Lo Último

EL CAZADOR CAZADO




   Si había algo en Valentín Suárez era que había sido concebido con una belleza tal que ya desde niño asombraba por su hermosura.
   Cuando llegó a la adolecencia no había chica que se le resistíera a sus encantos aunque también su arrogancia al saberse el más popular de los jovenes le jugaba en contra ya que solo cosechaba envidias entre sus amigos y compañeros de colegio.
   Tuvo varias novias y por obvias razones nunca se enamoró de ninguna. Solo las buscaba para salir un tiempo, acostarse con ellas y luego dejarlas abandonadas y sufriendo por su desamor.
   Los años fueron pasando y este galancete nunca cambio su forma de ser ni tampoco en su insistente cacería de las mujeres mas bellas que se rendían una a una a sus encantos para luego ser desplazadas y ser exibidas por él como meros trofeos de guerra.
   Al terminar la Universidad y recibirse de abogado Valentín fue contratado por uno de los mejores Estudios de abogados de la ciudad por sus brillantes notas.
   Era el hombre perfecto aunque su arrogancia, su complejo de superioridad y también el saberse muy atractivo le jugaría una muy mala pasada.
   Karen Méndez era la abogada más brillante del estudio y una mujer muy atractiva. Su cuerpo perfecto, su rostro de ángel, sus ojos color miel y una sonrisa que podían demoler a quién se le cruzara en su camino eran sus cartas de presentación.
   Y como si esto fuera poco Karen poseía un plus extra que Valentín nunca podría llegar a ser. Una buena persona. Excelente compañera y nunca utilizar sus encantos para hacer sufrir a un hombre.
   Recién divorciada de Manuel Puente, hijo de un gran empresario y sin haber tenido hijos, esta bella mujer volvíó a convertirse en una candidata ideal para cualquier hombre que intentara conquistarla. Lógicamente que entre los que se anotaron para tener algo con ella fue Valentín Suárez.
   Sin embargo ella rechazaba todas las invitaciones que éste le hacía para tener una cita y para un tipo con un ego por las nubes como el que éste tenía eso era algo inaceptable.
   -Ya caerá-se decía a sí mismo con un total convencimiento de que tarde o temprano Karen sería su próxima víctima.
   Al pasar el tiempo y viendo que esto no ocurría, el galancete comenzó a impacientarse y su egocéntrica forma de ser atentó contra sus deseos de conquista. Ella ni lo registraba y solo si era necesario debido al trabajo que compartían se cruzaba con él para consultarle algo concerniente exclusivamente a sus tareas como colegas. 
   En las horas de almuerzo las otras abogadas del estudio y Karen se juntaban en un bar cerca de la oficina y éstas la increpaban por no aceptar una cita con el tipo que para ellas era el más guapo de la ciudad.
   -Eres una desquiciada-le decía una de las abogadas-.¿Lo has visto bien? Es un bombón
   -No me interesa salir con compañeros de trabajo
   -¿Pero no te parece atractivo? -preguntó otra incrédula por lo que oía.
   -Pues a decir verdad-contestó Karen-. Me parece un patán que solo busca tener sexo como ya lo tuvo con muchas de ustedes
   Cierto día, Karen recibió un gran ramo de flores en su casa con una tarjeta de Valentín que le pedía una cita pero ella las devolvió inmediatamente y cuando lo encontró en el estudio fue a increparlo directamente.
   -No me gusta lo qué haces-le dijo-.Me podrás enviar si quieres mil ramos de flores pero nunca saldré contigo
   Herido en sus sentimientos, Valentín enfureció y poco más que maltrató a esa mujer que comenzaba a volverlo loco y de la que se estaba enamorando perdidamente.
   -Nadie nunca me ha rechazado. ¿Quién te crees qué eres?
   -Soy una simple mujer que no quiere salir contigo. ¿No lo puedes entender?
   -¡No!- le gritó él-. Ya lo harás, solo es cuestión de tiempo. Ya verás
