Lo Último

LA ESPERA

 
 

   Cada sábado y a la misma hora, Tomás ingresaba al viejo bar del barrio de San Telmo, tomaba asiento en la misma mesa pegada a una de las ventanas y se quedaba por espacio de una hora esperando la llegada de Gabriela.
   Hacía diecinueve años que ella se levantó de su asiento en aquél bar finalizando la relación que tenían anunciándole que no podían seguir juntos, que sus vidas eran muy distintas, que sus familias no aceptaban su noviazgo.
   Él la escuchó atentamente, la amaba desde el primer día que la conoció pero aceptó los motivos que ella le planteaba aunque decidió igualmente no darse por vencido y esperar a que ella recapacitara y regresara.
   Sin embargo y extrañamente, desde ése día nunca más la llamó ni tampoco fue a buscarla. Solo se conformó con esperarla cada sábado y a la misma hora en la misma mesa durante una hora. Luego pagaba la cuenta y se retiraba.
   Su vida la dedicó exclusivamente a la espera de su regreso. Se alejó de su familia, de sus amigos, y solo siguió conservando su trabajo en una oficina pública. Trabajaba seis horas diarias y regresaba a su departamento esperando ansiosamente a que llegara el sábado para dirigirse al viejo bar y aguardar la llegada de su amada.
   Y un día se produjo el milagro. Gabriela ingresó al lugar pero no se dirigió hacia la mesa donde estaba Tomás y caminó hacia otra tomando asiento, observó hacia la calle y levantó su mano saludando a alguien.
   Tomás se quedó estupefacto al verla, y no podía creer que ella ni siquiera se haya percatado de su presencia. Se quedó inmóvil tratando de recuperarse de la conmoción que le causaba de que después de tanto tiempo su amada hubiese regresado. Aun conmovido, intentó levantarse pero sus piernas estaban rígidas y su mente quedó en blanco, solo atinó a observarla detenidamente esperando a que ella se diera cuenta de su presencia y cuando al fin pudo reponerse un poco logró levantarse y comenzó a caminar hacia la mesa donde estaba su amada, pero en ese preciso instante, ingresó al bar un hombre con dos pequeños. Uno de ellos corrió a los brazos de ella y se subió a su regazzo.
   El tipo también se acercó con el otro crío y la besó en los labios. Tomás entonces pagó su cuenta y se retiró del lugar.

   Llegó el siguiente sábado y Tomás ingresó en el bar, tomó asiento en la misma mesa cerca de la ventana, y siguió esperando a que su amada regresara...

 
     
 
   
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