Lo Último

EL COFRE

   
Este es mi humide homenaje a los desaparecidos a 40 años del genocidio más grande de nuestra historia
                               
                                Capítulo 1

Año 1979
***

  
   Pablo era uno de los cuatro amigos que se habían criado juntos en aquel barrio del sur de la ciudad. El grupo se completaba con Dardo, Miguel y Andrés. Los muchachos compartían casi todo en sus vidas y se hicieron llamar entre ellos "los cuatrillizos".
   Eran tan unidos que todos estudiaron en la misma primaria y también en la secundaria. Compartieron vacaciones, eran hinchas del mismo equipo de fútbol, en fin, coincidían en casi todo.
   Cierta mañana de un sábado de verano muy caluroso, los amigos habían concurrido a la pileta del club del barrio en donde pasaron toda la tarde hasta que regresaron y se fueron todos a la casa de Pablo. Su madre les había preparado como acostumbraba una chocolatada fría y gran variedad de galletitas dulces que degustaron con gran avidez.
   Después de merendar, se quedaron en una sala donde el dueño de casa tenia entre otras tantas cosas un combinado para escuchar música, una cama por si uno de sus amigos quería quedarse a dormir, posters de grupos de rock y chicas sueltas de ropa colgadas de las paredes. Una mesa y cuatro sillas completaban el mobiliario. Ese era el espacio elegido por los amigos y allí se desarrollaba gran parte de sus vidas cotidianas.
   Se pusieron a charlar entre ellos tratando de decidir que hacer esa noche. No contaban con demasiado dinero para ir a bailar a la discoteca que frecuentaban lo cual y como muchas veces ocurría terminaron por organizar un evento en la casa de Pablo. Este se encargaría de acomodar el lugar para la ocasión y los demás se encargarían de invitar a otros amigos y amigas del barrio que se encontraban en la misma situación que ellos.
   Miguel, el más atractivo del grupo invitó a las amigas. Andrés se encargó de la música y de los amigos. Y Dardo de la comida y las cervezas.
   La noche transcurrió rápidamente entre risas, baile, tragos y alguna nueva relación amorosa que nacía y pasadas ya las cuatro de la mañana el lugar se fue vaciando de gente hasta que solo quedaron como siempre sucedía "los cuatrillizos" que siguieron tomando de lo poco que les quedaba de cerveza y fumando cigarrillos de algún paquete olvidado por alguien.
   A Pablo, que era el Líder del grupo y tenia gran influencia sobre los demás, se le ocurrió una idea y fue hasta la habitación de su hermana menor entrando como acostumbraba sin pedir permiso. Ésta, que apenas podía dormir por tanto alboroto le preguntó de mala manera que era lo que quería.
   —Nada que te importe Nancy, dormíte nena —le respondió él —.Solo busco algo en tu ropero
   —¿De mi ropero?-contestó ella furiosa-. No tenés nada que sacar de ahí, es todo mío lo que hay, déjate de embromar che. ¡Andate de acá!
   —Busco el cofre
   —¿Para qué lo querés? ¡Dejálo ahí! —le ordenó ella enojada.
   —Es de los dos—replicó él.
   —No, es mío —dijo ella.
Se produjo entonces entre ellos una pequeña pelea que terminó cuando Nancy lo amenazó con la típica frase que un hermano menor le decía al otro cuando se estaba perdiendo una contienda.
   —Se lo voy a decir a mamá
   Él la miró, le sonrió socarronamente, y sacó su lengua en señal de burla para después salir de la habitación dando un portazo y regresando a la sala donde lo esperaban sus amigos. Estos al verlo entrar con el cofre se miraron entre sí sin entender nada y esperaron a que Pablo les dijera que tramaba.
   —Aquí guardaremos nuestros tesoros más valiosos o lo que cada uno de nosotros considere que es lo más importante de su vida—les propuso.
   —¿Y qué haremos después? —preguntó Andrés.
   —Lo vamos a llevar a un lugar y lo dejaremos allí oculto hasta que cumplamos cincuenta años. Volveremos entonces a reencontrarnos el 20 de Julio del 2012 para recordar los mejores momentos que hemos pasado juntos ¿Qué les parece mi idea?
   —Pero yo pienso seguir junto a ustedes siempre—comentó infantilmente Dardo.
   —Salame—replicó Miguel—. En treinta y tres años te puede pasar cualquier cosa como casarte y que tu esposa te convierta en un pollerudo que no te deje ni salir a la puerta de calle
Los demás rieron con ganas por la humorada hasta que Pablo los hizo callar para continuar comentándoles su plan.
