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NADIE ES UN SÚPER HÉROE



Hace ya seis meses perdí mi capa y mi escudo. Me encontraba volviendo de unas vacaciones increíbles en la Patagonia junto a mi mujer que disfrutamos muchísimo. Y si bien en los últimos dos días de paseo ya no me estaba sintiendo de la mejor manera, sabía que todo pasaría como siempre en mis cincuenta y dos años de vida. Siempre había sido así ¿Y por qué tendría que cambiar ahora? Unas cuantas aspirinas resolverían el problema a esos dolores de cabeza y mareos que sentía a diario. Volví a retomar el trabajo luego del fin de semana de regreso en el que recuerdo dormí como nunca ya que mis fuerzas estaban flaqueando. Pero ahí estaba yo de nuevo. Levantándome y yendo como un toro hacia adelante. Sin prestar atención a que esos mareos continuaban a diario. "Debe ser algo pasajero" —Me dije— y seguí mi camino luciendo mi capa y portando mi escudo para luchar contra todo. ¿Qué me podía pasar? ¿Si era invencible? ¿Si nunca me pasó nada? ¿Si siempre mis males eran pasajeros? Pero y como si fuese una gran ola que te toma de sorpresa y te revuelca sin poder controlar tus actos apareció de la nada el primer desvanecimiento y después de volver en sí y a los pocos minutos sucedió el segundo. Intenté por todos los medios reincorporarme pero ya era tarde. Un nuevo archi enemigo había logrado atacarme y dejarme totalmente sin control de mis actos. Fue artero y muy directo convirtiéndome en alguien totalmente expuesto y dominándolo todo por completo. Me robó mi capa y mi escudo y se divirtió (Y aún hoy lo hace) conmigo como si fuese yo un muñeco de trapo. Me instaló un miedo sin precedentes al que no sabía ni podía manejar. Me impuso ideas en mi cabeza para que cuando a él se le antojara supiera de una vez por todas que yo no sería más aquel Súper Héroe que todo lo vencía. Qué todo lo podía. Y por primera vez en mi vida tuve la idea de que podía morirme de un momento a otro. Y ya nada fue igual. Tuve que comenzar a convivir con eso y a pelearle mano a mano y diariamente sin la capa ni el escudo a ese mal nacido que logró derrotarme una vez y que regresaba por más pero esta vez solo contaba con mi voluntad de seguir combatiendo a manos limpias. Pero con eso no alcanzaba y tuve por primera vez en mi vida que pedir ayuda y apoyarme en otros seres (mi mujer, familiares y amigos) para poder salir. Para poder derrotar una y otra vez a ese poderoso y cruel enemigo llamado Señor pánico.

—Es un mal social—dijo mi psiquiatra—Deberá tomar un antídoto contra él

¿Un antídoto? Un Súper Héroe no toma antídotos—me dije— Pero tuve que hacerlo. Ya no era el que fui. El qué lo podía todo. El que no necesitaba de nadie para salir de situaciones límites. El que solo se las arreglaba para salir adelante. Y me enojé mucho. Vaya si lo hice. Pero pude comprenderlo y hoy ya estoy mejor y debo reconocer por primera vez en mi vida que necesito y necesitaré pedir ayuda a los demás. Yo que siempre intenté dar mi protección, ahora necesito de todos para que hagan lo mismo conmigo. Y aunque me es difícil aceptarlo. Siento que sin eso no podré de una vez y para siempre destruir al Señor Pánico ni a ningún otro archi enemigo que se me presente en el futuro. Aprendí la lección…

NADIE ES UN SUPER HÉROE…
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