Lo Último

EL LÍDER 2 CAPÍTULO 36

El joven Guarino preparó la máquina según las indicaciones de Pedro el sabio. Aguardó a que su maestro le diera la señal y cargó los datos.

En el despacho del tirano todo parecía normal pero de pronto un tremendo estruendo se escuchó en el recinto. Abrumado, Álvaro no podía creer que sus prisioneros se les esfumaran como agua entre los dedos y luego de reponerse de la conmoción sufrida se dirigió a su sillón. Le dolía espantosamente la cabeza aunque pronto aclaró sus ideas y llamó a su hermano.

— Ven inmediatamente para aquí—le pidió.

El laboratorio del joven Guarino sufrió también las consecuencias del traslado. Uno de sus generadores comenzó a incendiarse y el resultado esperado por los científicos no fue tal ya que Tomás y Paula no regresaron. Una vez que pudieron sofocar el siniestro trataron de volver a ponerlo en marcha pero éste quedó inutilizable. Pedro el sabio supo en ese instante que los había perdido y que sería muy difícil hallarlos salvo que un milagro se produjera y él no creía en milagros.

El viejo Líder luchaba por su vida aunque luego del tercer paro cardio respiratorio sufrido los médicos constataron que un daño cerebral irreversible se había producido. Su estado era desesperante y Talamonti fue inmediatamente informado de ésta situación aunque les solicitó a los facultativos mantener absoluta reserva para no despertar en el pueblo sentimientos encontrados de pesar por Jeremías e ira por aquel que supuestamente había cometido el atentado. Se indagó a todos los que de una forma u otra vieron a Tomás aquel día nefasto para saber así cuáles habían sido sus últimos movimientos. Y a pesar de que el Comandante trató desesperadamente de buscar despegarlo de todo no encontró más que pruebas en su contra que lo incriminaban.

Paula despertó. No podía ver nada y trató de que su vista se acostumbrara a la oscuridad reinante. Se levantó del suelo lentamente y comenzó a caminar a tientas buscando algo con qué alumbrarse. Divisó una escalera y fue hacia allí, de seguro —pensó—podría ser una salida al exterior. Cuando subía lentamente tomándose de la baranda escuchó una voz que le pedía que lo esperara. Era Tomás. Aguardó a que llegara a su lado y juntos subieron y retiraron la tapa de madera que ocultaba el laboratorio. Salieron y se toparon con gran cantidad de escombros que estaban esparcidos por todo el lugar. Pocos minutos después lograron salir a la calle. No sabían aún en que tiempo se encontraban aunque Tomás reconoció el laboratorio de Guarino y sabía perfectamente que era ese lugar al que muchas veces concurrió en los últimos tiempos. Ella no le dirigía la palabra y solo acataba su pedido para que fueran por tal o cual lugar. Pronto el joven Líder se dio cuenta de que se encontraban en la misma época que antes y eso lo tranquilizó un poco ya que sabía que los suyos ahora dominaban Buenos Aires. Entonces, y al ver a la primera guardia de soldados se dirigió hacia allí y les habló a dos uniformados que montaban guardia en una esquina.

— Soy el Líder —les dijo— Necesito que me trasladen a mi y a mi mujer a la comandancia

Los soldados sorprendidos lo observaban incrédulos pero llegó un oficial a cargo y les dio una orden



— Detengan a este hombre. Es el prófugo que buscamos.

Tomás fue esposado y llevado inmediatamente a la comandancia de los Leales. Paula intentó en vano explicarles a los uniformados que su marido era inocente pero sus dichos no fueron escuchados y también la trasladaron pero directamente a la intendencia. Allí esperaba Talamonti quién fue informado de la situación y esperaba aclarar todo de una vez por todas. La joven fue conducida directamente a su despacho y el general la recibió amablemente.

— Paula, gracias a Dios te encuentras bien
— ¿Por qué han detenido a Tomás? Él es inocente—afirmó la chica.
— Hay pruebas suficientes que lo involucran directamente con el atentado a tu padre
— ¡Fue un impostor!
— ¿Pero qué dices?
— Lo que escucha, este es un plan ideado por el tirano
— ¿Estás segura?
— Lo estoy. Lo vi con mis propios ojos. Es increíble el parecido que el asesino tiene con mi marido ¡Pero no es él!
— Me das una buena noticia entre tantas malas. Haré que lo liberen de inmediato
— ¿Cómo está mi padre?

El general se quedó callado. Las novedades sobre la salud del Líder eran muy desalentadoras.

— General, le hice una pregunta ¿Cómo está mi padre?
— Lamentablemente no hay esperanzas de que sobreviva. Se encuentra en un coma irreversible

Paula rompió en llanto, se tomó la cabeza y luego golpeó una pared con sus puños una y otra vez. El comandante intentó calmarla pero ella estaba desencajada por el dolor.

— ¡Mi padre no!—gritó—¡ Mi padre no!

Talamonti envió a uno de los soldados a buscar un médico. La situación que vivía la joven ameritaba para que el profesional le aplicara un calmante. Un rato después Paula fue trasladada a la habitación que ocupaba el día que la secuestraron, la recostaron en su cama y se quedó profundamente dormida. 

Tomás fue liberado inmediatamente y se reunió con Talamonti. El general tenía un gran sentimiento de culpa por haber dudado de quién quería como a su propio hijo.

— Te pido disculpas joven amigo pero las circunstancias me llevaron a creer que eras el responsable de esto
— ¿Qué podía hacer? Las pruebas estaban en mi contra y ese doble era idéntico a mí salvo por algunos detalles.
— ¿Sabes ya lo de Jeremías?
— Si, es un gran dolor, pero debemos seguir adelante. Quiero la cabeza de Álvaro en mis manos
— ¿Qué propones?
— Un ataque masivo a la Patagónica


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