   —Iremos esta misma noche a la Fábrica abandonada
   —¿Te volviste loco Pablo? —dijo Miguel—.Ese lugar es peligroso y las paredes pueden derrumbarse en cualquier momento. Aparte de que no sabemos que hay allí
   —¿Tenés miedo?—lo chicaneó Pablo.
   —¿Miedo?, nooo—se atajó Miguel—. Solo que no me gusta nada ir a ese lugar y menos a esta hora que no se ve un carajo.
   —Votemos entonces —sugirió Pablo–. Si les gusta mi idea o le hacemos caso a Miguel el miedoso
Miguel lo miró con mala cara aunque finalmente aceptó que se votara por una u otra opción. Obviamente que ganó la de Pablo.
   Cada uno de los amigos fue hasta su casa, tomó el objeto que deseaba dejar en el cofre y regresó a la casa de Pablo para embarcarse en la aventura. Este sugirió que nadie supiera lo que el otro había elegido como su objeto más preciado para que cuando cumplieran cincuenta años el secreto fuera revelado en el momento del reencuentro causando la sorpresa de los demás.
   La Fábrica estaba a unas diez cuadras de sus casas. Era un gran predio al que casi nadie se acercaba porque allí solo se encontraban la edificación destruida por el tiempo y el enorme terreno con sus pastizales altos y la basura que tiraban algunos vecinos. Se podían ver allí desde escombros hasta bolsas de residuos con vaya a saber que contenidos y las ratas que de seguro eran las nuevas dueñas del derruido edificio.
   Los cuatro amigos fueron caminando, y mientras lo hacían, se gastaban bromas entre ellos y sobre todo se burlaban del "miedoso Miguel", el más cauto de todos y que tenía una cara de terror que espantaba. Unos veinte minutos después llegaron al lugar y Pablo encendió una gran linterna que había pertenecído a su padre fallecido hace tres años. Les hizo una seña a los demás y tomó la delantera yendo hacia esa mole que corría serios riesgos de derrumbarse en cualquier momento.            Como pudieron, fueron apartando a su paso los yuyos que los pinchaban causandoles al tocarlos un dolor tremendo.
   Dardo fue el primero en sentir esa sensación al tocarlos con sus manos y lanzó un insulto al aire pero su desventura no terminó allí ya que poco después se tropezó con una bolsa de cemento que le hizo perder la estabilidad y se fue de pique al suelo profiriendo un nuevo insulto que no hizo más que producir que los otros se rieran con ganas de él para después ayudarlo a levantarse.
   —¿Mira que sos nabo eh?—bromeó Pablo.
   —Andáte a la mierda ¿Querés?—contestó Dardo visiblemente contrariado.
   Después de la accidentada caminata llegaron por fin a la Fábrica y se introdujeron en el edificio que en su época había sido una gran industria dedicada a la fabricación de pinturas.
   Se sorprendieron por lo enorme que era y por que aún quedaban algunas de las maquinarias que se utilizaban para su producción. Había también tres enormes piletones que servían para realizar la diferentes mezclas que lograban que después de varios tratamientos se convirtiera en un producto apto para luego de pasar por control de calidad fuera finalmente envasado en latas. Un proceso que seguramente demandaría la mano de obra de muchísima gente. El techo estaba a una altura de quince metros o más lo que le daba al lugar una dimensión impresionante.
   Los jóvenes subieron lentamente por una escalera ayudados por la luz que les brindaba la linterna de Pablo para poder así ubicarse y luego se dirigieron al sector que estaba en el primer piso. Dardo volvió a tropezarse con un tacho que estaba volcado pero esta vez Pablo no dijo nada y luego de ayudarlo a levantarse siguieron recorriendo todo el recinto teniendo sumo cuidado en no caerse por algún hoyo que hubiese en el piso producido por el paso del tiempo y el abandono. Recorrieron el lugar sin inconvenientes y llegaron hasta la otra punta del lugar no encontrando ningun lugar interesante para ocultar el cofre. Entonces regresaron por el mismo camino y bajaron hasta la planta baja.
   —Pucha —dijo Pablo—. ¿Dónde esconderemos esto?
   —Ya está —sugirió Miguel—. Volvamos a casa, esto es una locura
   —Ni en pedo—se negó Pablo—.Seguiremos buscando
   De pronto descubrieron una vieja oficina en donde antaño trabajaba algun Jefe o supervisor de la fábrica y se dirigieron hacia allí. Los vidrios de la misma estaban en su mayoría destruidos salvo algunos que milagrosamente perduraban intactos.
