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LA BECA





Pili era una humilde chica que vivía en un pueblito muy recóndito del interior del pais. Todos los días recorría a pie los veinte kilómetros que la separaban de su escuela a la que concurría puntualmente salvo cuando arreciaban las tormentas que le impedían moverse de su hogar ya que toda la zona se anegaba. Recién varios días después de los temporales y cuando el camino se volvía nuevamente apto para trasladarse ella podía volver a la escuela.

Al terminar el séptimo grado a los catorce años sus deseos de comenzar el secundario se vieron truncados debido a que solo existía un colegio y éste se encontraba ubicado a más de 100 km de su localidad. 

Resignada por esta situación, dejó de lado su sueño y comenzó a enseñarles a los niños de su pueblo lo que ella había aprendido con tantos esfuerzos ya que estos no tenían la chance de estudiar debido a que trabajaban con sus padres en el campo de sol a sol.

Al cumplir los dieciocho años, Pili se había convertido en una maestra hecha y derecha pero sin título pero su empeño por ayudar a los demás era tan grande que muchas veces tuvo que pedir a cambio de sus lecciones un pedazo de pan para alimentarse ya que su tarea le demandaba muchas horas y no podía trabajar de otra cosa porque tendría que abandonar a sus alumnos a quiénes visitaba muchas veces en sus lugares de tareas para que no perdieran sus valiosos progresos. 

Cierto día, un grupo de personas que viajaban por la ruta cercana al hogar de Pili sufrieron un accidente automovilístico. Al estar muy lejos del único pueblo que tenía un hospital, los lugareños trasladaron a los cuatro heridos a sus casas para darles atención mientras enviaban a caballo a dos paisanos para que alertaran del accidente a las autoridades. 

Sin médico ni enfermeras, las parteras se hicieron cargo de realizar las primeras curaciones. Una de ellas era la madre de Pili que hizo llevar a uno de los heridos a su casa. Éste señor resultó ser un importante funcionario de educación de la provincia que se dirigía a tomar su cargo como Ministro y luego de dos días en los que la alta fiebre y una infección jaquearon su salud, éste comenzó a recuperarse gracias a los cuidados de la partera. 

Al volver en sí, el hombre le agradeció a la mujer por salvarle la vida y le preguntó que necesitaba.

- Nada —contestó ella—. Solo quiero que descanse

Pili que se encontraba en la misma habitación escuchando la conversación observaba la escena en silencio. 

Al pasar los días, el funcionario fue mejorando lentamente y poco después llegaron dos médicos y una ambulancia para trasladarlos al hospital del pueblo más cercano. Antes de marcharse el hombre le agradeció por enésima vez a su salvadora y le dio una tarjeta personal para que fuera a visitarlo al ministerio. Sun intención era sacarla a ella y a su familia de su extrema pobreza pero la mujer se negó rotundamente.

— Este es mi lugar —le dijo—. No tiene que agradecerme nada
— Señora —dijo el hombre—. Déjeme al menos hacer algo por usted

La partera se quedó en silencio unos momentos y luego retomó el diálogo.

— ¿Usted quiere hacer algo por mí?. Pues bien, mi hija enseña aquí a todos los los niños de la zona
— ¿Es maestra? -preguntó el funcionario.
— Solo me terminó el séptimo grado
— ¿Y por qué no siguió el secundario?

Y ante su pregunta estúpida él mismo se contestó.

— Si ya sé. No hace falta que me conteste
— Ayúdela a ella por favor
— Lo haré, se lo prometo


El tiempo pasó y no se supo más nada del Ministro. Pili y su madre pensaron entonces que todo había sido una falsa promesa del desagradecido funcionario para quedar bien en aquel momento y nada más. Pero un día llegó un auto y de él se bajó una mujer que las saludó amablemnete.

— Buenos días —dijo—. Busco a la Señorita Tomasa Cardozo
— ¿Quién la busca? —preguntó la madre de Pili.
— Vengo de parte del Ministro de Educación de la provincia
— Usted dirá entonces

La mujer le extendió un sobre con documentación.

— El señor Ministro le envía esta beca para los estudios completos de su hija incluyendo la universidad y un puesto estable en la intendencia para costear su estadía en la capital provincial.

Pili no podía creer lo que estaba sucediendo y abrazó a su madre llorando. Pocos días después se marchó. 

Pasaron varios años y la chica regresó a su hogar. La acompañaban más de veinte camiones repletos de material y cien obreros para trabajar. 

Instalaron luz, gas y agua potable y se construyeron más de cincuenta viviendas. Ah y por supuesto, dos escuelas. Pili era la nueva Ministro de Educación y bajo su gestión se construyeron más de sesenta de ellas en toda la provincia.

Muchas chicas como Pili habitan nuestro suelo. Que no solo por agradecimiento o lástima se las ayude si no que se haga una verdadera política de estado para que todos puedan alcanzar salud, bienestar y educación. De esa manera y de una vez por todas quizás comencemos a convertirnos en un país en serio…




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