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MI DUENDE GERÓNIMO SE TOMÓ VACACIONES



 

   Me parecía muy extraño que no apareciera por ningún sitio. Tampoco lo hacían sus ayudantes hasta que por fin pude saber que ocurría. ¡Mi jefe de duendes se había tomado vacaciones!.
   Fui visitado por Trémulo. Secretario general del Sindicato de duendes y hadas.
   -Buenas noches-dijo en un tono serio.
   -¿Y usted quién es?-pregunté. ¿Dónde está Gerónimo?
   -En reunión extraordinaria de nuestro sindicato realizada en el día de ayer hemos resuelto que todos los duendes y hadas que trabajan para que ustedes escriban sus historias son merecedores de una licencia anual de 96 horas de descanso.
   -¿Descanso?.Un duende no necesita descansar-dije algo ofuscado.
   -Además-expresó Trémulo sin prestar atención a mi queja-. A partir del regreso de su jefe de duendes usted deberá incrementar en un treinta por ciento la provisión de galletas más un vaso de leche tibia como adicional para nuestros afiliados. 
   -Esto es una extorsión.
   -Si no acata nuestro pedido haremos una huelga 
- ¿Huelga?
- Así es. por lo pronto le daremos 48 horas para decidir si acepta o no nuestras exigencias. Aquí le dejo una copia firmada por todos los afiliados a nuestro sindicato. Dicho esto Trémulo me miró de mala manera y desapareció.

   Al quedarme solo me di cuenta que ya no tenía ideas para contar mis historias. Fue por eso que ustedes no pudieron leer nada en estos días aunque no me entregaré tan fácil a los pedidos del sindicato y reclamaré una conciliación obligatoria cuando Gerónimo vuelva de sus vacaciones.

   Por lo tanto queridos lectores, les pido perdón por los inconvenientes ocasionados...
  
   Ayer por la noche y mientras mi mente trabajaba a destajo buscando una historia para mi nuevo relato apareció Gerónimo acompañado por Trémulo, el Secretario General del Sindicato de Duendes y Hadas.
   A mi jefe de duendes traté de no mirarlo y ni siquiera le dirigí la palabra, estaba muy enojado con él y el ambiente se cortaba con una tijera.
   Trémulo se acercó a mi y me tocó el hombro para que le prestara atención.
   -¿Podemos hablar?-me preguntó él en un tono un poco más cordial que la vez anterior.
   -Hable-contesté secamente.
   -¿Analizó nuestra propuesta?
   -No voy a dejar que ningún sindicato me presione
   -Entonces debo entender que su respuesta es negativa
   -Quizás hubiese cedido a sus peticiones si el hombrecito que está a su lado no me hubiese traicionado-le expresé a Trémulo.
   -¿Cómo es eso? 
   -Lo que escucha
   -Explíquese
   -Ese señor-dije mientras señalaba con mi dedo índice a mi jefe de duendes-. Anduvo negociando un contrato mucho más beneficioso para él a mis espaldas
   Trémulo miró a Gerónimo incrédulo por lo que estaba escuchando y le habló.
   -¿Es verdad lo que dice este hombre? 
   Gerónimo agachó la cabeza y se quedó en silencio. Evidentemente estaba arrepentido. Trémulo entonces se dio cuenta de que todo era cierto y trató de llegar a un acuerdo conmigo.
   -En verdad no lo sabía
   -Pues ahora lo sabe, dígale a este señorito que puede irse con el señor Pablo Bauchiero Chávez cuando guste, ya no lo necesito. He nombrado otro jefe de duendes.
   Por primera vez en la reunión Gerónimo dejó su postura silenciosa y me habló.
   -¡Pero jefe no me puede hacer eso! -exclamó.
   -Ya lo hice, te he reemplazado por Zacarías
   -¿Zacarías? ¡El no pertenece a nuestro grupo!
   -Mejor así. Zacarías es brillante y ha trabajado con varios escritores famosos como Federico Rivolta, Carmen Silza, Estela Caruso, Julia C. María del Socorro Duarte. Erika Martín, Ricardo Zamorano Valverde, Mar V, Víctor Fernández García, Francisco Izquierdo Herrero, Raquel Laudani, Beatriz Arguelles, Ricardo Tejerina, Maria Rodriguez Casaux, Ady Alonit, Laura Mir  entre otros tantos amigos que tengo ¿Sigo o le es suficiente? (los que faltan no se me pongan celosos si no no termino más jajá)
   -Es un mercenario
   -Sin embargo ellos me han dado excelentes referencias sobre él
   -¿Entonces se acabó? ¿Ya no me quiere más?
   -Vete con Pablo. Ah y trátalo bien. El también es amigo mío por si no lo sabías
   Mi ex jefe de duendes miró a Trémulo quién se encogió de hombros y desapareció. El secretario del sindicato sin saber que hacer me dio la mano y solo expresó algo que me sorprendió por completo.
   -Le advierto que Zacarías también pertenece a nuestro sindicato
   -¡Zacarías ven para aquí!-grité.

