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CRÓNICA DE UN AMANECER (RELATO DE 1984)



   Son las cuatro de la mañana y no he logrado pegar un ojo. Observo las paredes de mi viejo cuarto y mi mente estalla pensando en todo lo que he vivido en este tiempo.

   Me levanto y enfrento al espejo, esbozo una sonrisa muy burlona pero al instante me pongo serio nuevamente y unas lágrimas comienzan a correr por mis mejillas.

   Decido entonces darle la espalda a la realidad, me dirijo ahora a mi ropero y saco mis viejos jeans y una remera. Salgo a la calle, la noche está humeda, destemplada, sin matices. 

   Camino una, cinco, diez cuadras y de pronto algo hace que me detenga.

   Miro hacia el cielo y por el horizonte sale el sol. Lo observo y pareciera que por un momento la paz me envuelve y se adueña de mi cuerpo. Lanzo un grito y comienzo a correr sin rumbo fijo hacia la nada. 

   Pero pronto me doy cuenta que no podré escapar nunca de ella. 

   Es la soledad, mi fiel compañera de toda la vida...

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