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REALIDADES (CUENTO)

 
         
                                                             

   El jefe de redacción del diario donde trabajo hace diez años me envió a entrevistar  a un hombre que habìa sido duramente golpeado por una patota en un barrio marginal donde residía..
   -Una nota más que se suma a la violencia que a diario se vive en el país-me dije.
   Al llegar al hospital público donde estaba este señor internado tuve la sensación de que me estaba introduciendo en una verdadera tienda de la Cruz Roja actuando en alguna guerra de las que a menudo hay en el mundo. Vi gente tirada en el piso esperando a que se les atendiera, me encontré con heridos de bala, acuchillados, mujeres golpeadas, entre tantos otros casos que marcaban a fuego una realidad que pocos ven y muchos padecen a diario.
   Intenté preguntarle a una enfermera por el paradero de Juan Pezoa y solo recibí por parte de ella un empujón debido a que se dirigìa rápidamente a recibir a un nuevo paciente que ingresaba al nosocomio.
   Finalmente pude ubicarlo, el tipo se encontraba internado en el tercer piso y hacia allí me dirigí.
   Al tratar de ingresar a la habitación, alguien se interpuso en mi camino y me increpó. Era una joven de unos veinte años, muy bonita por cierto, pero con un carácter demasiado fuerte para mi gusto.
   -¿Quién es usted?-me preguntó con cara de pocos amigos.
   -Mi nombre es Daniel Torres y soy del diario Uno-respondì.
   -¿Y què busca?
   -Perdón señorita-dije-.¿Usted es familiar de Pezoa?
   -Eso a usted no le importa, váyase por donde vino-replicó.
   -Debo hacer mi trabajo y...
   -¡Váyase!-gritó ella mientras me daba un empujòn.
   De pronto se escuchó la voz de Pezoa hablándole a la joven.
   -Dejalo entrar hija-le dijo.
   -Pero Papá debés descansar y...
   -Hacé lo que te pido.
   Ella se hizo a un lado y me mirò furiosa saliendo poco después de la habitaciòn mientras proferìa insultos al aire.
   Me acerqué a la cama y me senté en una silla que se encontraba junto a la puerta. Mientras me acomodaba le eché un rápido vistazo a la habitación, ésta se encontraba en un estado deplorable. Sus paredes estaban llenas de humedad, el techo descascarado a punto de caerse y el baño era algo impresentable.
   -Señor Pezoa-comencé a preguntarle-¿Quienes le hicieron esto?
   -Un puntero de mi barrio-respondió él con una voz que apenas pude escuchar.
   -¿Y sabe la razón?
   Pezoa que hasta ese momento no me habìa mirado, giró su cabeza y con visible tristeza respondió.
   -La razón es que yo no me corrompo.
   -Explíquese.
   -Soy un simple habitante de la villa, vivo en ese barrio hace más de veinte años y veo morir chicos todos los días por causa de esa puta droga que les dan.
   -O sea que se les plantó y pagó las consecuencias.
   -Mire señor, solo le diré que lucho todos los días para que mis vecinos tengan un mejor porvenir pero lamentablemente existe gente que no acepta esto, se sienten muy cómodos allí dominándolo todo y no permiten ni permitirán que gente como yo quiera un cambio.
   -Lo entiendo
   -No, no entiende, solo los que vivimos en ese infierno lo entendemos.
   -Por favor déjeme ayudarlo.
   -¿En que podría usted ayudar señor periodista? Al contrario, solo nos perjudicaría más si su nota sale publicada.
   -Permítame disentir con usted, yo creo que haciendo esta denuncia pública quizás las autoridades actuen y....
   Él soltó una carcajada para luego toser y tomarse el estómago con visibles muestras de dolor.        
