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EL LIDER 2 CAPÍTULO 25

Luego de evitar varios pasos fronterizos, Cecilia Kent pudo finalmente llegar al sur de Brasil y desde allí realizó un llamado a Jeremías Díaz.

   Usted no me conoce —le dijo— Pero tengo noticias de su país
   La escucho
   El general Talamonti me ha entregado un mensaje para usted. Necesito verlo con suma urgencia
   La espero aquí en Rio de Janeiro
   Estaré llegando esta misma tarde

Pasaron cuatro meses de arduo trabajo por parte de Pedro el sabio y el joven Guarino y una luz de esperanza comenzó a vislumbrarse. Si bien no hubo noticias de la misiva enviada por Tomás al futuro  los ensayos realizados en el Trasladador del tiempo empezaban a dar lentamente sus frutos. Una tarde enviaron un ratón de laboratorio pocas horas al futuro y pudieron regresarlo con éxito. Esto era un adelanto descomunal ya que pudieron controlar el tiempo y el espacio sin inconvenientes aunque deberían aún probarlo con una extensión mayor, primero en días y luego en años para poder verificar su correcto funcionamiento. El anciano llamó al Líder para comentarle detalladamente de estos ensayos.

   Hemos logrado controlar el tiempo y eso es un avance descomunal—comentó Pedro el sabio ilusionado—
   Eso me alegra mucho profesor pero ¿En qué me beneficia?
   Quizás podamos acortar esos siete u ocho meses de ensayos antes de poder probarlo en humanos
   Quiero pedirle un favor personal —dijo el Líder—
   Díme
   Pruébelo conmigo ahora
   Pero muchacho eso sería poner en riesgo tu vida y…
   Hágalo por favor

Cecilia Kent ingresó rápidamente a la sede del O.P.L.U en Río de Janeiro y de inmediato fue acompañada a la oficina asignada por el organismo a Jeremías Diaz.

   Un placer conocerlo Señor—saludó ella sonriendo—Soy una gran admiradora suya
   Gracias—contestó el Líder—tome asiento

Cecilia era una mujer de unos cuarenta años, muy atractiva y de gran carácter. Desde muy joven luchó siempre por los derechos civiles y en una revuelta similar a la revolución que se produjo en Argentina en los años quince se alistó en el ejército rebelde que fue apoyado por Jeremías Diaz logrando desbancar a un gobierno charrúa corrupto e instalando en aquél país una nueva democracia libre de esas lacras.Cecilia fue una combatiente feroz y tenaz recibiendo varias medallas al valor y siendo ascendida primero a teniente y luego a Coronel. Tras la invasión de los británicos fue enviada de incógnito como periodista corresponsal para contactarse con la milicia encabezada por Valentín Pardo pero al enterarse de su captura produjo un escándalo en aquella conferencia de prensa para que la detuvieran y de esa forma poder verlo en la tierra del olvido. Por suerte Pasini los liberó a todos y fue conducida junto a los otros a la ciudad subterránea.Fue por eso que ella se encontraba en la reunión de los comandantes Leales al Líder. Cecilia le contó detalladamente lo hablado esa noche y los planes que tenían sus hombres aunque necesitaban del apoyo del O.P.L.U. para actuar.

— Sabiendo que nuestras fuerzas aún están intactas—comentó Jeremías— Tengo nuevamente esperanzas´de poder derrotar al tirano. Me reuniré inmediatamente con el Concejo para definir como daremos apoyo a nuestros hombres. Le pido que una vez decidido esto le lleve un mensaje a Talamonti.
— Asi lo haré
— Muy bien. Daré instrucciones para que le den un lugar donde pueda descansar
— Se lo agradezco
— Antes de irse quiero que sepa…
— No hace falta que diga nada señor es un honor para mí       —se anticipó ella emocionada—



Tomás se sentó en el circulo a esperar que el joven Guarino y Pedro el sabio cargara los datos al Trasladador del tiempo. Poco después el anciano se le acercó para inyectar en su brazo la sustancia que permitiría el traslado al futuro. La idea era que si todo salía como esperaban el Líder regresaría al año estipulado y dentro del mismo laboratorio. Al despertar, el Líder encendió la linterna que había llevado y miró a su alrededor dándose cuenta de que se encontraba en el lugar correcto. Suspiró aliviado y se levantó enfocando la luz primero hacia el Trasladador del tiempo y luego a la escalera que llevaba a la salida. Todo parecía estar muy tranquilo. Se levantó y fue hacia ella. Comenzó a subir los escalones lentamente y al llegar vió la pequeña puerta de madera e intentó abrirla. No tuvo ninguna dificultad en hacerlo y poco después ya estaba al aire libre. Echó un vistazo y divisó a un grupo de cuatro guardias que estaban apostados a unos diez metros de dónde él se encontraba. Sacó su arma y tratando de no hacer ruido caminó hacia el lado contrario tratando de no ser descubierto. Se topó con varios escombros que le dificultaban el paso aunque pudo sortearlos sin problemas. Los guardias charlaban entre ellos mientras fumaban y tomaban de una botella que parecía ser una petaca. El frio era cortante y a esa hora de la madrugada se hacía sentir y mucho. Tomás finalmente llegó a la calle y echó un nuevo vistazo tratando de asegurarse de que la  la zona no estuviese rodeada de enemigos. Aún no sabía si todos esos soldados le eran fieles aunque sospechó de inmediato que desde el tiempo que se había ausentado algo serio había ocurrido ya que estos no parecían ser de los suyos. Y aunque lo fueran ¿Qué hacían allí en el viejo laboratorio de Guarino?. Dedujo al instante que nuevamente el país estaba en graves problemas por lo que decidió seguir en las sombras y tratar de indagar mas sobre el asunto. Se detuvo cuando divisó que dos camiones cargados de soldados británicos recorrían las calles. Evidentemente la amenaza de invasión se había cumplido y ahora ellos dominaban esa parte del territorio ¿O quizás todo? ¿Cómo saberlo?. La primera persona que vino a su cabeza fue su esposa Paula y rogó para que nada le hubiese pasado. Deseaba llamarla, pero eso alertaría al enemigo sobre su presencia y lo atraparían. Caminó ocultándose cada tanto para no ser descubierto. Las calles estaban minadas de soldados que vigilaban todo movimiento que les pareciese extraño. Al girar en una esquina se topó con un patrullero que se encontraba detenidoí y quiso retroceder pero no logró que uno de los oficiales advirtiera su presencia dándole la voz de alto. Tomás ensayó un escape a la carrera tratando de evitarlos pero los policías subieron rápidamente al auto, encendieron la sirena y comenzaron a perseguirlo. El joven Líder se escudó entonces en un gran árbol, Sacó el arma y realizó varios disparos que fueron contestados por los uniformados. Uno de ellos pidió por la radio refuerzos y en pocos minutos quedó totalmente rodeado. Acorralado, decidió entregarse pero antes pulsó uno de los botones del sensor que Pedro el sabio le había dado para indicarle al científico si todo estaba bien o mal y les gritó a los policías.

   ¡No disparen más me rindo!
   Tire su arma lejos y salga con las manos en la nuca —le ordenó uno de los uniformados

Tomás hizo lo que le pedían y quedó al descubierto.

   Ahora camine lentamente hacia nosotros y no intente nada

En el laboratorio de Guarino sonó una alarma y encendiéndose una luz roja. Desesperado Pedro el sabio miró a su asistente y le dio una indicación.

   ¡Rápido Juan Manuel traigámoslo de regreso!
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