   Por primera vez en su vida Valentín estaba en una verdadera encrucijada. No solo por que era rechazado por una mujer si no que ésta era "La mujer" de la que estaba enamorándose. Y era tal su devoción por Karen que hasta cambió su forma de ser. Dejó de salir de cacería como acostumbraba, se encerró en su lujoso departamento de la ciudad y prácticamente se volvió un hombre triste por no ser amado. Solo salía para ir a trabajar y volvía por las tardes. Comía poco y dormía mucho. Su vida ya no sería la misma nunca más.
   -Quién iba a decir que me estuviese sucediendo esto. ¡A mí!-se decía una y otra vez con bronca y resignación. 
   Y todo fue de mal en peor cuando Karen comenzó una relación con un médico al que conoció en una reunión de amigos en común y al poco tiempo se fueron a vivir juntos. Para Valentín, el cazador, esto fue un golpe letal y cayó en una gran depresión.
   Al poco tiempo perdió el gran trabajo que tenía, comenzó a beber demasiado y pronto sus rasgos sufrieron el castigo duro que el alcohol comenzó a provocarle en todo su cuerpo y alma. 
   Terminó regresando a su ciudad natal y se lo veía por allí deambulando solitariamente o en algún bar desahogando sus penas por la mujer a la que amaba con locura pero que nunca sería suya.
   Aquella arrogancia, el ego y su complejo de superioridad le dieron paso a la depresión, el lamento y la tristeza que a diario lo embargaban y que lo hacian sentir tan poca cosa que daba lástima con solo verlo arruinando su vida en la barra de los bares o desplazándose como una sombra por los lugares en los que antes disfrutaba haciendo sus fechorías con las mujeres que conquistaba.
   Muchas de ellas que alguna vez lo sufrieron en carne propia disfrutaban ahora al verlo acabado y siendo tan solo un pobre borracho que sufría por amor. 
   Éstas ya ni se le acercaban y al verlo así se regocijaban por el bien merecido castigo que tenía por haber sido tan despreciativo, frío y desalmado con ellas para solo utilizarlas un rato con el solo fin de llevarlas a su lecho.
   Karen por su parte se separó de aquel médico con el que salía y un día se encontró con una compañera que hacía tiempo había renunciado al estudio.     
   Resultó ser que esta mujer vivía en la misma ciudad que Valentín y lo conocía bastante entonces le contó todo lo que estaba sucediendo con él.
   Karen sintió un poco de lástima y decidió ir a visitarlo. Le pidió la dirección a su ex compañera de trabajo y una tarde se le apareció de improviso por su casa.
   Al verlo, no podía creer que ése hombre era el mismo que una vez había conocido. Desalineado, sucio, con sus cabellos revueltos y una ropa que hacía varios días no se cambiaba más el fuerte olor a alcohol que casi la hacen vomitar del asco fue la carta de presentación que Valentín le mostró al abrir su puerta.
   -¿Pero que te ha sucedido? -le preguntó ella.
   -¿Y tú me lo preguntas?-respondió él moviéndose de un lado al otro y con una botella de licor en su mano.
   -He venido a ayudarte
   -¡Vete! ¡Mujer del demonio!-gritó él.
   -No lo haré. Quiero ayudarte-le repitió.
   -Ya es tarde
   -¿Tarde para qué? ¡Vamos hombre!-exclamó ella-.Eras un abogado brillante, lo tenías todo a tus piés ¿Pero que te sucedió para terminar así?
   -¡Tú maldita!-gritó él-.Hasta que apareciste en mi vida todo me iba de mil maravillas pero te conocí y fuiste mi perdición
   -¿Tan solo por que te rechacé?-preguntó ella un tanto ingenuamente.
   -¿Eres tan estúpida que no te das cuenta que estoy loco por tí?
   -Pensé que solo sería una más de tus conquistas
   -¡Y al principio era así!-volvió a vociferar él-. Pero tú me rechazaste una y otra vez y me terminé enamorando de tí
   -En verdad lo siento mucho pero no te amo
   -¡Márchate y déjame tranquilo!
   Valentín le cerró la puerta en la cara y ella volvió a tocarle el timbre.
   -¿Es que no me escuchaste?-dijo él cuando abrió la puerta-.Ya me has destruido mujer perversa ¡Vete!
   Y dicho esto volvió a cerrarle la puerta.
   Ella se fue y nunca más regresó. Él aun divaga por los bares tratando de ahogar sus penas con una botella en sus manos.
   El cazador finalmente fue cazado...



     

  


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