   Intenté acercarme pero de pronto reapareció su hija y me apartó bruscamente.
   -¡Váyase!-gritó.
   No quise contradecirla y me retiré del lugar. Regresé al diario y recibì luego de comentarle a mi jefe lo sucedido una reprimenda por no haber logrado llevarle la nota. Aunque eso no me importó demasiado. Solo deseaba ayudar a esa gente y me dispuse a investigar más sobre el tema.
  Al día siguiente me apersomé hasta el barrio donde se había producido el incidente pero al tratar de ingresar un grupo de cuatro personas me detuvo. Uno de ellos que parecía ser el líder me encaró.
   -¿Dónde cree que va?-preguntó mientras se levantaba su remera mostrándome un arma.
   -Soy periodista del diario Uno y vengo a cubrir una nota-respondí sosteniéndole la mirada.
   Un viejo amigo, conocedor de esos barrios, me había aconsejado una vez que nunca baje la vista si alguien intentaba amedrentarme en esos lugares.
   -Aquí no vas a entrar-dijo el tipo en un tono aún más amenazante.
   -¿Ustedes fueron los que agredieron a Pezoa verdad?-pregunté directamente.
   -Eso a vos no te importa, andate de acá o sos boleta
   No tenía opción, debía retirarme o esos delincuentes cumplirían con su amenaza. Decidí entonces alejarme y me fui hasta el hospital para preguntar como seguía la salud de Pezoa, sabía que allí tampoco sería bien recibido. Al hombre por suerte le habían  dado el alta y eso me tranquilizó.        
   Siempre fui de involucrarme en este tipo de casos y me indignaba mucho que esto estuviese sucediendo casi a diario.
   Me propuse entonces intentar ayudarlo. ¿Pero como hacerlo? . Solo contaba con mis publicaciones en los policiales del diario y por más que a los lectores les causara un cierto impacto, no serviría para mi propósito. Pero una tarde alguien vino a visitarme a la redacción. Era la Hija de Pezoa.
   La rigidez de su rostro de nuestro anterior encuentro se convirtió ahora en una expresión llena de dolor.
   -¿En qué puedo ayudarla señorita?-le pregunté expectante.
   -Esos mal nacidos volvieron a agredir a mi padre.
   -Lo siento mucho-respondí.
   -Ya no sé que hacer señor, he ido a la policía pero ellos no hacen nada.
   -La entiendo.
   - No, usted no entiende.
   -Le vuelvo a preguntar señorita, ¿Qué puedo hacer por usted?
   -Sé que usted fue policía antes de dedicarse a esto y pensé que podría...
   -Lo fui-interrumpí-.Pero hace muchos años.
   -Sé también que le dieron de baja por matar a tres delincuentes y que lo acusaron de gatillo fácil
   -Está usted en lo cierto pero me condenaron injustamente por el hecho
   -¿Entonces no va a ayudarme?
    Me quedé observando a la joven por un momento en silencio, sabía que si me involucraba tendría que hacerlo como ex policía y eso no me gustaba para nada aunque sentía también que necesitaba limpiar mi nombre.
   Contacté a un viejo amigo de la fuerza, Ramiro Ibañez al que habían ascendido al cargo de sub comisario inspector un año después de mi baja. Al verme pareció sorprendido pero se levantó de su despacho y me dió un abrazo.
   -¡Daniel!-exlamó- ¡Cuánto tiempo sin verte!
   -Hola Subco-bromeé.
   -Estás más gordo o me parece a mí.
   -Lo estoy.
   -¿Y en qué puedo ayudarlo señor periodista?-dijo él devolviéndome la broma.
   -Hay unos chicos malos que están molestando a gente buena.
   -Mi especialidad.
   -Por eso recurro a vos.
   -Qué sabés de ellos.
   Le relaté lo ocurrido con Pezoa, él me observaba en silencio y nunca me interrumpió hasta que terminé. Levantó el entrecejo y solo dijo dos palabras
   -Está hecho.
   Yo sabía perfectamente a qué se refería.
 
