Lo Último

EL ÚLTIMO EDITOR (CUENTO)

   


   Corria el año 2050 y una guerra literaria había terminado con el triunfo aplastante de un grupo llamado "Los Digitales"

   Estos terminaron por imponerse a los que todavía soñaban con un mundo con el libro de papel como estandarte. Pero la modernidad fue más fuerte y "Los Libreros" (así se hacían llamar los del otro grupo) terminaron por aceptar lo inevitable. 
   
   El último editor bebió de un sorbo el vino de su copa, apagó su computadora personal a la que odiaba y llamó a su secretaría que de inmediato acudió a verlo por que sabía que a su jefe no le agradaba esperar.

   -¿Necesita algo señor?
   -Si Verónica, llamá a Lautaro Ugarte.
   -¿El líder de Los Digitales?-preguntó ella con cara de asombro.
   -El mismo
   -Pero señor
   -Hacé lo que te pido, y ya
   
   La secretaria sabía que su jefe no repetía sus pedidos y regresó a su escritorio para realizar la llamada. Poco después le pasó la comunicación.
   
   -Hola Gabriel. ¿Cómo has estado?
   -Dejate de ironías Lautaro ya sabés para que te llamo
   -¿Aceptarás mi oferta de comprar tu empresa y contratarte como gerente?
   -Lo haré
   -Muy bien, les diré a mis abogados que redacten todo para la transacción y tu contrato. Bienvenido a Los Digitales-dijo con ironía Lautaro.
   -Andate al carajo
   
  El acta de defunción del libro en papel acababa de ser firmada.

   El último editor observó que la botella de vino estaba vacía, se acomodó su corbata, se levantó de su sillón y poco después salió de la oficina. Su secretaria lo saludó pero él no respondió. Ya era de noche y se enfrentó a la ciudad que lucía mas tecnológica que nunca, con robots dirigiendo el tránsito, bares atestados de gente utilizando sus tabletas y celulares, y unos pocos noctámbulos que deambulaban de un lado al otro harapientos y con señales de no haberse dado una ducha en varios días.

   -Aún quedan algunos de los míos-dijo para sí y en voz alta el ultimo editor con un dejo de tristeza.

   Los autos ya no poseían ruedas, ahora se movilizaban a 50 cm del suelo y cuando su dueño necesitaba estacionar, se bajaba y activaba un sensor que lo hacía por él. 

   El último editor no tenía automóvil, se resistía a las nuevas tecnologías y seguía movilizándose en su vieja bicicleta. Al verlo pasar, la gente lo observaba como si fuese un marciano recién llegado a la Tierra. Aunque ya se había habitado el planeta rojo en el año 2030.

   El último editor ingresó en su edificio y lo recibió el robot portero que lo saludó.
   -Buenas noches señor Duarte-dijo con una voz metálica.
   -Hola K28
   -Como ha sido su día hoy
   -Malo, muy malo
   -Lamento oir eso
   -Yo también
   -¿Le llamo su ascensor?
   -No, gracias, lo haré yo mismo
   -Qué descanse
   -Gracias

   Si bien lo tecnológico había dominado al mundo y el último editor se opuso fervientemente a muchos de los adelantos alcanzados, en otros casos logró adaptarse ya que no le quedaba otra. Sin embargo su amor por los libros en papel y su guerra contra Los Digitales y los ebooks había sido feroz pero desigual y esa noche tuvo que entregarse a lo inevitable aunque le doliera el alma.

   De a poco estos editores lo habían dominado todo y hasta se dieron el lujo de elegir lo que ellos deseaban que la gente leyera. Suprimieron los clásicos como Shakespeare, Cervantes, García Márquez, Sabato, Borges y tantos enormes autores para darles paso a los libros digitales que hablaban solo de tecnología.

   En realidad ya casi nadie leía novelas o libros de cuentos pero algunos se filtraban gracias a que sus autores, editores y los pocos lectores que quedaban los escondían para intentar reunirse de vez en cuando a leer en papel, cosa que por una ley impulsada por un diputado adepto a "Los Digitales" estaba terminantemente prohibido hacerlo en espacios públicos y solo se permitía editar algun libro nuevo pero que hablara solo de tecnología.