   Entraron en ella y echaron un rápido vistazo. Todavía allí se encontraban un viejo escritorio y un armario. Andrés, el más grande físicamente de los cuatro, corrió el enorme mueble y se topó con una tapa de unos 50x50cm que estaba en el piso. Le sacudió un poco la tierra acumulada que tenia y divisó una manija a la que tomó con sus dos manos y trató de abrirla utilizando todas sus fuerzas pero no pudo. Les pidió entonces a los demás que lo ayudaran y luego de realizar un gran esfuerzo lograron hacerla a un lado. Pablo iluminó con la linterna hacia abajo y observó que había una escalera que conducía a una especie de sótano. De pronto se echó hacia atrás al ver a una gran rata que salía del lugar pasándole cerca de su pie derecho y lanzó un insulto:
   —¡La que la parió!—gritó—.Este lugar debe estar lleno de éstas
   —Bajemos igual—sugirió Dardo—. Yo lo haré primero
Lentamente fueron descendiendo uno por uno por los escalones e increíblemente no encontraron más roedores en el lugar, solo había muchas telarañas que hacían al lugar un tanto lúgubre y siniestro.
   El sótano era pequeño y estaba completamente vacío y de seguro lo habían desmantelado cuando cerraron la fábrica. Los jóvenes estaban apretujados como sardinas y el aire allí era irrespirable por el polvo acumulado por el tiempo. De pronto Pablo iluminó hacia una de las paredes y divisó en ella una caja fuerte de esas que se empotran en la pared con una llave común y corriente.
   Esta se encontraba abierta y todos supieron en ese momento que ese era el lugar perfecto para esconder el cofre. Como este no era muy grande, cada uno colocó su objeto envuelto en una servilleta y poco después lo cerraron con un candado que habían llevado. Lo introdujeron en la vieja caja fuerte, la cerraron con la llave que tenía y ascendieron por la escalera. Volvieron a correr la tapa hasta que esta se encastró nuevamente y corrieron el armario. Finalmente Pablo les habló a los otros:
   —Ahora haremos el pacto—les dijo sonriendoles.
   Pablo colocó la linterna en el suelo y todos se sentaron a su alrededor. La escena parecía sacada de una película de terror en la cual y en cualquier momento aparecía el asesino y destripaba a sus víctimas. Esto a él principalmente lo divertía mucho y disfrutaba viendo la cara sobre todo de Miguel que sufría a horrores y estaba realmente asustado. El resto parecía tranquilos y le seguian la corriente a Pablo sin mostrar signos de estar nerviosos ni asustados.
   —Hoy—comenzó diciendo Pablo—. Haremos un pacto entre los cuatro que deberá ser cumplido indefectiblemente en la fecha pactada a las cinco de la mañana. Ese día nos reencontraremos aquí y abriremos el cofre ¿Aceptan?
Todos asintieron y como señal de acuerdo levantaron su mano derecha y la estiraron tocándose la punta de sus dedos en señal de unión y aceptación del compromiso.
   —Solo la muerte podrá romper este pacto de amigos—continuó diciendo
   Pablo—. Y si eso le sucede a alguno de los cuatro igualmente vendremos en honor a aquel de nosotros que no pueda estar presente y brindaremos por él con cerveza, nuestra bebida favorita.
   Luego de hacer el pacto Pablo y sus tres mejores amigos se levantaron y decidieron regresar a sus casas. Ya estaba amaneciendo, por lo cual no les sería tan difícil ubicarse para poder salir del lugar rápidamente.
   En eso estaban cuando de pronto escucharon el ruido del motor de un auto. ¿Allí? ¿En ese lugar? Era casi imposible que alguien merodeara por esa fábrica a punto de derrumbarse salvo que se hubiese arriesgado a vivir por esa zona o que fuera hasta allí para arrojar algo. Perfectamente podría ser lo último ya que frecuentemente se depositaba allí todo tipo de residuos pero ¿A esa hora?
Decidieron mantenerse ocultos y tratar de averiguar lo que sucedía afuera. Se quedaron muy quietos para no ser descubiertos y escucharon como el auto se acercaba a toda velocidad por un camino oculto entre los pastizales. Dardo pudo divisarlo ya que se levantó lentamente y miró por un gran hueco que había en una de las paredes de la vieja oficina.
   El auto se detuvo en la entrada de la fabrica y de él bajaron tres hombres armados llevando a otro que estaba vendado y atado por la espalda. Al pobre tipo lo insultaban y golpeaban de una forma feroz. Era tal la agresión que sufría ese sujeto que en un momento se fue al piso y uno de sus captores lo levantó violentamente.
   —Llevémoslo adentro —ordenó el que parecía ser el jefe.
