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LA HERMANA GERTRUDIS CAPÍTULO FINAL



Como si fuese una maldición comenzó a llover y eso no hizo más que pintar un panorama más tétrico de lo que ya se veía en el cementerio.

Siguiendo las indicaciones de la Hermana Gertrudis me adentré por un pasillo lleno de bóvedas. Muchas de ellas estaban en buen estado pero otras mostraban vidrios rotos, puertas destruidas y desde afuera podía ver a los ataúdes que en muchos casos estaban podridos por el abandono que tenían. 

Al llegar al final de ese lugar me enfrenté con varias hileras de nichos que también mostraban a algunos en un estado aceptable y a otros que no tenían siquiera las tapas de mármol que alguna vez cubrieron a los ataúdes que ahora y a simple vista se veían en un estado deplorable.

Calculé que ya habría pasado más de una hora y media desde mi ingreso al cementerio por la puerta 4 y todavía no sabía dónde estaba esa maldita tumba que según la hermana tenía el hechizo que me habían hecho y por el cual estaba sufriendo en cadena mis desventuras.

-Ya estoy en los nichos-le dije a Gertrudis.
-Muy bien Gabriel, toma hacia la izquierda y camina unos cien metros, allí encontrarás las tumbas de tierra.

Retomé mi camino alumbrándome con la linterna y teniendo sumo cuidado de que ninguno de los vigiladores anduviera por alli. Para mi suerte no me topé con nadie salvo con un hermoso gato que no tuvo mejor idea que interponerse en mi camino y maullar de una forma tan desgarradora que casi hace que me desmaye del susto. 

Finalmente llegué a las tumbas de tierra que se encontraban separadas por veredas que servían para transitar por el lugar.

-Ya estoy aquí-Le avisé a la Hermana.
-Perfecto-contestó. Ahora toma por las que están en la fila tres, fijate que hay carteles bien visibles que señalan por número por dónde tienes que transitar

Alumbré con la linterna y efectivamente todas las filas estaban bien señaladas.

-Ya la ubiqué-dije.
-Camina por la vereda y busca la número 23. Deberás ir contándolas tú mismo hasta llegar a ella. En su lápida de mármol verás el nombre de la fallecida. Su nombre es María Graciela Belmonte.  
-Lo haré

Retomé el camino contando una por una las tumbas que estaban ubicadas en la fila tres. Al llegar, alumbré con la linterna hacia la lápida y vi la placa con el nombre que la Hermana Gertrudis me había proporcionado.

-Ya estoy frente a ella-dije.
-Buen chico-comentó ella- Ahora comienza a cavar hasta llegar al ataúd y trata de que no te vean haciéndolo o...
-Ya sé, iré preso
-Así es

Tomé la pala y comencé a cavar tirando la tierra que sacaba a un costado. Al cabo de una media hora ni siquiera había llegado al metro de profundidad y tuve que descansar un poco ya que a pesar de mi juventud no estaba acostumbrado a realizar ese tipo de tareas.

Por obvias razones quedé con la hermana para que cortáramos la comunicación ya que si bien la batería de mi teléfono estaba bien cargada era inútil mantenernos en contacto al menos hasta que yo terminara mi faena.

Al cabo de unos quince minutos volví a cavar y así estuve por espacio de una hora hasta que logré llegar hasta el ataúd. Resoplé aliviado y salí de la tumba un momento debido a que la lluvia que no era muy intensa pero que estaba embarrándolo todo podría ser una trampa para mí cuando quisiera salir del sepulcro la próxima vez que ingresara. Busqué entonces algo que me sirviera para volver a escalarla y a pocos metros vi una escalera. Fui por ella y la introduje en el pozo. 

El ataúd se encontraba a unos dos metros de la superficie por lo cual bajé por ella munido del martillo y el destornillador de punta que había sacado de aquel galpón y me dispuse a tratar de abrirlo. Pero para mi mala suerte éste estaba soldado, por lo tanto la tarea se me haría casi imposible salvo que lo rompiera en uno de sus costados.

Comencé a tratar de destruir la madera pero al ser de roble de primera calidad se me tornó casi imposible. Mientras intentaba hacer esto recibí el llamado de Gertrudis. Revisé mi bolsillo derecho y en la posición incómoda que me encontraba casí no podía sacarlo de mi pantalón. Al fin pude lograrlo y contesté.