   Estábamos trabajando con mi jefe de duendes Zacarías en un nuevo relato cuando de pronto aparecíó Trémulo, el Secretario General del Sindicato de Duendes y Hadas (SDDH) nuevamente.
   -¿Otra vez usted por aquí?-pregunté-. Ya hemos arreglado los términos del contrato de Zacarías asi que...
   -Gerónimo ha desaparecido
   -¿Desaparecido?
   -Así es, dejó a Pablo sin decirle nada hace dos días y no lo hemos vuelto a ver
   -¿Le preguntaron a Celio, su asistente? 
   -Interrogamos a todos y nadie sabe nada.
   -¿Y qué puedo hacer yo al respecto?
   -El se fue triste de aquí y según me comentó se encontraba muy arrepentido por haberlo defraudado.
   -Lo hubiese pensado antes-dije con cierto desdén.
   -Usted es el único que puede hacerlo regresar.
   -¿Yo?-dije-. ¿Y por qué me interesaría que regrese?. Tengo a un excelente duende como Zacarías y en verdad...
   -¿Lo dejará solo?
   -¿Y qué pretende que haga?
   -Debe ir a buscarlo y hablar con él.
   -Si no sabe donde está.
   -Tengo mis serias sospechas de que se encuentra en el bosque encantado.
   -¿Y dónde queda ese lugar?
   -En su propia imaginación.
   -Explíquese
   -Esta noche y antes de dormirse deberá tomar este liquido.
   Trémulo me alcanzó un pequeño frasco.
   -¿Y esto qué es?
   -¿Un hechizo realizado por el Hada del encantamiento. Es muy importante que lo beba antes que den las doce de la noche. ¿Lo hará? 
   Ante mi duda Trémulo presionó para convencerme.
   -Por favor Jorge, usted es el único que puede hacerlo regresar.
   -¿Y que efecto hará en mí este liquido?
   -Se dormirá inmediatamente y en su sueño se introducirá en el bosque encantado. Una vez allí deberá buscar a Gerónimo en el árbol brillante
   -¿Y cómo haré para hallarlo?
   No hizo falta que Trémulo conteste. Me quedé unos segundos en silencio y luego retomé el diálogo.
   -Está bien-dije-. Iré por él.
   -Gracias-contestó Trémulo sonriendo.
   
