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EL LÍDER 2 CAPÍTULO 34

El verdadero Líder continuaba en el despacho del tirano siendo hostigado por éste para que le revele el secreto del Trasladador del tiempo. Álvaro sabía perfectamente que la única manera de lograrlo era presionarlo con algo o alguien que le interesara de tal forma que no le dejaría más opción que hablar. De pronto se le ocurrió algo que podría funcionar y realizó un llamado a Buenos Aires. El impostor quién se aprestaba ya a cometer el asesinato de Jeremías atendió el teléfono.

— Escúchame bien lo que voy a pedirte—Dijo el tirano.
— Si señor
— ¿Sabes si Paula Díaz se encuentra allí?
— Efectivamente y eso me está trayendo problemas, no conviene que me vea, temo que descubra que no soy su esposo

— Lo sé, pero tendrás que realizar una tarea adicional a la que te he encomendado
— Lo escucho
— Secuéstrala y tráela aquí
— Pero señor
— Es una orden
— Si señor

Luego de su reunión en el partido Laborista Peterson acudió al palacio de Buckingham para entrevistarse con el Rey, éste visiblemente molesto lo recibió de mala manera.

— Era hora Primer ministro
— Majestad, disculpe que no haya concurrido antes es que tuve cuestiones importantes que resolver
— Déjese de estupideces Peterson, ¿Ha liberado a Sheppard como le pedí?
— Pues debo decirle que no lo he hecho
— Se lo advertí, está caminando por la cornisa y pronto deberá dar explicaciones ante la justicia
— Lo haré si eso sucede
— No le quepan dudas que así será por lo pronto hemos terminado, puede retirarse
Peterson se inclinó y caminó hacia la puerta sin dar la espalda al Monarca según el protocolo. Al salir con el auto oficial una gran cantidad de periodistas aguardaban en la puerta del palacio expectantes para conseguir sus declaraciones pero él hizo caso omiso y le ordenó a su chofer que siguiera su camino.

Pedro el sabio y el joven Guarino observaban por los monitores del Trasladador del tiempo como se desarrollaba la escena en el despacho del tirano. Intentaban recuperar a Tomás pero aún no podían hacerlo ya que la máquina no respondía a las indicaciones.

— Profesor —expresó Guarino—los parámetros y coordenadas no están dando el resultado esperado
— Sigue intentando mi joven amigo de ello depende la vida de Tomás


El impostor se dirigió hacia el despacho de Jeremías. Momentos antes lo llamó pidiéndole una reunión a solas que el viejo Líder aceptó de inmediato sin sospechar que podrían ser sus últimos momentos de vida. Poco después el falso Tomás se dirigió hacia allí. Al verlo, los dos guardias apostados en el lugar realizaron una venia en señal de respeto hacia su Líder a la que él respondió para luego golpear la puerta.

— Adelante—Se escuchó desde el interior del recinto.

El asesino ingresó y echó un vistazo a su alrededor. Jeremías lo miraba extrañado.

— ¿Qué sucede muchacho?—Le preguntó.
— ¿Estamos solos?
— Sí, lo estamos
— ¿Y Paula?
— En su habitación. ¿Pero que te ocurre? Estás muy raro
El falso Tomás sacó su arma con silenciador y apuntó. Jeremías sorprendido no atinó ni a moverse. El primer disparo pegó en su hombro derecho el segundo fue más certero y dio en su cabeza. Poco después se desplomó. El asesino ocultó el arma en su espalda debajo de su camisa y salió del despacho. Miró a los guardias y les dio una orden.

— Jeremías— les dijo—No quiere que lo interrumpan por una hora así que en ese lapso no dejen pasar a nadie a su despacho
— ¡Si señor! —contestaron los dos al unísono.

El asesino fue ahora a la habitación de Paula que se ubicaba a unos treinta metros del despacho del viejo Líder. Llegó unos instantes después y golpeó la puerta. Ella salió y al verlo se le colgó del cuello besándolo una y otra vez con enorme pasión y alegría. Él ni se movió de su lugar y ni siquiera contestó a ninguna de las muestras de cariño que ella le prodigaba. Paula, sorprendida, se apartó un momento extrañada por esa fría reacción y lo increpó.

— ¿Pero qué te sucede? —Le preguntó ofuscada — ¿Hace meses que no te veo y respondes así?
— Perdóname, es que aún estoy un tanto conmovido y me cuesta aceptar que todo ha pasado y puedo estar contigo nuevamente.

Dicho esto el asesino la tomó en sus brazos y la besó en los labios desapasionadamente. Ella volvió a separarse bruscamente.


— ¿Pero qué te pasa? —la increpó ahora él— ¿No querías esto?
— Estás muy raro amnésico—contestó ella con un término cariñoso e íntimo que utilizaba desde que se conocieron en aquel tren—
— ¿Por qué me llamas así? —preguntó el falso Líder no dándose cuenta de que acababa de cometer un error irremediable.
— ¿Qué por qué te llamo así? ¿Olvidaste donde nació lo nuestro?

El asesino no respondió, sacó rápidamente su arma y apoyó el caño en su frente.

— Basta de esta mierda querida—le dijo—vendrás conmigo
— ¿Te volviste loco? —preguntó ella incrédula por lo que estaba viviendo.
— No soy quién crees. Solo cumplo ordenes y si quieres ver a tu marido con vida guardarás silencio y me acompañarás

Aún aturdida por la situación, Paula decidió seguir a su falso marido. Caminaron hasta la salida y al llegar éste le ordenó a un guardia que le trajeran un auto. Sin sospechar, el oficial fue y volvió con el vehículo.

— Gracias soldado
— A sus órdenes señor

El asesino le indicó a Paula que subiera al auto, él hizo lo propio. Posó fuertemente sus dos manos en el volante y apretó el acelerador dirigiéndose hacia la avenida principal para luego tomar la ruta que lo regresaría a la Patagónica.
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