   La noche era cerrada. Todo era oscuridad en la villa de Los Aromos. De pronto, tres hombres irrumpieron en una casilla y realizaron cuatro certeros disparos, poco después se perdieron sin que nadie actuara para detenerlos. Al fin de cuentas un tiroteo entre bandas ocurría allí todos los días y nadie se sorprendía.
    Ibañez me llamó cuando llegó a un bar donde se reunían algunos policías adeptos a la causa.
    -Todo resultó según lo planeado-comentó-. Mañana enviaré a buscar a los mal nacidos.
    -Gracias Ibañez, te debo una.
   Ingresé a la villa un par de días después del incidente siendo recibido por un sonriente Pezoa y su hija.
    -Gracias dijo la joven. Es usted muy amable por habernos sacado de encima a esos perros.
   Su tono no me gustó demasiado, y corroboré algo tremendo que se estaba pergeñando.
   -Ahora-dijo Pezoa-.Podremos ocuparnos del negocio sin que nadie nos moleste.
   -¿Pero que está diciendo?-pregunté asombrado.
   -Esos no nos permitían vender el paco y se inmiscuían todo el tiempo para sacarnos del medio.
   -¿Usted me está diciendo que esto fue un engaño?
   -Tomelo como una deuda que tenía con mi familia y conmigo. Hoy la ha pagado de algún modo
   -No lo entiendo.
   -¿Recuerda una noche en que usted y varios policías ingresaron a la villa salvaje hace cinco años?
   -Si, lo recuerdo perfectamente, por que ese fue el final de mi carrera como policía.
   -En el hecho fue baleado un menor que luego murió en el hospital.
   -Darío Kazenabe
   -Ese es mi verdadero apellido y al que usted mató fue a mi hijo mayor.
   -Pero nunca lo vi en el juicio.
   Y ahí recordé que el tal Pezoa Cazenabe cumplía una condena por robo a mano armada y que su hija era solo una niña. Por eso nadie de la familia lo presenció.
   -Estamos a mano-dijo él-.Ahora váyase y digale a ese subco amigo suyo que ni se atreva a meterse conmigo y mi hija por que lo denuncio a él y a usted por el asesinato de esos jovenes.
   -No tiene pruebas.
    El tipo sacó un celular y me hizo escuchar mi conversación con Ibañez de la noche anterior.
   -Como verá, yo también tengo mis contactos. Y si intentan usted y su amigo algo, esta grabación será presentada ante un fiscal federal. Ahora váyase, mi hija y yo tenemos que seguir trabajando.
   -¿Me puede responder una pregunta?
   -Hágala y después váyase.
   -¿Esto fue una venganza o solo para seguir con su vil comercio?
   -Digamos que las dos cosas.
   -Entiendo que es un hijo de putas
   -Lo soy, como usted.
   -No, yo no enveneno gente para sacarle guita.
   -Puede ser que no, pero es un asesino y ...
   Lo tomé del cuello y comencé a apretujárselo, su hija intentó intervenir pero no pudo separar mis manos de él , justo cuando el tipo ya estaba por irse al otro mundo arribaron al lugar dos patrulleros y de uno de ellos bajó Ibañez, mi amigo Ibañez. Me miró y sonrió en un tono socarrón como disfrutando del momento.
   -Hola Pezoa-saludó al hijo de putas.
   El tipo se tomaba el cuello con una de sus manos y con la otra me señalaba a mí.
   -Este me quiso asesinar. Ahora Ibañez se dirigió hacia mí y me habló:
   -Tiene derecho a permanecer callado...
   -Pero que mierda te pasa Ibañez-dije exaltado.
   -Tiene derecho a un abogado...
   -¡Ibañez la puta que te parió!
   -Si no cuenta con recursos la justicia puede...
   -¡Ibañez!
   Mi amigo hizo que me subieran al móvil y me llevaron a la seccional. Me armó una causa que derivó en un juicio rápido. El juez en primera instancia me condenó a cinco años de prisión por intento de homicidio. La cámara confirmó el fallo. Hoy estoy alojado en una celda de una prisión del estado.

Ibañez y Pezoa siguen siendo socios...


 





 
 

 
 
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