombre.
   - Fui varias veces al salón de exposiciones y cada vez que la observo es como si se estuviese recomponiendo.
   - No puede ser, quizás haya ido en diferentes horarios y la luz provocó que...
   - No creo que sea la luz, y en todo caso, ¿como usted podría saberlo? ¿lo notó como yo?

 Alfonso se quedó unos segundos en silencio, como si estuviese en un trance, evidentemente él había visto algo. Entonces decidí presionarlo un poco más.

   -¿Usted notó esos cambios verdad?
   - Le voy a pedir por favor que se retire.
   - Pero Alfonso ¿lo he ofendido en algo?
   - Váyase

  No tuve más remedio que retirarme, la amabilidad de aquel hombre de pronto se transformó en una máscara rencorosa.

  Visité la exposición durante varios días seguidos y a ciertas horas diferentes tratando de seguir el patrón que Alfonso había indicado pero no hubo razón alguna que indicara que la recuperación de la pintura que se recomponía día a día como por arte de magia fuese un efecto, al contrario, todo era muy real y al cabo de unas pocas semanas estaba totalmente restaurada.

   Yo no creo en fantasmas ni mucho menos, pero en este caso parecía como si el pintor o su espectro hubiese trabajado en la reconstrucción de su obra. Intenté contactar a Alfonso pero no hubo caso, por la exposición no aparecía y en su casa el ama de llaves siempre me decía lo mismo, "no sé cuando vuelve el señor, está de viaje".

   Pero el último día que se expuso la colección de pinturas y luego de indagar a varios de sus asistentes por el paradero de Alfonso, uno de ellos admitió que sabía donde se encontraba y me lo dijo:

   - El señor Alfonso se fue unos días a descansar a su casa de campo en Bragado.
   - ¿Sabe usted cuando regresa?
 
  El asistente negó con la cabeza.

   Decidí entonces retirarme del lugar pero hubo algo que me causó escalofríos. Al pasar por donde estaba la pintura que se había reconstruido sola y por la cual le pregunté a Alfonso, ahora lo tenía a él en la misma parado en la puerta de la casa del campo. Su cara mostraba signos de terror y sus manos parecían estar pidiendo ¿ayuda?


   FIN






 
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