   —Matémoslo acá —dijo otro—. Este no nos dirá nada
   —¡Hacé lo que te digo mierda!-lo reprendió el presunto Jefe.
   Lo llevaron hasta el primer piso donde un rato antes Pablo y sus amigos habían estado caminando, le sacaron la venda y lo interrogaron:
   —¡Quiero el nombre! —gritaba el presunto Jefe.
   El hombre se mantenía en silencio, entonces uno de ellos lo golpeó en plena cara.
   —No te lo repito más —volvió a amenazarlo— ¡Dame ese nombre carajo!
   Los cuatro amigos veían claramente la escena pero ni siquiera intentaron moverse. El miedo los había dejado perplejos y ya no quedaban dudas de que estaban en presencia de algo sumamente grave y que se desarrollaba en sus propias narices. El secuestrado mostraba ya signos de no soportar más el castigo que esos tres salvajes le estaban propinando y finalmente se desmayó. El presunto Jefe entonces sacó una pistola y apoyando el caño en su nuca disparó. Los jóvenes ahogaron el grito de espanto que les produjo semejante impacto pero Miguel no pudo aguantar más e intentó levantarse para escaparse, Andrés lo tomó del cuello y lo tiró al piso violentamente pero ya era tarde, el que parecía ser el Jefe de los asesinos los había escuchado.
   —Escuché un ruido en esa oficina —le dijo a los otros—
   —Deben ser las ratas —dedujo el presunto Jefe.— Por las dudas andá y fijate
   —Pero Robles
   —¡Te dije mil veces que no me llames por mi apellido pelotudo! ¡Andá a hacer lo que te pido!—le gritó a su cómplice.
   El tipo empuñando un arma se acercó lentamente hacia el lugar donde estaban los amigos. Si había algo que le causaba repugnancia eran las ratas por lo cual echaría un rápido vistazo y se alejaría lo más rápido posible de allí.
   Pablo hizo una seña a los otros poniéndose el dedo índice en su boca para que tratarán de mantenerse en silencio y quietos. El sujeto observó desde la puerta y no logró divisarlos pero de pronto lanzó un insulto al ver pasar a uno de los roedores por delante suyo.
   —¡Bicho de mierda! —exclamó—
Robles desde lejos observaba lo que ocurría y largó una siniestra carcajada para luego ordenarle a su cómplice que regresara.
   —¡Dale pelotudo volvé que hay que enterrar a este perro!-le gritó.
   Los tres asesinos salieron de la fabrica y fueron hasta el auto. Del baúl sacaron unas palas y volvieron a entrar para buscar el cadáver del pobre hombre asesinado momentos antes. Los amigos observaban la escena escondidos por el hueco de la pared de la vieja oficina sin saber qué hacer y siendo testigos del horror.

                                                           Capítulo 2


   Los cuatro amigos seguían escondidos en aquella vieja oficina de la fábrica abandonada y sus cabezas trabajaban a mil pensando en cómo poder escaparse de semejante infierno.
   Afuera, los asesinos terminaron de enterrar el cadáver de aquel hombre y se aprestaban a marcharse pero antes querían cerciorarse de que nadie los hubiese visto por allí.
   —Antes de irnos vamos a revisar de nuevo —ordenó Robles.
   —Dejáte de joder. Acá no hay nadie —contestó el que había ido a la oficina.
   —Sos un cagón tacho—replicó el supuesto jefe.
   —El cagón sos vos. Vayámonos a la mierda
   —Hacé lo que te digo o...
   —¿O qué? ¿Me vas a pegar?
   —Déjense de joder los dos —intercedió el tercer asesino—.Vamos a echar otro vistazo y listo
   Miguel no aguantó más e intentó huir. Comenzó a correr hacia los pastizales mientras sus amigos miraban azorados la escena.
   —¡Te lo dije pelotudo!—gritó Robles al ver al adolescente—. ¡Andá a buscar a ese pendejo de mierda!
   El muchacho fue atrapado poco después y traído de los pelos. Lo tiraron al piso y le dieron varias patadas, el chico lloraba y suplicaba para que no lo matáran.
   —¡Calláte mierda!—gritó Robles— ¿Que hacés acá?
   Andrés y Dardo decidieron salir. No podían dejar a Miguel solo, en cambio Pablo se quedó quieto y solo atinó a tratar de correr el armario para poder bajar hacia el sótano donde estaba el cofre.                  Finalmente pudo lograrlo ya que la tapa había quedado mal cerrada por lo cual la pudo abrir sin demasiada dificultad.
   Descendió lentamente para no hacer ningún ruido, corrió la tapa nuevamente colocándola muy despacio y dejando una luz de espacio para poder respirar. Ya no podía escuchar ni ver nada de lo que estaba sucediendo con sus amigos.
