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LA PENSIÓN DE DON TULIO SEGUNDA PARTE




A mis doce años yo era ya un muchacho de buen porte, morrudo y alto y esto contrastaba con el cuerpo del colorado que aun no se había desarrollado demasiado y que a mi lado parecía un enano.

- Vamos a abrir esa puerta-le dije-. De alli provino el grito
- ¿Estás loco Manuel?-contestó el colorado mientras tomaba el palo con sus dos manos fuertemente y con una cara de espanto de aquellas.
- Eres un cobarde-lo increpé-. Para eso vinimos. Si quieres márchate, iré solo
- Esta bién. Te acompaño, pero tú vas por delante.
- Siempre fui adelante idiota-contesté recalcándole que era yo el valiente aunque en realidad sentía tanto miedo como él.

Nos acercamos lentamente a la puerta en cuestión y giré el picaporte, ésta estaba sin llave y lentamente la abrí dándome casi un síncope cuando del otro lado y con el mismo semblante vi a  Patricio y a Aldo ya preparados para atacarnos.

- ¡Eran ustedes!-exclamé mirándolos con cierto enfado-. ¿Quién de los dos gritó?
- Nosotros no gritamos-pronunció Patricio.
- No escuchamos nada-dijo Aldo-. Solo ingresamos a la habitación por aquella puerta que ves allá
- Pero el grito se escuchó claramente, es imposible que ustedes no lo hayan percibido-afirmé.
- Esto no me gusta nada-dijo el colorado mientras seguía empuñando el palo como si fuese un beisbolista.
-¡Baja ese palo idiota!-le ordenó Patricio. Revisemos la habitación a ver si encontramos algo.

El dormitorio era de grandes dimensiones y aunque estaba sucio por el tiempo transcurrido se veía intacto. La cama de dos plazas estaba armada por un gran cobertor de terciopelo rojo y dos almohadones al tono perfectamente colocados en su lugar. También hallamos una cómoda con un espejo dónde seguramente la señora por las mañanas se arreglaba sus cabellos y se pintaba . A la derecha de éste mueble se encontraba el baño y fuimos directamente hacia allí dónde nos encontramos con el primer grupo de ratas que al vernos salieron huyendo mientras el colorado con su palo intentaba infructuosamente alejarlas moviéndolo de un lado a otro pero sin acertarle a ninguna.

- Mierda-dijo Aldo exagerando-. Aquí debe haber miles de ellas 

Pero al ingresar no hallamos ninguna más. El lugar estaba completamente vacío y salvo por la cortina que cubría a la bañadera y que se encontraba totalmente corrida ocultándola solo hallamos una pequeña alfombra en el piso y varios elementos de aseo en el botiquín.

- Manuel-me ordenó Patricio-. Corre la maldita cortina.
- ¿Yo? ¿Porqué?-traté de evitarme el sufrimiento de hacerlo-.Hazlo tú
- ¿Te olvidas quién manda?-dijo él echándome una mirada cargada de fastidio.
- Ya lo se, tú-respondí.
- Entonces hazlo

Me acerqué lentamente, tomé con mi mano derecha la cortina corrediza, y la abri con un movimiento brusco de par en par. 

Los demás esperaban expectantes esperando quizás encontrar allí el cadáver de Tulio, pero la bañadera estaba vacía. Juro que respiré aliviado y los demás también. Entonces decidimos salir de allí y volver a la habitación.

Cuando nos disponíamos a regresar a la sala principal de la casa para revisar si debajo de la alfombra estaba la entrada al sótano se escuchó un nuevo grito que provenía desde afuera de la vivienda tan desgarrador como el que el colorado y yo habíamos percibido un rato antes.

- ¿Ahora lo escucharon? -les pregunté a Patricio y Aldo que me miraron espantados.
- Si-contestó Patricio-. Viene de las habitaciones de los pensionados
- ¡Huyamos ya!-gritó Aldo.
- Shhh. Cállate idiota o sabrá que estamos aquí-le ordenó Patricio.
- ¿Quién? -preguntó el colorado.
- ¿Y quién va a ser? El espíritu de Tulio-respondí yo-. Creo que está jugando con nosotros

Nos mantuvimos quietos y en silencio por varios minutos y todos esperábamos las ordenes de Patricio que a esa altura creo que tenía más miedo que nosotros. Finalmente él respiró profundamente y nos habló.

- Si es Tulio el que está jugando con nosotros deberemos tratar de salir-pronunció.
- ¿Y cómo lo haremos?-pregunté-. Tenemos que hacer un largo recorrido hasta la salida y nos atrapará
- Quedándonos aquí también lo hará-contestó Patricio.
- ¿Entonces?
- Nos separaremos y de esa manera podremos despistarlo. Si permanecemos unidos estamos perdidos.
-¿Cual es tu plan?-preguntó Aldo.
- Manuel será el primero en salir 
- ¿Yo otra vez?
- Sí. Eres el más grandote de todos nosotros y si te ataca podrás defenderte de él mientras nosotros te apoyaremos sorprendiéndolo por detrás
- Me parece injusto -me quejé. 
- Es una orden-me dijo Patricio.

A esa altura sus ordenes ya me parecían una mierda y por primera vez en mi vida desde que nos habíamos hecho amigos lo enfrenté.

- Pues ve tú primero, eres el jefe-lo desafié.
- ¿Estás revelándote?-contestó él marcando su liderazgo.

Lo miré fijamente a los ojos con furia y él me mantuvo firme la mirada. Los otros dos nos observaban esperando que en cualquier momento surgiera una pelea a golpes de puño. 

La situación se iba poniendo tensa minuto a minuto hasta que volvimos a escuchar un nuevo grito que provenía de la sala principal de la casa y todos salimos espantados hacia lo que alguna vez había sido el parque.

Al llegar allí nos parapetamos y cada uno sacó su hondera cargándolas de piedras que levantábamos del suelo para defendernos de un posible ataque del espíritú de Tulio. Tiramos hacia atrás todo lo que pudimos las gomas para que nuestros proyectiles pudieran salir con la mayor fuerza posible y esperamos impacientes a que el espectro se hiciera presente pero un nuevo grito que provenía de las habitaciones de los pensionados a nuestras espaldas nos hizo temblar de terror.

Ahora si estabamos rodeados...

continuará...








   




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