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LOS DUENDES NO ME ABANDONARON (MICRORRELATO)





   Aquel día de un sabado frío y lluvioso me dispuse a escribir una historia. Aún no sabía de qué se trataría y esperaba la imperiosa visita de mis duendes para que se transformen en los personajes centrales de mi relato. Observé por varios minutos y nada. Tomé un sorbo de café, esperé más minutos y nada. ¿Pero qué está sucediendo aquí? —me pregunté ya preocupado. Subí a mi cinta de correr y descargué energías mientras buscaba en mi mente tratando de encontrar algo desesperadamente pero nada aparecía. Cansado del trajín me bajé de la cinta y fui a darme una ducha. Quizás —me dije. El agua despejaría un tanto mi mente y los duendes aparecerían. Pero nada. Entonces me fui a dormir tratando de encontrar en mis sueños a mis duendes. Algunas veces se me habían presentado en ellos pero nada.  A la mañana siguiente me atrapó la desazón y hasta tuve miedo de que ellos hubieran tomado la decisión de marcharse yendo a otros lados para acompañar a un nuevo escritor. Alguien más ameno para ellos que yo. Estaba triste, confundido, desencantado, abrumado y solo traté de arreglármelas por mi cuenta y volví a mi PC. Puse los dedos en mi teclado y de pronto aparecieron como siempre. Enojado, los miré a todos y en tono de reproche les hablé.
   No me hagan más esto por favor—les pedí.
   —¿Y qué hicimos?—contestó uno de ellos.
   —Pues abandonarme a mi suerte. Sin ustedes no puedo hacer nada. No puedo crear nada
   —No te abandonamos
   —¿Ah no?—pregunté ahora un tanto más enfadado que antes.
   —No lo hemos hecho, al contrario
   —¿Al contrario?
   —Si amigo mío—contestó otro— ¿Éste diálogo que tenemos dónde crees que está reflejado?
   
   Y era verdad. Tenían razón. Ahora ustedes están leyendo un microrrelato llamado "Los duendes no me abandonaron"
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