   No tenía idea de cuánto tiempo había pasado. Quizás fueron horas o días y solo se quedó allí quieto llorando y abrazándose al cofre que había retirado de la caja fuerte sosteniéndolo como si fuese un talismán protector.
   Finalmente se decidió a salir. No podía quedarse toda la vida encerrado en ese lugar ya que moriría de inanición. Le dolía mucho la cabeza y estaba muy cansado. Volvió a colocar el cofre en la caja fuerte, la cerró con llave y subió lentamente por la escalera hacia la vieja oficina.
   Corrió la tapa y luego de asegurarse de que nadie anduviera por allí salió. Acomodó la tapa y empujó nuevamente el armario para ocultar el sótano y se dirigió hacia la salida de la fábrica. La noche era cerrada y estaba lloviznando. Trató de tranquilizarse un poco y comenzó primero a arrastrarse por los pastizales para evitar ser descubierto, aún tenía miedo de que los asesinos estuvieran merodeando por la zona.
   Se dio cuenta de que ya se habían ido y se puso de pie. Caminó por el mismo lugar por donde él y sus amigos habían entrado al predio. En un momento se detuvo y encendió la linterna, necesitaba tener una referencia para poder salir ya que los pastizales lo cubrían todo. Finalmente encontró el alambrado por donde se había metido con sus amigos, lo traspasó y empezó a correr con desesperación.
   Mientras lo hacia. lloraba desconsoladamente ya que se sentía el principal responsable de lo que intuía podía haberles sucedido a sus amigos aunque ciertamente no sabía nada de ellos. Él les había insistido para que fueran a ese maldito lugar y también él fue el cobarde que los había abandonado a su suerte.
   Una media hora después entró en su casa. Al escuchar el ruido de la puerta abriéndose, su madre salió a su encuentro y lo abrazó y besó por un largo rato tratando de calmarlo ya que Pablo temblaba y lloraba desconsoladamente. Intentó en vano que Pablo le contara que le había pasado y dónde había estado esos dos días que faltó de su hogar.
   Pero recibió como respuesta por parte de su hijo solo el silencio...

                                                             
                                                   Capítulo Final
                                                             AÑO 2012
                                                                   ***


   Recién llegado de España donde vivió 32 años de su vida Pablo Sánchez volvió a su viejo barrio del sur de Buenos Aires para cumplir con el pacto realizado con sus amigos en aquella Fábrica abandonada donde fue fiel testigo del horror.
   Un par de semanas después de aquel fatídico amanecer del verano de 1979 Pablo comenzó a recibir en su casa diversas amenazas luego de que él y su madre fueron a la comisaría a denunciar lo sucedido.
   En esa época atreverse a semejante osadía se pagaba con la desaparición o el exilio. Por lo cual y lógicamente la familia no tuvo opción y se marchó primero a vivir a México para luego recalar en Madrid dónde fueron acogidos por un tío, hermano de su padre fallecido.
   Pablo terminó sus estudios y se recibió de Arquitecto. Unos años después logró ser uno de los mejores en su profesión recibiendo el reconocimiento de todo el mundo. Amasó una buena fortuna y se casó con la hija de un importante empresario español. Tuvo dos hijos y un nieto al que amaba con locura. A pesar de tener una vida acomodada y colmada de afectos siempre tuvo la idea de volver al país para cumplir con el pacto que había hecho con sus amigos para rendirles su homenaje ya que nunca supo nada más de ellos.
   Su intención era la de radicarse en su tierra pero su mujer no estaba convencida de vivir lejos de España aunque finalmente aceptó la propuesta de su marido ya que sus hijos eran grandes y sus vidas estaban bien encaminadas. Buscó una casa y visitó a varias inmobiliarias que le mostraron todo tipo de viviendas pero ninguna fue de su agrado.
   Pero una mañana, un representante de ventas de una de las tantas inmobiliarias que visitó le comentó de un nuevo barrio cerrado recientemente inaugurado y que contaba con seguridad, un club, un lago artificial, y con bellas mansiones que podrían ser de su agrado.
   Pablo aceptó hacer una visita al lugar y se dirigió hacia allí junto al vendedor pero al ir llegando se estremeció de sobremanera al darse cuenta que ese barrio se había construido sobre los terrenos de la vieja Fábrica de pinturas en donde él y sus amigos habían pasado la peor noche de sus vidas.
   Sin embargo y luego de recuperarse del impacto que le causó volver a ese pasado nefasto decidió ingresar al predio para recorrerlo y trató de recordar ciertos detalles que lo ayudaran a ubicar el lugar donde 33 años antes él y sus amigos habían escondido el cofre.
