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EL ÚLTIMO CAFÉ (CUENTO)

 


   Alberto salió del hospital, cruzó la calle e ingresó al bar. Iba vestido con un ambo azul y una gorra del mismo color. Tomó asiento en una mesa que daba a la ventana y una camarera se acercó a tomarle el pedido.

  -Buenos días señor, ¿que le traigo?-preguntó ella mostrando una impactante sonrisa.
  -Buenos días señorita, creo que con su sonrisa me bastaría para tener una gran jornada-respondió el.
  -¿Entonces se conformará con mi sonrisa nada más?
  -Me encantaría, pero por ahora deberé conformarme con un café.
   A partir de ese día y durante cinco meses Alberto salía del hospital y se tomaba un café para luego regresar al nosocomio. Se hizo muy amigo de la camarera aunque y extrañamente ninguno de los dos le preguntó nunca al otro sobre su vida privada.

   Al cumplirse el quinto mes desde que Alberrto pisó por primera vez el bar le dijo algo a la camarera  que la confundió.

   -Señorita, este es el último día que me verá por aquí.
   -¿Pero por qué señor?
   -Mis días en el hospital han concluido.
   -Me apena escuchar eso, ¿usted es doctor?
   -Diculpeme, pero prefiero reservar mi identidad. Igualmente le digo que mi nombre es Alberto Bennet y que cada mañana ingresará a esta hora y en donde usted se encuentre una brisa fresca que acariciará su rostro.

   Dicho esto, Alberto se levantó y se fue.

   La camarera se quedó intrigada y luego de terminar su día laboral cruzó al hospital para buscar información sobre aquel señor tan amable al que había atendido en el bar durante cinco meses consecutivos. Nadie supo decirle si era un médico, un enfermero o alguien que trabajara en el hospital.

  Al día siguiente y a la hora en que Alberto tomaba su café una brisa fresca ingresó por la ventana y acarició el rostro de la camarera que casi se cae del susto.

   El dueño del bar al ver que su empleada se tambaleaba corrió hacia ella y la sostuvo.

   -¿Rita estás bien? -le preguntó el hombre prreocupado.
   -Si, si-respondió ella un tanto conmocionada.
   -Querés que te lleve al hospital.
   -No, gracias patrón, estoy bien.
   -Estás pálida, al menos deberías ir a que te vean en la guardia.
 
   De pronto, la camarera se fue de pique al suelo y cuando despertó se dio cuenta que estaba internada en el hospital. Su patrón se encontraba a su lado tomándole la mano.

   -Por fin niña-le dijo-, me has dado un susto de aquellos.
   -¿Qué me pasó?
   -Te desmayaste y te traje aquí, luego de hacerte unos estudios los médicos descubrieron que tuviste un ACV. Te operaron y entraste en un coma profundo.
   -¿Cuanto tiempo estuve en ese estado?-preguntó Rita.
   -Hoy se cumplen cinco meses, pero ¿porqué lo preguntás?
 
   Ella no supo que responder.

   Por la noche y cuando la chica se encontraba sola ingresó al cuarto Alberto, vestía un ambo azul y una gorra del mismo color.

   -Hola preciosa-le dijo cariñosamente.
   -¿Alberto?
   -Si mi amor, soy yo, tu esposo, ¿podés recordarme?

   Ella lo observaba y en su mente reapareció aquel ¿sueño'? que tuvo pero al que decía ser su marido lo recordaba como a un cliente que concurría al bar todos los días hasta que...

   -La brisa fresca me rozó Alberto, tal como me dijiste-le dijo.

   Él le sonrió, besó su frente y le dijo:

   -Eso está muy bien, ahora descansa.

   Dicho esto le acarició su cabeza y esperó a que Rita se durmiera.
 
   Unos días después Rita fue dada de alta en el hospital, Cuando salía en una camilla por una puerta lateral levantó su cabeza y miró hacia donde estaba el bar. Para su sorpresa, el mismo se encontraba cerrado y parecía que hacía muchos años que se conservaba en ese estado . Su fachada lucía de forma deplorable y daba la sensación que en cualquier momento una de sus paredes se vendría abajo.

   A su lado se encontraba su patrón quién fue interrogado por Rita.

   -¿Pero patrón que sucedió con su bar?
   -¿Patrón?-respondió el hombre-, ¿por que me llamás así?. ¿Y de qué bar hablás?
   -De ese que está enfrente-dijo ella mientras los camilleros la introducían en la ambulancia.
   -Hija, no tengo la menor idea de que me hablás, yo soy tu padre y nunca fui dueño de ningún bar.
   -Usted no es mi padre.
   -Por favor-le pidió a uno de los camilleros-, vayan a buscar al doctor Gervacio Andrada, él es el neurólogo de mi hija.
   -Pero patrón...
 
   Rita fue internada nuevamente por orden del especialista y luego de realizarle nuevos estudios descubrieron un nuevo coágulo en su cabeza siendo intervenida quirúrgicamente. Volvió a entrar en coma pero esta vez no hubo esperanzas de que su cerebro volviera a responder.

    Alberto salió del hospital, cruzó la calle e ingresó al bar. Iba vestido con un ambo azul y una gorra del mismo color. Tomó asiento en una mesa que daba a la ventana y Rita se le acercó para tomarle el pedido.

  -Buenos días señor, veo que ha regresado-dijo ella sonriéndole- ¿que le traigo?
  -Buenos días Rita-respondió Alberto-, he venido por vos, ya es hora de que me acompañés.

   Los dos salieron del bar tomados de la mano y se perdieron al doblar la esquina.

   Alberto había fallecido dos años antes en el mismo hospital dentro del quirófano donde no pudo resistir a una operación de urgencia luego de  sufrir un accidente de tránsito...
 
 

 
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