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UNA SEGUNDA OPORTUNIDAD





   Era de noche en la mansión y toda la familia Achával dormía plácidamente. De pronto un fuerte ruido que provenía de la planta baja despertó a Ernesto, el dueño de casa.
   Este tomó un arma de su mesa de luz y fue a ver lo que sucedía. Bajó la hermosa escalera de mármol y al llegar a su living se dio cuenta de que todo estaba revuelto y dedujo que alguien había entrado a robarle.
   Ernesto caminó lentamente hacia la cocina semi agazapado y empuñando el revólver con sus dos manos. No quiso encender la luz por miedo a que lo atacaran y siguió a tientas hacia ese sector de su casa.
   De pronto le dieron un fuerte empujón que lo tiró al suelo. El delincuente corrió hacia la puerta trasera tratando de escaparse pero se frenó al instante cuando escuchó una voz que le ordenaba que no se moviera.
   —¡Detente! -gritó Achával.

   El maleante acató la orden y Ernesto se acercó apuntándole con el arma directamente a la cabeza.
   Para su sorpresa vio que se enfrentaba a un chico que no debería tener más que trece años.
   —Pero ¿Qué edad tienes?le preguntó.
   El chico visiblemente nervioso no contestó.
   —Siéntate allí -le indicó señalándole una de las sillas que estaban en la cocina.
   —¿Va a llamar a la policía?preguntó el joven delincuente asustado.
   —Eso depende de ti
   —¿De mi?
   —Si de ti y de que me contestes unas preguntas
   El chico lo miraba sin entender mucho lo que Achaval le decía.
   —¿Vas a responderme?
   
Y... no me queda otra 
   —Muy bien comencemos entonces ¿Que edad tienes?
   —Doce
   —¿Dónde vives?
   —En una villa aquí cerca
   —Ajá, ¿Y porqué robas?
   —Para comprar paco
   —¿Y qué te da el paco?
   —¿Y usted que cree que me da?
   —No lo sé, por eso te lo pregunto
   —Salir de toda esta mierda que me rodea
   El millonario se quedó un momento pensando. Veía para ese chico pícaro e inteligente un futuro muchísimo más promisorio del que él mismo creía tener entonces se le ocurrió una idea que podría funcionar y se la expresó directamente.
   —Quiero hacer un trato contigole dijo.
   —¿Qué trato?
   —Todos los días vendrás a mi empresa y por cada dosis de paco que me traigas te daré el doble de lo que la pagas. O sea si sale 20 pesos te doy 40 ¿Entiendes?
   El chico abrió los ojos sin poder creer lo que estaba escuchando y su cabeza comenzó a funcionar viendo ante sí el verdadero negocio que se le presentaba y que también por cierto podria seguir dográndose sin problemas. O al menos eso era lo que en un principio pensaba.
   Cerraron el trato y todos los días como acordaron Juan (así se llamaba el joven) le llevaba a Achával dosis de la droga que el empresario ordenó a sus empleados guardar en el galpón de su empresa. Previamente Ernesto alertó al comisario de la zona (de quién era amigo) de lo que estaba haciendo para no tener problemas con la ley.
   Juan al principio le llevaba entre dos y cuatro dosis diarias pero como fue ahorrando y además dejó de drogarse, viendo una luz en su triste camino, comenzó a incentivarse más y más y hasta convenció a varios de sus amigos para que trabajen junto a él en ese emprendimiento.
   Al cabo de dos años el depósito de Achával habia logrado juntar más de mil dosis de paco y decidió junto a varios empleados de su empresa quemarla.
   Poco tiempo después citó al joven Juan para informarle que el trato habia terminado. El muchacho desesperado trató de convencerlo para que siguieran con su sociedad pero el empresario se negó.

   —Se acabó Juandijo Achával.
   —Pero Señor mucha gente depende de este trabajo
   —Hagamos otro trato entonces
   —Lo que usted quieracontestó el joven.
   —¿Cuántas son las personas que hoy dependen de ti?
   —Somos cincuenta mas o menos trabajando en esto
   —Muy bien, entonces ahora te pagaré por otra tarea
   —¿Otra tarea?
   —Así es. Deberás venir con tu gente todos los dias aquí. Aprenderán el oficio de albañiles y luego construirán casas en tu barrio. Por cada una de ellas que termines de levantar te pagaré 50000 pesos. De los materiales y el sueldo de los que intervengan en la obra me haré cargo yo ¿Aceptas?
   —Clarodijo Juan ilusionado.
   Achával consiguió que la Cámara Empresaria que él presidia se comprometiera con el proyecto por lo cual logró tres grandes cosas.
   Eliminó (aunque parcialmente claro está) mucha droga. Les hizo levantarse sus propias viviendas a mucha gente sin costo y hasta ganando dinero por hacerlas y 50 personas no volverian a robar ni a drogarse teniendo así una vida más digna.
   Siempre hay segundas oportunidades...

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