   Lógicamente que ya nada era lo que había sido aunque increiblemente logró representar en su mente y como si fuese una película cada uno de los sectores donde ahora se levantaban esas hermosas casas, y al llegar a una de ellas, supo que en esa zona se encontraba la fábrica que fue derrumbada unos años antes para construir el nuevo y lujoso barrio.
   Le pidió al vendedor que le dijera el precio e inmediatamente decidió comprarla. Su idea era la de saber si aun existía aquel sótano donde estaba el cofre aunque lógicamente esto era poco probable ya que de seguro se había cubierto todo y quizás también los obreros que trabajaron en la construcción se habían topado con su valioso tesoro que vaya a saber a donde habría ido a parar—pensó para sí.
   Su esposa, que no conocía la dura historia, observaba como su marido miraba y recorría el lugar deteniéndose en tal o cual lugar y quedándose un rato como ausente. En un momento se le acercó y le preguntó si le sucedía algo:
   —Nada querida—respondió él—. Solo estoy viendo un poco el lugar. ¿Te gusta para vivir?
   —Es hermoso-contestó ella y parece muy tranquilo.
   —Es verdad. ¿Estás de acuerdo con la compra?
   —No hemos visto aun la casa por dentro querido
   —Tienes razón, que cabeza la mía
   Fueron con el vendedor e ingresaron en ella. Era un verdadero palacete cosa que a la mujer le encantó de inmediato y unos días después de firmar el boleto se mudaron.
   Las primeras noches fueron un suplicio para Pablo ya que tenía frecuentes pesadillas sobre lo que había vivido en ese lugar y despertaba sudando en las noches. Cuando eso sucedía salía de la casa y recorría el parque llorando desconsoladamente hasta que luego de calmarse un poco volvía a su habitación y se quedaba pensando en que poder hacer para saber que fue de aquel cofre que había condenado a sus amigos. La culpa por lo ocurrido seguía carcomiéndole y cierto día decidió investigar un poco más sobre el tema.
   Como era un referente de la arquitectura a nivel mundial no le costó demasiado contactar a colegas que a su vez le presentaron a algunos funcionarios que trabajaban en la comuna.
   Pablo deseaba saber que había pasado con ese inmenso predio y alli se enteró que las autoridades lo habían expropiado y vendido a una gran Empresa de la construcción del país liderada por un tal Rubén Andújar al que fue a visitar luego de concertar una reunión. Esto no le costó demasiado ya que su reputación ayudó y mucho para ser recibido por este empresario de inmediato.
   —Arquitecto Sánchez—saludó Andujar—. Es un gran honor para mí recibirlo.
   —Le agradezco el tiempo que me dispensa—respondió Pablo.
   —¿En qué puedo ayudarle?
   —Estoy viviendo en LOS ARCOS DEL SUD
   —¿El barrio cerrado que construyó mi empresa?
   —Así es
   —¿Tuvo algun problema?
   —Al contrario, es un lugar espléndido
   Andújar se lo quedó mirando extrañado y Pablo de inmediato le aclaró que solo buscaba datos del lugar ya que estaba escribiendo un libro y que le había interesado de sobremanera como se había diseñado el lugar ya que le parecía una verdadera maravilla arquitectural.
   El empresario infló el pecho orgulloso por lo que escuchaba y se puso inmediatamente a su disposición para brindarle toda la información que necesitaba. Entonces Pablo se enteró de que luego de comprar el predio a un precio razonable se demolió el viejo edificio que estaba totalmente destruido y luego se removieron los escombros para después comenzar con la construcción del barrio.
   Una pregunta que Pablo hizo desacomodó un poco a Andujar.
   —¿Usted sabe si en la demolición se halló un sótano en la vieja oficina de la fábrica?
   —Esa pregunta puede respondérsela el Jefe de Arquitectos de la obra
   —¿Podría hablar con él?
   —Lamentablemente falleció el año pasado ¿Pero por qué le interesa tanto?
   Pablo se quedó unos segundos en silencio tratando de hallar una buena excusa para poder zafar del momento.
   —Le diré la verdad Andújar—se sinceró—. Cuando era yo un adolescente escondí algo muy valioso para mí allí y deseo recuperarlo o saber si alguien de la gente que trabaja para usted lo descubrió
   —Entonces lo del libro...
   —Es mentira y le pido las disculpas del caso por ello
   —Está bien Arquitecto—dijo Andujar—. Debe ser algo muy importante para usted para que me haya mentido, acepto sus disculpas. ¿Qué es lo que está buscando?