-¿Por que tardaste tanto en atenderme?-preguntó la hermana. 
-¿Y tú qué crees?-respondí de mala manera y ya tuteándola. No todos los días uno trata de abrir un ataúd
-Cálmate. ¿Pudiste hacerlo?
-Aun no. Está soldado y debo hacerle un agujero en un costado, pero este maldito roble es ingobernable. Deberé volver al galpón a buscar algo más contundente para abrirlo
-Ni lo pienses. Sigue intentándolo o busca algo por los alrededores, volver al galpón podría ser peligroso ya que los vigiladores...
-¡Tambien me pueden descubrir aquí! ¡Necesito una herramienta más contundente!-grité ya cansado y con desesperación.
-Está bien Gabriel, tranquilízate 
-¿Me pides que esté tranquilo? Ya me estoy cansando de todo esto. Es una verdadera locura
-Es por tu bien

No respondí. Me quedé unos momentos en silencio e intenté respirar profundamente para calmarme. La Hermana pensó que había cortado la comunicación.

-¿Gabriel estas ahí?-preguntó.
-Lo estoy
-Haz lo que tengas que hacer. Te llamaré en media hora

Ya eran las dos y media de la mañana. Me tomé un tiempo para pensar los pasos a seguir y también en que quizás sería mejor dejarlo todo así. Estaba tan nervioso y asustado que mi cabeza era una licuadora y me dolía a horrores.

-¿Por qué acepté involucrarme en esta locura?-me pregunté una y otra vez.

Pero ya estaba allí y terminaría con lo que me había propuesto a buscar. Ese maldito maleficio que me alejó de la mujer que amaba y que hizo pelearme con mi mejor amigo entre otras desgracias que también me pasaron en tan corto tiempo. 

-Ese ataud no podrá conmigo-me dije para darme ánimo.

A unos veinte metros de donde me encontraba divisé un pico. Increiblemente uno de los sepultureros había olvidado guardarlo o era un guiño del destino. Caminé hacia él, lo tomé y regresé al sepulcro. La lluvia había cesado y el viento también.

Bajé nuevamente por la escalera y comencé a golpear con el pico al ataud con todas mis fuerzas hasta que la madera del maldito cedió y se partió haciéndose un gran agujero. 

Solté una carcajada alocada en señal de felicidad por lograr mi éxito y esperé el llamado de la hermana Gertrudis que se produjo como habíamos convenido a la media hora.

-Ya está abierto-dije exaltado.
-¿Estás bien?
-Mejor que nunca. ¿Como seguimos?
-Busca dentro del ataúd una pequeña caja

Con cierto asco, metí mi mano y comencé a mover al cadáver que estaba deshaciéndose debido al contacto con el aire luego del hueco que yo le hice. Busqué debajo de él y nada, a un costado y nada, del otro costado y nada. Hasta que toqué detrás de la cabeza de la pobre mujer y pude palpar a la pequeña caja. Como seguía en comunicación con Gertrudis le informé al instante de esta situación.

-Ya la hallé-Le dije
-Perfecto-respondió ella- Retírala de ahí pero ni se te ocurra abrirla, podrías desatar un mal mayor del que ya tiene
-Está bien. No lo haré.

De pronto escuché pasos que venían hacia mí a no muy lejana distancia. Apagué la linterna y me quedé muy quieto. Seguramente sería descubierto pero fue lo único que se me ocurrió en ese momento. Mi suerte ya estaba echada.

Una hermosísima mujer, alta, de cuerpo armonioso, cabello negro y rasgos casi perfectos se paró delante de la tumba y me sonrió. Detrás de ella dos hombres iluminaban con sus linternas hacia dónde yo estaba y portaban cada uno un revólver. 

-Hola Gabriel-me saludó.
-¿Y usted quién es?-pregunté sorprendido.
-¿No reconoces mi voz?
-¡Gertrudis!
-Así es. Alcánzame la caja que sacaste del ataud-me ordenó mientras los dos tipos me apuntaban.

Hice lo que me pedía y se la dí.