   Llegó la noche y esperé pacientemente la llegada del Hada del encantamiento que iba a proporcionarme la pócima mágica que me haría soñar e ingresar en el bosque encantado donde se encontraba mi duende Gerónimo. Poco después de dar las doce, ella hizo su aparición.
   -¿Estás preparado?-preguntó.
   -Lo estoy-respondí.
   Poco después de tomar esa pócima que tenía un gusto dulzón caí desvanecido y comencé a sentir como que viajaba a la velocidad de la luz por la rapidez y de pronto desperté. Era un lugar donde los colores verde y amarillo lo dominaba todo. Árboles muy altos, flores, rocas, montañas, todo eran de los mismos colores. A lo lejos divisé una serie de casitas muy pequeñas y me dirigí hacia allí pensando que ése era el lugar indicado para buscar a Gerónimo.
   Al ir acercándome noté que alguien me seguía de cerca y me detuve para observar quién era pero no vi a nadie, entonces continué caminando pero un nuevo ruido a mis espaldas me hizo girar nuevamente. 
   Observé ahora que alguien se escondía detrás de uno de los grandes árboles y le grité para que saliera de allí
   -¡Hey! ¡Usted! salga, ya lo he visto
   El pequeño duende al verse descubierto se presentó ante mi.
   -¡Gerónimo!-exclamé.
   -Hola jefe-respondió él con su cabeza gacha.
   -He venido a buscarte.
   -¿Para qué? Ya no me necesita. Tiene ahora de colaborador a Zacarías
   -Tú te lo has ganado. ¿No crees?
   Gerónimo no contestó.
   -¿Qué haces aquí? -le pregunté.
   -Ya nadie quiere trabajar conmigo.
   -Por algo será-dije aun enfadado con él.
   -Entonces, déjeme tranquilo, este es mi lugar en el mundo.
   -Tu lugar está en mi casa y lo sabes. Asi que recoge tus cosas y vamos.
   -No iré.
   -Gerónimo no me hagas enojar más de lo que estoy ahora.
   Mi ex jefe de duendes salió corriendo y lo seguí como pude hasta que en un momento lo perdí de vista. Retomé un poco el aire que perdí en mi carrera y comencé a gritar.

   -¡Gerónimo vuelve aquí!
   Pero nada, mi duende no aparecía, hasta que detrás de uno de los inmensos árboles divisé su bonete verde tan característico.
   -¡Sal de ahí!-le ordené- Ya se dónde estás.
   Gerónimo salió de su escondite y se acercó con su cabeza gacha hacia mí.
   -¿Pero qué diablos te pasa?-le pregunté ya muy enojado.
   -Pasa que usted ya no me quiere como colaborador y...
   -Eso lo arreglaremos en casa.
   -¿Y Zacarías?
   -¿Qué pasa con él?
   -¿Lo despedirá?
   -Tendrán que trabajar juntos.
   -Entonces me quedo aquí.
   -Gerónimo.
   -Adiós jefe-concluyó él con tristeza. Espero que pronto se le vaya la ira que tiene conmigo.
   -Bueno, es tu decisión y no puedo obligarte. Que tengas mucha suerte.

   Desperté en mi cama. me levanté y noté que ya era de noche. Volví a mi escritorio. Allí me esperaban el resto de los duendes.
   -No hubo caso-les dije con bronca.Él no volverá.
   -Es que usted no hizo lo que debía-respondió Trémulo.
   -¿Ah no?, fui al bosque encantado, me reuní con él, le hablé y bajé mi ego para que volviera. ¿Le parece a usted poco?
   -Al menos no es suficiente y además hay algo que no comprende.
   -¿Algo que no comprendo?. Explíquese.

   Trémulo me miró fijo a los ojos, su cara de duende ahora era una máscara irreconocible. Evidentemente algo grave estaba sucediendo y no quería o no podía decírmelo.
   -Trémulo-le dije-Hay algo que no está diciéndome.
   -No puedo señor.
   -¿Cual es la razón?
   -Deberá descubrirlo usted mismo, si no lo hace se acabará todo para nosotros y también para ustedes los escritores.
   -¿Pero qué es tan grave que no me lo puede decir?
   Trémulo se quedó en silencio y sus compañeros del sindicato también, solo me observaban con cara de tristeza.
   -Si no me ayudan o me dan una pista estamos perdidos-dije-.¿Entienden ustedes eso?
   -Lo entendemos
   -¿Entonces?
   Trémulo sacó de su enorme zapato verde un escrito, me lo extendió y lo leí:

   "Hay solo una cosa que a los duendes puede llegar a destruirnos-decía la carta-.Es algo milenario que ha causado muchas victimas entre nosotros. Su efecto es tan letal que podría hasta destruir a muchos de los propios escritores. Cada uno de ellos que lo ha experimentado nunca más pudieron escribir ni una línea. Pero nosotros no podemos confesarle el secreto por que si lo hacemos destruiríamos el encanto y por ende nunca más existirían las historias y los cuentos. Quién comete el error deberá descubrir cual es y así corregirlo"

   -¿Error?-pregunté-. ¿Qué error pude haber cometido?
   -Deberá descubrirlo usted mismo. 
   Dicho esto, Trémulo y sus ayudantes del sindicato desaparecieron. Me quedé pensando en ese error. Pero no pude llegar a ninguna conclusión. Fui a la cocina y me preparé un café, Claudia, mi mujer, dormía plácidamente y yo me senté a degustarlo. Pensé mucho en Gerónimo, en todo lo que había sucedido entre nosotros pero tampoco y salvo la pelea que tuvimos tuve demasiadas pistas que pudieran ayudarme a solucionar el problema entre los duendes y los escritores.
De pronto sonó mi celular, era un número raro y desconocido pero igualmente lo atendí.
   -¿Quién habla?
   Un silencio se escuchó en la línea y cuando me disponía a cortar alguien me habló:
   -Hola jefe-se escuchó una voz casi imperceptible.
   -¿Gerónimo sos vos?
   -Sí
   -Y qué querés-dije todavía enojado con él aunque menos.
   -¿Pudo dscubrir el secreto?
   -Aún no
   -¿Lo hará?
   -¡No lo sé!-le grité.
   Y él cortó la comunicación. Dos horas habían pasado y yo seguía sentado en la cocina sin saber que hacer. Nuevamente sonó mi teléfono.
   -¿Sos vos?-pregunté sin siquiera saludar.
   -Si jefe
   -¿Y que querés ahora?
   -¿Descubrió el secreto?
   -¿Gerónimo me estás cargando?
   -No, solo quiero que lo descubra.
   -Entonces dejame tranquilo y no vuelvas a llamarme.
   Pasaron unas horas más y cuando ya estaba entregándome al cansancio y al sueño lo descubrí. El secreto era que un escritor y sus duende no podían estar enojados entre sí ni sentir ira el uno por el otro.
   -Por eso me presionaba Gerónimo-me dije. Para que me diera cuenta que cuanto más enojado estaba la ira iba en aumento. Debo ir a buscarlo.
   Pasaron tres días y los duendes no aparecieron, temí que todo se hubiese terminado pero no podía ser así por que yo estaba escribiendo esta historia por lo tanto todavía no había perdido la magia que me permitía hacerlo.
   ¿Entonces? ¿Por qué no se presentaban?   

   Cuando empezaba a creer que ya todo estaba perdido se me dio por mirar una vieja foto en la que posabamos con Gerónimo. Obviamente que solo yo podía vernos a los dos juntos por que los duendes eran invisibles para casi todos los mortales y solo unos pocos éramos privilegiados en poder contactarnos con ellos cara a cara.
   De pronto, ya no sentí enojo ni ira por mi duende y unas lágrimas corrieron por mis mejillas, instantes después él se hizo presente. Lo miré sin decir palabra alguna. Gerónimo entonces me habló.
   -Hola jefe-dijo-.Ha logrado limpiar con sus lágrimas el error cometido, por eso he regresado y ya podemos continuar con esta historia. Su cariño por mí le ha ganado a su ira.

   Mi ex jefe de Duendes, Zacarías, hoy trabaja con un amigo, el escritor Pablo Bauchiero Chávez y está muy feliz...
   
Fin 

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