   —Un cofre de madera
   —Ahora que lo nombra, recuerdo que mi Jefe de Arquitectos me comentó de esa oficina y el sótano.
   A Pablo se le iluminó el rostro. Una pequeña luz de esperanza de hallar el cofre lo entusiasmó pero prontamente esta se apagó.
   —Pero de un cofre no me dijo nada—sentenció Andujar.
   Las ilusiones de Pablo se derrumbaron como esa maldita fábrica y luego de agradecerle al empresario por su gentileza se retiró de sus oficinas visiblemente apesadumbrado.
   Regresó a su casa y cuando ingresó su mujer al verlo tan abatido le preguntó que le ocurría.
   —Nada querida-mintió él-. Solo estoy un poco cansado
   —Recuéstate un rato entonces-sugirió ella.-Por la noche debemos ir a la casa del Presidente del Concejo de Administración. Nos quieren dar la bienvenida. Estarán todos nuestros vecinos.
   —Ve tú—le respondió—.Yo no tengo ganas.
   —¡Pablo por favor!— exclamó ella—. Solo serán un par de horas
   —Está bien mujer—accedio él—. Te acompañaré.
   La casa del Presidente de la Administración no era de las más lujosas del barrio pero era muy hermosa y en su interior poseía un mobiliario de buen gusto y el diseño en general era digno de admirar.
   La mujer del Presidente los recibió con una amplia sonrisa de bienvenida y los invitó a pasar. Había contratado para la ocasión a una empresa de catering de primer nivel y todos los vecinos estaban aguardando en el gran parque ambientado para la ocasión para recibir a los nuevos habitantes del barrio.
   Poco después se hizo presente el dueño de casa quien se acercó a la pareja para saludarlos. Era un hombre de unos 65 años de buen porte y muy simpático.
   —Bienvenidos—les dijo sonriendo—. Mi nombre es Renato Robles, sientanse como en su casa
   Pablo se lo quedó mirando sin responderle. Ese apellido lo trasladaba directamente a aquella madrugada de terror vivida en ese mismo lugar
   —Es una simple casualidad del destino—pensó para sí.
   —¿Le sucede algo? ¿Se encuentra usted bien?—le preguntó el Presidente de la administración.
   —Disculpeme, es que su cara me resulta muy familiar
   —No se haga problemas—sonrió el anfitrión—. A menudo me pasa eso ya que me confunden con un viejo actor llamado Ernesto Bianco ¿Lo recuerda?
   —Sí, es verdad, tiene usted un gran parecido con él.
   La noche transcurrió entre charlas y buena comida entre todos los vecinos hasta que poco a poco cada uno de ellos se fue retirando a sus casas. Eran casi las cuatro de la mañana.
   El Presidente, su esposa y los nuevos vecinos se quedaron solos en la casa. La mujer entonces invitó a la esposa de Pablo a recorrer la vivienda mientras los dos hombres se dirigieron al despacho de Robles quien deseaba comentarle las reglas de convivencia que regían en el barrio y las obligaciones administrativas que debían cumplir los propietarios aparte de conocerlo un poco más a fondo.
   Al ingresar, Robles lo invitó a sentarse en un cómodo sillon de un cuerpo de estilo inglés y él hizo lo propio en otro. El despacho se completaba con un gran escritorio y una gran biblioteca. En las paredes lucían colgados diversos cuadros de pintores famosos aunque solo eran copias de los originales.
   —¿Y bien?—preguntó Robles—. ¿Cómo un afamado Arquitecto como usted que vivió gran parte de su vida en Europa decidió volver a su país?
   —Es una larga historia pero prefiero contársela otro día
   —Entiendo
   —¿Y usted a que se dedica?—preguntó ahora Pablo.
   —Soy Comisario retirado de la fuerza. Fui Sub Jefe de la Policía hasta el 2005
   —¿Policía?
   —¿Le resulta extraño?
   —No—respondió Pablo—. Es que pensé que su profesión era otra. No parece Policía
   Robles sonrió nerviosamente, se notó que no le gustó demasiado el comentario.
   —Bueno vayamos a lo nuestro—dijo el anfitrión—. Iré a buscar unos papeles para que se los lleve y luego de leerlos me los devuelva firmados.
   —Lo espero
   Dicho esto, Robles se levantó y se dirigió a un cuarto contiguo que oficiaba como archivo. Al regresar, traía consigo un pequeño cofre de madera y al verlo Pablo se dio cuenta de que ese era su tesoro más preciado y que ese hombre era el presunto asesino de sus amigos y el real homicida de aquel pobre hombre acribillado en la fábrica. Se levantó de golpe y todo su cuerpo se tensó de tal manera que el Comisario pensó que le estaba por dar un infarto.