-Gracias, eres muy amable.
-Entonces-dije-Esto fue una trampa
-Digamos que me has hecho un gran favor
-¿Qué buscabas con esto?
-Un culpable por robar una tumba que contenía un medallón egipcio de un valor incalculable y que por cierto ya he vendido en medio millón de dólares a un coleccionista italiano
-¿Y por qué me elegiste a mí?
-Fue algo que me demandó un cierto tiempo realizarlo. Cuando colgué la web buscaba a alguien que pudiera realizar el trabajo creyendo en que yo tenía poderes para solucionar sus problemas. Perdí algun dinero al principio ya que muchos se quedaron con los 300 Euros que pedía y tuve que devolvérselos sin recuperarlos pero tú volviste a caer y fuiste funcional a mis verdaderos intereses
-Pero en mi tarjeta figuran las transacciones y...
-Eso ya fue arreglado por un hacker amigo, no hay ningun rastro de las operaciones que has realizado. No encontrarán nada.
-Ya entiendo todo
-¡Era hora!
-¿Y qué harás conmigo?
-Estos señores son cuidadores del cementerio y trabajan para mi hace bastante tiempo. Ya hemos hecho este tipo de incursiones nocturnas y es más, yo estuve detenida un par de años por este delito. Aunque claro está nunca los inculpé a ellos. Por eso en este caso no podía involucrarme directamente y busqué una forma de que alguien lo hiciera por mí. ¿No te parece una idea genial?
-Eres una perra
-Lo soy. Ahora debo irme, ellos te entregarán a la policía y quedarán como unos buenos empleados que cumplieron con su deber
-¿Puedo hacerte una pregunta?-dije ya jugado.
-Por supuesto
-¿Cómo supiste lo del collar egipcio?
-Aunque no lo creas trabajo de medium y espiritista y una de mis clientas que es hermana de la fallecida me contó la historia de su hermana que le pidió antes de morir ser enterrada con el medallón que su marido le había obsequiado hace más de cuarenta años. También me enteré que éste le fue obsequiado al esposo por un gran arqueólogo que no lo declaró a las autoridades egipcias como sus leyes lo solicitan.  
-Ahora me empieza a cerrar todo. Pero no todos se hacen enterrar con objetos valiosos 
-Obviamente que no y no suelo profanar tumbas porque ya estoy marcada por eso. Lo hice unas diez veces pero me atraparon y abandoné esa modalidad abocándome a ciertos clientes a los que les sacaba información para luego convencerlos de que me entregaran objetos de gran valor para quedármelos con el pretexto de que tenían un hechizo maligno. Pero este caso era especial ¡Medio millón de dólares valían la pena y sin arriesgar nada! ¡Es perfecto!
-Perverso diría yo
-Es verdad, pero soy muy buena ¿No lo crees?. Bueno basta de charlas, debo irme, mañana tengo un largo día y necesito descansar unas horas ¡Son las tres y media de la mañana!. Te dejo en compañía de estos amigos. Buena suerte en la cárcel Gabriel


Dicho esto la hermana Gertrudis se marchó raudamente del lugar perdiéndose en la oscura noche.

-Sal de ahí-me ordenó uno de los cuidadores. Te entregaremos a la policía.

Cuando me disponía a subir por la escalera escuché una voz.

-No hace falta que lo hagan-les ordenó alguien que salió de las sombras-Suelten sus armas. Quedan detenidos por profanación de tumbas, robo, defraudación y estafa
-Pero nosotros no hicimos nada ¡Fue él!-dijo uno de los cuidadores señalándome y arrojando su arma al suelo.
-Ya escuchamos todo lo que teníamos que escuchar-dijo el policía- Y trajimos a una testigo con nosotros. ¡Señora!-gritó el oficial- Ya puede salir

-¡Tía Estela!-exclamé con alegría al verla- ¿Qué haces aqui?
-Cuando te fuiste de casa llamé a la policía y los alerté de lo que estaba sucediendo. Intuí que algo malo podría ocurrirte y por suerte ellos me escucharon cuando les conté la historia de esa bruja. Inmediatamente pasaron a buscarme y nos vinimos para aquí
-¡Pero Gertrudis se ha escapado!
-Quédese tranquilo-dijo el oficial- Ya fue detenida por nuestros hombres

Al salir del cementerio abrazado a mi tía vi como se llevaban a la Hermana Gertrudis esposada. Antes de ser subida al patrullero ella se dio vuelta y me brindó una sonrisa demoledora. Era tal su belleza que si no supiese que era una peligrosa delincuente me hubiese gustado invitarla a salir. 

-Quizás-me dije-He quedado hechizado por sus encantos...  

FIN





Para terminar como bonus track les dejo este video del grupo Maná llamado Hechicera. 


  









    
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