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SERÁS LO QUE QUIERAS SER (CUENTO)

   


   Luis salió de su casa bien temprano, caminó las tres cuadras que lo separaban de la parada del colectivo y mientras lo hacía recordaba aquella noche cuando aun siendo un niño su padre le dijo:

   -Cuando llegue el momento te darás cuenta de que serás lo que quieras ser...

   Subió al ómnibus, le dijo al chofer hasta donde iba  y acercó su tarjeta SUBE a la máquina. Le costó acomodarse ya que  a esa hora mucha gente viajaba rumbo al trabajo, a estudiar o a hacer trámites, vaya a saber uno. Al fin pudo colocarse cerca de la puerta del medio y observó como casi todos los demás y salvo un puñado de personas que iban durmiendo solo observaban como autómatas sus teléfonos celulares. Nadie se detuvo a mirarlo. Nadie se percató de su presencia.-Serás lo que quieras ser-

   Sacó de su cartera un rouge y se pinto los labios, luego un peine y se arregló el cabello, nadie se detuvo a observarlo, todos se ocupaban de no perderse nada de lo que sucedía en sus teléfonos celulares, -serás lo que quieras ser-
   
   Luis llegó a su destino y se bajó, caminó por una avenida que a esa hora se encontraba desierta e ingresó a un viejo bar que se ubicaba en una esquina. Eligió una mesa pegada a la ventana y se sentó, momentos después se acercó el mozo.

   -Traigame una caña-le pidió.

   Sin mediar palabra el mozo se alejó y poco después volvió con el pequeño vaso lleno de la bebida blanca. Luis sacó de su bolsillo un billete de cien pesos y le pagó.

   -Quedate con el vuelto.
   -Gracias señorita.
  
   Luis se lo quedó mirando, no sabía si lo de señorita era por que realmente se parecía a una o por que el tipo lo estaba ignorando como todos los demás. -Serás lo que quieras ser-

   Salió del bar, le costaba caminar con esos zapatos de tacos altos y casi se va de pique al suelo dos veces pero pudo mantener la vertical y siguió su camino, ya había amanecido y el sol brillaba bien fuerte, comenzó a sudar y de su cartera sacó un pañuelo secándose la frente que era una mezcla de agua y maquillaje derretido. -Serás lo que quieras ser-

   LLegó a su destino y golpeó la puerta de la vieja casa que se presentaba ante él. Poco después un sujeto alto y muy delgado atendió.
  
   -Vos sos la nueva-le dijo seguro de que era él/ella.
   -Sí contestó Luis vengo por el laburo de copera.
   -Pasá, caminás hasta el fondo y pasas la cortina de plástico. Si querés sentate en la silla que hay ahí y esperás, el vasco no llegó todavía. Luis hizo lo que le pidieron mientras volvió a recordar a su padre. -Serás lo que quieras ser-

   Mientras esperaba sentado en una vieja silla de plástico color blanca echó un vistazo a su alrededor. Todo en ese lugar parecía estar por caerse. Las paredes con humedad, un par de cuadros con la foto de Maradona en uno y de Tita Merello en el otro que ya estaban descoloridos y a punto de venirse al suelo también.

   De pronto entró el vasco y sin siquiera mirarlo, abrió la llave del gas y encendió uno de los mecheros de la cocina, tomó una deplorable pava abollada y la llenó de agua para ponerla a calentar.

   -Asi que sos Leonor-le dijo el vasco-, me hablaron bien de vos.
   -Soy la mejor-respondió Luis con gran seguridad en sí mismo.
   -¿Mirá que los clientes son exigentes eh?
   -Yo también lo soy y muy profesional.
   -Si te portás bien, te pago bien, si te portás mal...
   -Me pagás mal-se anticipó Luis sonriendo.
   -No, te mato directamente.
   
   Luis se quedó callado, y el vasco se dio cuenta de que había logrado su cometido. Que ese traba lo tomara en serio.

   -Está bien empezás hoy, al flaco que te atendió le decimos leche y te va a decir  que hacer y es el que te va a garpar, a mí me vas a ver en el boliche nada más.  
   -Ok
   -Ahora salí de mi vista traba.
   
   Luis se levantó de la silla, miró al vasco con asco y salió. El leche lo esperaba en la calle. -Serás lo que quieras ser-

   -Vamos-le dijo secamente.

   Caminaron tres cuadras hasta un boliche que estaba en Brasil y Piedras. En la puerta un patovica los recibió y les franqueó el paso sin mediar palabra alguna. El lugar era oscuro y olía a orín, humedad y tabaco viejo.-Serás lo que quieras ser.

   Luis/Leonor fue conducida por el leche al salón, cuatro o cinco travestis bailaban solos en la pista y unos cinco o seis clientes alzaban sus vasos y les proferían insultos. -Serás lo que quieras ser.

   -Andá a la barra y si uno de los clientes te saca a bailar lo hacés-le ordenó el leche-, si te pide lo que ya sabés, lo hacés, pero antes le sacás 200 mangos y un trago. -Serás lo que quieras ser.

   Luis/Leonor se acostumbró a la penumbra del lugar, le pidió una caña al de la barra y esperó a su primer cliente. -Serás lo que quieras ser.

   Un tipo se le sentó al lado, olía a cualquier cosa menos a limpio, Luis/Leonor evitó una arcada que le vino y lo abrazó. -Serás lo que quieras ser.

   De pronto ingresó el vasco con otro tipo, se sentaron en una mesa que se encontraba en el fondo del boliche y mientras les servían unos tragos el dueño de ese nefasto lugar recibió tres bolsitas con cocaina. Se pusó su mano derecha en el bolsillo y sacó un fajo de billetes y se los entregó al dealer.

  Luis/Leonor que observaba la escena desde la barra, se acercó lentamente, sacó de su cartera un arma y gritó:

   -¡Policía federal, quedan todos detenidos!

   -Serás lo que quieras ser-. Siempre Luis quiso ser un buen policía y vaya si lo era...
  
   





    
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