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EL LÍDER 2 CAPÍTULO 35

Uno de los comandantes se dirigió al despacho de Jeremías. Momentos antes lo había llamado por teléfono y le extraño que no lo atendiera ya que el viejo Líder le informó que estaría allí toda la tarde trabajando. Al verlo, los guardias se pusieron firmes e inmediatamente realizaron la correspondiente venia en señal de saludo a un superior.

— Soldado —interrogó a uno de ellos— ¿Sabe a dónde fue Jeremías?
— Está en su despacho señor y pidió que no se lo moleste
— Ingresaré
— Señor. No puede hacerlo tengo ordenes del Líder y…
— Hágase a un lado. Es una nueva orden.

Al ingresar, el comandante vio a Jeremías tirado en el piso y corrió hacia él desesperado, se agachó y le tomó el pulso dándose cuenta de que aún estaba vivo. Gritó pidiendo ayuda a los guardias y tomó el teléfono para pedir una ambulancia. Minutos después el viejo Líder fue trasladado al hospital más cercano. Al instante la noticia corrió por todo el territorio como reguero de pólvora y miles de personas se acercaron al lugar donde estaba internado para rezar por él. Los medios comenzaron a hacerse eco de los rumores que hablaban de que el mismísimo Tomás Andreoli. El Líder, había sido el responsable del atentado aunque las autoridades lo negaron sistemáticamente para no alarmar más a la población ni agitarlos en contra de quién era su principal guía. La cúpula de Generales del O.P.L.U. se reunió para definir los pasos a seguir y decidió convocar al comandante Rodrigo Talamonti para que se hiciese cargo de la provincia recuperada e iniciar una investigación buscando hallar al agresor. Este dejó al mando del ejército que luchaba en la Patagónica a su par Blásquez
y emprendió su viaje a Buenos Aires.

El tirano recibió la noticia del atentado con gran beneplácito aunque aún Jeremías Díaz continuaba con vida. Sin embargo se le abrían nuevos caminos a sus planes ya que el principal sospechoso era nada más y nada menos que Tomás Andreoli. Esto por lógica significaba que un golpe certero y de gran magnitud había causado más daño de lo esperado y de esa manera su camino a la victoria final comenzaba a despejarse. En su despacho se desarrolaba una nueva reunión con el joven Líder a quién interiorizó rápidamente de las últimas novedades surgidas. Tomás visiblemente apesadumbrado al enterarse de la suerte corrida por su suegro se derrumbó y fue peor cuando Älvaro le informó también que su esposa estaba en manos del impostor y que pronto estaría en sus manos.

— Pués bien—dijo el tirano—He ganado y sin quererlo te convertí en un traidor a los tuyos. Salió todo mejor de lo planeado ¿No crees?


El joven Líder no respondió. Mantenía su cabeza gacha.

— ¡Vamos, animate, pronto verás a tu esposa!—le comentó irónicamente.
— Vete al diablo
— Soy el diablo


Al llegar a Buenos Aires Talamonti se dirigió directamente al hospital para visitar al viejo Líder. Aún no podía creer que Tomás fuera el responsable del atentado pero todos los indicios y testimonios recogidos lo inculpaban directamente con el hecho.
Jeremías estaba en terapia intensiva y su estado era desesperante. Los médicos que lo atendían daban muy pocas esperanzas de que pudiese reponerse. Enterado de esto el general salió del nosocomio rumbo a la comandancia de los ejércitos del O.P.L.U. y se puso inmediátamente al frente de sus fuerzas. Poco después ordenó emitir un comunicado en el que se pedía la captura de Tomás Andreoli y dio instrucciones para reiniciar las acciones bélicas contra las provincias dominadas por el tirano. Diez mil hombres partieron rumbo a la Montatañosa y otros tantos a la Patagónica. Él por su parte inició personalmente una investigación tratando de encontrar explicaciones donde no las había. Es así que citó a los dos soldados encargados de la custodia del viejo Líder. Al comandante que lo encontró herido y a todos aquellos que vieron a Tomás en las últimas veinticuatro horas para tratar de atar cabos de sus últimos movimientos. Se enteró entonces de que el Joven Líder había huido acompañado por Paula y eso no le cerró del todo ya que o bien ella no estaba enterada de que su padre estaba herido o fue obligada por él a acompañarlo. Todo era muy extraño.

El impostor llegó a la Capital de la Patagónica llevando consigo a Paula y se dirigió directamente al palacio gubernamental donde esperaba el tirano. Al ingresar al despacho Paula vió a su verdadero esposo maniatado en una silla y no podía creer lo que estaba ocurriendo, Álvaro recibió a los recién llegados con una amplia sonrisa.

— ¡Por fín! —expresó exultante— Ahora si tengo todas las piezas del rompecabezas. Buen trabajo Eugenio aunque has cometido un error, Jeremías aún sigue vivo
— Disculpe excelencia. Pensé que el tipo estaba muerto, el disparo fue muy certero e impactó en su cabeza

Paula se enteró en ese preciso momento de lo sucedido y estalló de furia.

— ¡Asesino! —le gritó al impostor—
— Cálmate niña o correrás su misma suerte —le sugirió el tirano.
— ¡Eres una basura y las pagarás! —amenazó ella.
— Eugenio —le dijo Álvaro al asesino— Siéntala al lado de su marido y átala, ya veré que hago con ellos.

La joven intentó resistirse pero fue en vano, poco después se encontraba en la misma posición que Tomás quién le susurró algo en el oído.

— Te prometo que saldremos de esto
— Tú eres el responsable por haberte ido de nuestro lado—contestó ella enfurecida.

Pedro el sabio observaba junto al joven Guarino toda la escena en el monitor del Trasladador del tiempo. Se mantuvo en silencio varios minutos y luego le dio una orden a su ayudante.

— Prepara todo, intentaremos rescatarlos
— Pero profesor aún faltan ajustar ciertos detalles y aunque lográramos hacerlo nunca intentamos utilizar el equipo trasladando dos personas a la vez
— ¡Hazlo Juan Manuel!
— Si señor


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