   —¿Qué pasa Arquitecto?—le preguntó.
   Pablo seguía mirándolo con incredulidad y furia. Al instante, reapareció aquel adolescente aterrado que se escondió en aquel sótano esperando a que fueran por él para matarlo. Robles se le acercó y Pablo se echo inmediatamente para atrás.
   —Vos sos el hijo de puta que mató a ese pobre hombre e hizo desaparecer a mis amigos—le dijo en un susurro.
   —¿Pero de qué está hablando Arquitecto?
   —De aquella noche en la fábrica en que viniste con tus secuaces y lo asesinaste como a un perro para luego hacer desaparecer a mis amigos.
   Ahora la cara de Robles se había transformado en una máscara, se dio cuenta al instante que ese hombre que estaba delante suyo era aquel mocoso al que fue a buscar dos días después aquel verano de 1979 al sótano luego de que uno de sus amigos tras ser torturarlo varias horas habló pero al que no pudo hallar y que también fue el responsable de que sus superiores lo reprendieran duramente por haberlo dejado escapar y lo trasladaran a la provincia de Tucumán. Nunca supo su nombre por que aquel mocoso nunca se lo dijo y por que sus Jefes le dijeron que se encargarían de él, de sus amigos y del cadáver que había enterrado en la Fábrica.
    Al cofre lo halló en la caja fuerte del sótano y se lo llevó como souvenir antes de irse sin poder ubicar al joven. Ahora, lo tenía frente a frente, y era el único que podría enviarlo a la cárcel para siempre.
   —Pues bien—dijo Robles—.Por fin te conozco pedazo de mierda. Gracias a vos tuve que luchar mucho para poder recuperar mi lugar y retomar mi carrera.
   Pablo instintivamente sabiendo que Robles intentaría atacarlo lo tomó del cuello y los dos comenzaron a forcejear. El cofre cayó al suelo y ellos se trabaron en una feroz pelea.
   Sus esposas al escuchar semejante ruido corrieron al despacho y al entrar no podían creer lo que sucedía. La mujer de Pablo le gritó para que se detuviera y la de Robles hizo lo propio pero no fueron escuchadas.
   La peor parte la estaba llevando Pablo ya que estaba de espaldas en el suelo recibiendo un duro castigo por parte de Robles hasta que pudo asestarle un rodillazo en sus testículos que hizo que este se doblara del dolor y pudo separarse para luego golpearlo nuevamente en su cabeza con una patada dejándolo fuera de combate.
   —Llama a la Policía—le pidió Pablo a su mujer.
   —¿Pero que ha pasado aquí?
   —¡Hacelo ya!
   La mujer de Robles corrió a socorrer a su marido quien volvía en sí lentamente. Sangraba por su boca y solo atinó a tratar de levantarse ayudado por su esposa pero Pablo le lanzó una advertencia:
   —Ni lo intentes—le dijo—. Y usted señora, apártese de él
   La mujer no hizo caso y poco después logro sentar a su marido en uno de los sillones individuales. Aun conmocionado, Robles miró con odio a Pablo y le lanzó una amenaza.
   —Esto no termina acá—le dijo—. Te buscaré y cuando te encuentre voy a matarte
   —Ya no podés hacer nada hijo de puta—le replicó—. Pagarás por tus crimenes. Te lo prometo.
   Poco después llegó la Policía y ambos hombres fueron detenidos. Al principio Robles usó sus influencias para acusar a Pablo de intento de robo y este terminó alojado en una celda. Pero pronto se supo la verdad y fue liberado inmediatamente.
   El vil y nefasto Comisario fue enjuiciado y condenado por delitos de lesa humanidad y desaparición de personas recibiendo la condena de prisión perpetua.
   Pocos días después del fallo condenatorio Pablo fue hasta un sector del parque y se paró allí con el cofre y una botella de cerveza. Dedujo que en ese lugar alguna vez estuvo el sótano. LLorando tomó un trago y brindó por sus amigos cumpliendo así con el pacto que habían realizado los cuatro 33 años antes.

Miguel, Dardo y Andrés continúan desaparecidos...

Dedicado a las victimas que sufrieron el terrorismo de estado que gobernó la Argentina entre 1976 y 1983


A continuación les dejo un video sobre el final del alegato que realizó el Fiscal Strassera(recientemente fallecido) en el Juicio a las Juntas Militares y una canción de Charlý Garcia llamada Los Dinosaurios que habla de esa época nefasta de la Argentina.






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