   El último editor logró como un último acto de resistencia imprimir una obra que si bien en su fachada hablaba de tecnología tenía datos en clave y secretos que revelaban una historia de rebeldía hacia los ebooks, pero solo algunos entendidos podían descifrarlo.

   Fué por ello que luego de esto decidió entregarse para siempre y vender su alma al mundo que tanto odiaba.

   Al día siguiente tres trajeados irrumpieron en su editorial, eran los abogados de "Los Digitales" para sellar el acuerdo, que era ni más ni menos que la desaparición del libro en papel tal como se lo conocía ya que esa editorial era la única que aún no había caido en desgracia.

   El último editor observó los papeles, se los entregó a su viejo abogado y éste luego de observarlo detenidamente los rompió en varios pedazos ante el asombro de todos los presentes.

   -¿Pero qué hace?-preguntó uno de los trajeados.
   -Este acuerdo es inaceptable.
   -¿Por qué?
   -Es un acuerdo en papel y esto debe hacerse en formato digital, con firma escaneada y ante escribano público.
   -Nosotros lo escanearemos, firme por favor-intervino otro de los trajeados.
   -Me temo que no lo haremos esto es ilegal. Deberán redactar digitalmente un nuevo acuerdo
   
   Los trajeados se miraron entre ellos y se dieron cuenta que el viejo abogado tenía razón. Salieron del despacho del último editor y éste lo increpó.

   -Pero Santiago. ¿Qué hiciste? 
   -Evitar que cometas una locura.
   -Sabés que estoy perdido y ...
   -Entonces ya no eres más el que conocí, buscate otro abogado, renuncio.
   -Dejate de idioteces Santiago, ya no tengo más fuerzas para pelear contra la corriente.
   -Yo te las devolveré 
   -¿Y cómo diablos lo harás?

   El ómnibus venía repleto de pasajeros, todos ellos parecían zombies ya que solo le prestaban su atención a las pantallas de sus celulares y tabletas, además cada uno de ellos utilizaba auriculares de última generación por lo cual nadie se dio cuenta que en el último asiento una madre que viajaba con su hija de 12 años no se percató que la niña encontró debajo del asiento un viejo libro. Era Don quijote de la Manncha. Se lo puso a observar extrañada ya que nunca había visto una obra en papel y lo abrió. De pronto se puso a leerlo.

   El ciberbar estaba repleto de gente que además de tomar un trago se comunicaba entre sí mediante sus celulares y tabletas. Nadie compartía una palabra y solo utilizaban los chats para comunicarse de una mesa a la otra. De pronto, y al final del salón, un joven descubrió un antiguo libro de Shakespeare: Romeo y Julieta, el texto logró llamarle la atención y se lo puso a leer ávidamente.

   En poco tiempo y sin que "Los Digitales" pudieran evitarlo, la gente comenzó a leer libros en papel que encontraban en plazas, cines, shopings y en todo lugar donde alguien pudiera descubrirlos. Las autoridades alertadas de esto no pudieron detener a nadie ya que "Los libreros" actuaban en las sombras y sigilosamente repartiendo las obras.

   Pasado un año, los libros en papel volvieron a ocupar un lugar preponderante en la sociedad y la gente pudo disfrutar de ellos obligando a las autoridades a tomar una decisión cambiando la ley que los prohibía y permitiendo así que volvieran a distribuirse.

   Una tarde llegó una encomienda a las oficinas de "Los digitales" a nombre de su líder.
   Era un ejemplar de la Santa Biblia enviado por su Santidad, el Papa. 
   Cuando Lautaro Ugarte lo abrió se encontró con una nota de puño y letra del Pontífice que decía:

   "Gracias por dejar a la gente que pueda elegir leer en papel o digitalmente según le parezca, sé que fue difícil para tí no deshacerte de éste maravilloso ejemplar y enviármelo a mí hace algunos años. Ahora ya puedo regresártelo para que lo guardes en la biblioteca que seguro construirás en poco tiempo"

Fin 

PD: Dedicado a todos aquellos que luchan día a día para que el libro en papel siga vivo. Y especialmente para mi editor Hernan Rozenkrantz, un laburante que la yuga todos los días. Doy fé de ello.


   

     



    

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