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Lo Último

ALMA ATRAPADA

 



   El joven millonario se encontraba en su lecho de muerte acompañado por su esposa.
   -Marisa-le dijo-.Sabes cual es mi último deseo
   -Lo se amor-respondió ella-.Y será cumplido.
   Al fallecer, el cuerpo de Julián Montoya Fuentes fue trasladado según las indicaciones del médico embalsamador a su casa donde el especialista realizó la cirugía para retirar los órganos del occiso. Luego continuó con el proceso indicado y pocas semanas después el cuerpo del millonario fue regresado a su esposa.
   Marisa era una mujer hermosa y pronto pudo rehacer su vida junto a Roque Lagar, un pintor de escaso talento que conoció en una muestra y poco después comenzaron a convivir juntos aunque ella nunca abandonó a su marido y siguió viviendo con su nueva pareja en la mansión que habían adquirido con Julián al poco tiempo de haberse casado. 
   Ella había llevado el cuerpo embalsamado a un cuarto de la planta alta de la mansión y lo colocó junto a la ventana que daba al inmenso y hermoso parque imaginándose lo feliz que él estaba observándolo cada mañana.
   Todas las días y religiosamente ella se dirigía hacia allí y luego de besar sus fríos labios se quedaba un par de horas acompañandolo para luego retomar su vida con su actual pareja que nunca supo que el cuerpo de Julián convivía junto a ellos.
   Varias veces Roque le preguntó cual era el secreto que había en aquel cuarto que ella mantenía cerrado y al cual le prohibió terminantemente acercarse pero lo único que logró fue despertar aún más la curiosidad del pintor. 
   Cada mañana cuando se dirigía a su estudio que se encontraba en el centro de la ciudad y antes de subirse a su automóvil, el pintor observaba hacia el primer piso donde se encontraba el misterioso cuarto pero y a pesar de que la ventana se encontraba abierta de par en par, ésta había sido convenientemente cubierta con una cortina por Marisa y esto le impedía notar la presencia del cuerpo embalsamado del difunto aunque igualmente lograba distinguir una sombra.
   Y fue tanta su curiosidad que una noche mientras Marisa dormía decidió ir a investigar de qué se trataba todo aquello. Buscó insistentemente la llave pero no pudo hallarla, entonces tomó la decisión de forzar la puerta.
   Al día siguiente Marisa despertó y le extrañó que Roque no estuviese a su lado. Ella siempre se levantaba antes que él para ir al cuarto del difunto y luego preparar el desayuno para después ir a buscarlo a la habitación.
   Recorrió la mansión llamándolo pero él no respondió. Salió hacia el parque y tampoco obtuvo resultados entonces trató de ubicarlo en su estudio pero tampoco allí estaba. 
   Preocupada, aunque no tanto, ya que sabía que a su pareja de vez en cuando le gustaba hacerse unas escapadas para irse de copas con sus amigos, decidió retomar su día. Lo único que la inquietaba un poco era que siempre Roque le avisaba cuando decidía irse pero se encogió de hombros y fue al cuarto de la planta alta. 
   Al llegar a él notó que la puerta había sido forzada y que se encontraba entre abierta. Ingresó rápidamente y observó a Roque tirado en el suelo boca arriba. Horrorizada, se acercó a él y luego de tomarle el pulso verificó que había fallecido. Aún conmovida por la situación echó un vistazo hacia la ventana y se dio cuenta de que Julián había desaparecido.
   -¿Pero que ha ocurrido aquí?-se preguntó llorando.
   Pudo recuperarse un poco del impacto y llamó a una ambulancia. Poco después se escucharon las sirenas. Los paramédicos ingresaron al cuarto y revisaron a Roque confirmando su deceso.
   -Señora-preguntó uno de ellos- ¿Su marido sufría del corazón?
   -No que yo sepa-contestó ella.
   -¿Quiere que llamemos a alguien mientras hacemos el papeleo para trasladar sus restos?
   -No, gracias, yo me ocuparé personalmente de llamar a la funeraria.
   El paramédico le extendió el certificado de defunción y se retiró de la mansión junto a su compañero.
   Como Roque no tenía familia y ella solo a su madre que vivía muy lejos no hubo ceremonia y el cuerpo del pintor fue enterrado en el parque de la mansión junto a familiares de los ex dueños del lugar en un sector destinado para ello.
   Marisa intentó en vano hallar el cuerpo embalsamado de su marido que había desaparecido misteriosamente aquella noche y un día cansada ya de la situación que vivía decidió vender la mansión. 
   La familia de Julián con la que él estaba enfrentado desde hacía muchos años ni se enteró de lo sucedido ya que al no realizarse funeral nunca supieron de su idea del embalsamamiento ni que se encontraba en la mansión por lo tanto Marisa no tuvo dificultades y cumplió al pié de la letra con la última voluntad de su marido.
   Aunque ahora todo para ella había cambiado y ni siquiera sabía que fue lo que realmente había sucedido aquella noche en la que falleció Roque y la misteriosa desaparición de Julián.
   Antes de entregar la llave recorrió por última vez la mansión, luego paseó un rato por el gran parque y se detuvo ante un añejo árbol donde en los veranos se recostaba junto a Julián a disfrutar de ese maravilloso lugar.
   Sintió en ese momento que debía por última vez y a modo de despedida volver a rememorar esa época y se echó de espaldas cruzando sus manos por detrás de su cabeza. 
   Echó una mirada hacia la ventana del cuarto de la planta alta que se encontraba abierta de par en par y cubierta por la cortina que ella misma había colgado. Detrás de ella, le pareció ver una sombra y recordó de inmediato que un rato antes ella la había cerrado quedándose perpleja por lo que sucedía. 
   Entonces emprendió una veloz carrera hacia la mansión y subió las escaleras esperando reencontrarse con quién tanto amaba, pero al ingresar y para su sorpresa, en el lugar que antes ocupaba su marido ahora se hallaba el cuerpo embalsamado de Roque.
   
   El alma de Julián por fin había logrado liberarse...
    
        
   
   
   
   

   
   
       

   
   
    
   
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